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El Puente. León Molina

Encuentros con Ciberdios

Encuentros con Ciberdios Hace unos días llamé al teléfono de atención al cliente de mi compañía de acceso a internet para dar parte de una avería con Internet. Después de entenderme a duras penas con la máquina parlante que me contestó conseguí que apareciera al otro lado del cable un ser humano. Me las prometía muy felices – este es mi territorio, pensé, con los seres humanos sí me hago entender -. La persona que me atendió tenía un marcado acento latinoamericano que me dificultaba un tanto la comprensión, pero bueno, con buena voluntad pude ir comprendiendo lo que me pedía, que no era otra cosa que los mismos datos que ya le había dado a la maquinita imbécil. Así se lo dije pero por lo visto hay algo que se llama “sistema” que es omnipotente, marca las reglas del proceder y además es omnisciente, una vez que se le ha dicho todo lo que tiene que saber, (¿no te jode?). O sea, tienen a Ciberdios metido en los circuitos. De modo que repetí toda la información, que se ve que la primera vez no le vale. Pero con el DNI de mi señora pinché. Yo no me sé de memoria ni la fecha en que me casé (joer, vaya ejemplos que pongo). Ciberdios decía que tararí. De nada sirvieron mis ruegos y explicaciones. Volví a intentarlo. Repetí todos los pasos, llegué triunfante de nuevo hasta un súbdito de Ciberdios latinoamericano (¿tienen la central en Sudamérica?) que me interrogó despiadadamente con las más curiosas e intrincadas preguntas hasta conseguir hacerme sentir un completo estúpido y dudar si hablaba con un sudamericano o con un chino.  Después de la tortura me dijo con su antigua cortesía americana que no tenía ni puta idea de lo que sucedía  y que pasaba nota al servicio técnico (el cual está sentado a la derecha de Ciberdios). Como no daban señales de vida, con temor llamé de nuevo para ver qué pasaba. Repetí todas las operaciones; interrogatorio de Ciberdios y repetición a ser humano. Pero esta vez se superaron. El ser humano en cuestión tenía acento boliviano, pero de tierra adentro, del mismo Bolivia, vamos. Pero es que el muy jodío era tartamudo. La conversación fue para haberla grabado. Dije como veinte veces “discúlpeme, pero no le entiendo” con lo cual me sentía ya bastante incómodo, más por él que por mí. En fin, que lo de la integración e igualdad de oportunidades está muy bien, pero un tartamudo para un servicio de atención telefónica no sé yo... Pero con grandes esfuerzos llegamos al final, que fue la promesa de informar al servicio técnico. Cuyo advenimiento sigo esperando mientras maldigo alegremente a Ciberdios y a todos sus lunáticos creyentes. 
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