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El Puente. León Molina

 

 

 

 

YETAS EN EL CORAZÓN

 

 

 

 

 

 

Regreso al tajo. Pero con el sentido de la palabra “vacaciones” bien entendido. Verán:

En el último confín de la provincia de Albacete, en un territorio que no es camino de ninguna parte, existe una aldea de antigua belleza llamada Yetas. Sus casas se derraman por la ladera del monte buscando en el fondo el Arroyo de la Zorrera a través de primorosos huertos como el que cuida el amigo Gregorio. Se trata posiblemente de los entornos mejor conservados de nuestra provincia. En los pasados días pudimos ver bandadas de cientos de halcones en su peregrinar buscando el valle del Guadalquivir , vimos el secreto encanto de la cabra montés en el desfiladero de la presa de La Toma, nos deleitamos observando el vuelo de águilas y buitres sobre el valle y vimos las zorras a la noche rondar la casa. A un paso de la población, disfrutamos de los que puede que sean los paisajes más impresionantes de la provincia; la vista del valle del río Segura desde la Sierra de Lagos con Yeste a un lado y Cazorla al fondo. Comer en Yetas es sentir la emoción de regresar a los tiempos de las comidas de verdad. Las migas con pimientos y chorizos que Maximina borda siempre con una sonrisa, el potaje de habichuelas con pantalones que María Elena hace sin darle importancia y que debería ser declarado plato de interés culinario nacional. Pero con todo, lo mejor lo obtuvimos de las gentes de Yetas. Noches de tertulia en la plaza entretenidos por ejemplo en dar con el origen de los motes. ¿Porqué Chicharra, Muelle, Suelen, Olayo, Escribao, Barba, Moro, Cañamazo...). Historias sencillas y divertidas. Inovidable la noche de buñuelos y chocolate en casa de Verónico y Medina con toda su familia. Aparecieron las guitarras y se fueron desgranando las malagueñas antiguas, los cantos de aguilanderos y hasta coplas y boleros (José Angel casi gasta la botella de anís y Rosa el cemento bailando y en las castañuelas noventa y dos años nos contemplaron en un perfecto compás). Las historias de caza de Angelito, “el terror de los jabalises” (qué jodío, por llamarle embustero, me dio con unos cuantos marranos en el morrete). Afecto recibido como fresco de verano de Manuel el herrero y la dulce Salud. La ayuda siempre dispuesta del bueno y servicial Olayo, la amistad de Loli, de Vanesa, de Ana, la chispa de Laura, la última niña de Yetas, que dice que vive muy bien allí, pero que a la Feria de Albacete tiene que venir. Y la amistad de Emilio y Maria Elena, responsables en buena medida de que esta aldea no muera; para todos tienen su hermosa casa rural de El Morrico. En fin, empiezo la temporada nuevo con Yetas en el corazón y, qué quieren que les diga; Benidorm pa quien lo quiera

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