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El Puente. León Molina

La marca España

La marca España

En los últimos tiempos se ha puesto de moda la expresión “la marca España”. Es una más de las tantas expresiones que provienen de lo mercantil y se extienden a otros muchos campos. Como cuando hablamos de “venderle” algo a alguien en el sentido de convencerlo de algo y curiosamente con un fondo significativo de engaño. Hablamos de estar “hipotecados” por algo que dijimos o a lo que nos comprometimos, que algo “nos pasa factura”,  y otro sinfín de expresiones similares.  Todo esto, me parece a mí, es un reflejo de la enorme mercantilización en que está inmersa nuestra vida. Y “la marca España”  es un fruto más de esa situación, un fruto enorme que abarca ya a la propia ideal global del país en que vivimos. El país concebido como una gama de productos que están a la venta. Por más que la expresión sea un poco cursi, un poco pedante, un poco fea, no deja de ser apropiada en lo que tiene de quitarse la careta en un mercado global donde todo se compra y se vende. El país con todo lo tangible y lo intangible que contiene puesto a la venta. Deberíamos reflexionar entonces sobre cuáles son esos productos que se pretenden valorizar y vender dentro de esa pretendida marca. Y mucho me temo que cuando las ventas se produzcan y las mercancías vayan siendo sacadas de las estanterías en que aguardan, sentiremos que trozos de nosotros mismos nos son arrancados.  

Porque si algo es España, o cualquier otro país, es sobre todo la suma de las personas que viven aquí. Y yo me resisto a ser mercancía muda, ciega y sorda que reposa en un almacén. Por supuesto estoy exagerando, pero no tanto como para que no haya algún grano de verdad en esto que digo.  Si convertimos a un país en un logotipo puede que esto mejore los negocios de este país. Pero sucede que los países son algo más que los negocios que puedan llegar a generar, que el dinero que sean capaces de hacer correr, que la riqueza que puedan ambicionar o conseguir. Una marca procura la facilidad en la comunicación conteniendo un puñado de conceptos en una palabra. Y la múltiple realidad restante queda escondida y olvidada en esas cuatro cosas que comunica. Y esa múltiple realidad olvidada somos usted y yo y nuestra multiforme capacidad de ser humanos. Y sé que exagero, sí. Sí, pero. 

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