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El Puente. León Molina

La muerte dentro

La muerte dentro La muerte, durante toda la historia de la humanidad, ha lanzado al ser humano por los barrancos de la metafísica, allí donde las grandes preguntas sin solución ruedan a veces como íntimos y colosales desprendimientos. Pero esta muerte es una muerte ideal, una muerte teórica lejana al tránsito que se produce cuando se colapsa el cuerpo que habitamos y la materia se desorganiza y pasa a un nuevo estado. Este tránsito, por desconocido, nos aterra, amarga, o desconsuela. También hay muchas personas a las que curiosamente les ilusiona, porque en un regate a su propia inteligencia han decidido que es la puerta de acceso a un mundo maravilloso, a un dulce y perfecto aburrimiento, donde de algún modo seguirán viviendo. Han convertido la muerte en una especie de agujero negro controlado por el que saldrán a un prado celeste donde un pastor bonachón les va a echar de comer con una sonrisa en los labios. En cualquier caso, sólo conocemos de la muerte nuestras propias ideas acerca de ella. Esto es así salvo en un caso; la muerte de los otros. Tenemos la experiencia de la muerte de los otros, aunque sólo sea, digamos, la piel, el envoltorio de esa experiencia. Nos conmueve ver en los documentales el comportamiento de los elefantes ante la muerte; mueven con la pata el cadáver del familiar, lo huelen, vuelven a ese lugar, parece que lloran, se diría que quieren comprender. Nos conmueve porque es un comportamiento muy humano; hay consciencia de la muerte del otro como pérdida, como vacío que anuncia nuestra propia muerte. Nuestra relación con la muerte en suma nos perturba porque nos enfrenta a lo que no puede ser conocido. Pero hay un caso distinto, que es cuando la muerte entra poco a poco en nuestra vida, cuando está en nuestro cuerpo haciendo su trabajo maltratándonos y arruinándonos. El enfermo irreversible está a la vez vivo y muerto. Él es el único que tiene, a diferencia del resto, alguna experiencia sobre la muerte. Él la conoce, la ha visto, la lleva dentro. Son los únicos muertos vivos. Esta vida muerta, esta muerte viva, acarrea a veces a quien la soporta grandes sufrimientos, dolores físicos y dolores espirituales. A veces tan insoportables que desean acabar con su consciencia definitivamente. Son como un animal malherido que agoniza mordido por el sufrimiento. La única diferencia con el ser humano es que éste puede desear el tiro en la nuca. Y que muy probablemente habrá a su lado otro ser humano con una pistola en la mano, y que no querrá dárselo.
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