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El Puente. León Molina

Ecos de Jaldún

Ecos de Jaldún

Ibn Jaldún (1332-1406) es considerado por muchos el padre de la historia moderna. Este político y estudioso hijo de una familia andalusí que permaneció en Sevilla y otras partes de Andalucía durante los siglos X al XIV,  vivió su mundo, el de la decadencia del Islam, en primer plano. Llevó a cabo misiones de tanto relieve como interceder personalmente  en favor del Reino de Granada ante Pedro I el Cruel o entrevistarse con Tamerlán cuando éste asediaba Damasco, empresas en las que  por cierto no tuvo mucho éxito. Fue perseguido y encarcelado y una vez dejó atrás su fracasada y paradójicamente prestigiosa actividad política y diplomática, se dedicó por entero al estudio. Para completar el retrato de este hombre tan notable, diremos que fue pionero en el estudio de conceptos económicos como el precio, beneficio, formación del capital y sobre todo de las leyes del mercado siendo el primero que aboga por la libre competencia. De su experiencia directa en la alta política de su tiempo, de sus amplios conocimientos filosóficos y de su talento procede su nueva visión de la historia a la que se dedicó por entero durante las últimas décadas de su vida. Ibn Jaldún fue quien por primera vez propuso que el conocimiento del pasado no debía detenerse en el relato de los hechos (lo que él llamaba visión externa), sino que debía añadir un razonamiento lógico de los mismos y trazar una interpretación con vocación de futuro (visión interna). Y todo ello debía ser estudiado no acerca de los individuos y sus peripecias, sino desde el punto de vista de las civilizaciones que son para él el auténtico agente de la historia. A todo ello se añade la exigencia del rigor en la comprobación de los hechos relatados y la separación de las interpretaciones de cualquier elemento religioso. 

Deberíamos volver atrás para recordar que estamos hablando de un árabe musulmán andalusí que vivió en el S. XIV y tras ello pensar en nuestro mundo, sus civilizaciones y las relaciones entre ellas, así como las relaciones de esas civilizaciones con el planeta que habitamos. Podríamos así  hacer el juego o ejercicio de pensar qué dirán los historiadores futuros, con el lejano aliento de Jaldún, de nuestro tiempo.  ¿Nos incluirán en un período global de barbarie antigua?, ¿habremos sido un sueño nuevamente fracasado?, ¿habremos sido los destructores del planeta?, ¿algo positivo poco previsible?. En cualquier caso, según sentencia de Jaldún, los individuos, usted y yo, seremos un número en los datos demógraficos. No habremos sido nada.
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