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El Puente. León Molina

Lágrimas y venas

Lágrimas y venas

La pasada semana ha sido la semana de Bárcenas con todo lo que conlleva. Pero hubo otro acontecimiento que si bien es de menor calado por supuesto que el primero, a mí me causó bastante impacto. Me refiero a esa presentación lacrimógena del Fondo de viviendas sociales del gobierno. Llevo mucho tiempo, como tanta gente,  sintiendo golpes de indignación por la novedades que cada día nos ofrece la información política. Pero la imagen, las palabras y la puesta en escena de Soraya mezcló la indignación con la repulsión y la estupefacción. Si de continuo nos tratan como a peleles, allí estaba la vice tratándonos ahora también como a imbéciles. Allí estaba aparentando sujetar sus lágrimas por un logro magnífico que según ella “dará a la gente una nueva oportunidad”.  La imagen que vino a mi cabeza fue la de alguien que cada vez que te ve te da un puñetazo en la boca y que un día con lágrimas en los ojos y aspecto compungido te ofrece tiritas a precio rebajado y te dice que debes comprender el esfuerzo que hace y que debes reconocer su magnanimidad por su acción, que por cierto la lleva hasta el llanto mismo. Esta pitagorina ambiciosa y bien mandada no sabe lo que es el pudor y tampoco debe tener una idea muy clara de lo que es la decencia. Porque esas viviendas son viviendas cerradas, porque el plan es nuevo negocio para los bancos propietarios de casas vacías, porque los precios de esos alquileres no están tan lejos de los precios a los que ha caído el mercado, porque se ha creado un banco malo malísimo que ya está limpiándole los bajos a los bancos  malos, porque no se han dado pasos para buscar e implementar las soluciones anteriores al desahucio, porque buena parte de la causa de que esas personas hayan llegado el desahucio está en los recortes indiscriminados que son una ligera brisa para los más poderosos y un huracán para los más débiles, porque el esfuerzo de un gobierno, es el esfuerzo de los ciudadanos, dinero que se ha recortado previamente a esos ciudadanos para dárselo ahora con gesto compungido de caritativa señorona. Quizás se le salten las lágrimas de emoción repartiendo el aguinaldo entre los imbéciles del cortijo. Pero a los imbéciles lo que se nos saltan no son las lágrimas, sino las venas por la insultante comedia.

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