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El Puente. León Molina

Evo y Chaves

Evo y Chaves Muchos esperábamos a que Evo Morales diera la cara respecto a sus ideas y comportamiento político en virtud del voto de confianza que cualquier mandatario democráticamente elegido debe tener. Pues ya la ha dado. Al final de la pasada semana, se encerró en un cuartel con  la puerta cerrada a la oposición y aprobó el proyecto de nueva constitución del país. Sin oposición y en un cuartel. Muy democrático todo copiando el modo de actuar de su vecino Chaves y muy probablemente instruídos en este sentido por Fidel Castro, el cual se tiraba de los pelos cuando la revolución triunfante en Nicaragua convocó elecciones libres. Fidel llegó a llamar “tonto” a Daniel Ortega, diciéndole que una elecciones libres es dar innecesarias ventajas al enemigo, pues él considera enemigo mortal a cualquier oponente (y de hecho se ha cargado a unos cuantos). Vaya tres pies para un banco. Evo a la chita callando va siguiendo los pasos de Chaves. Y Chaves sueña con ser el nuevo Fidel de América. El hilo se rompe ya en su principio porque Fidel Castro es una persona culta, extremadamente inteligente y sin escrúpulos. Y de estas cualidades Chaves sólo comparte la última. Chaves es inculto y ceporro y tiene los días contados (es mi vaticinio particular). Fidel ya ha dejado tras de sí dos generaciones de cubanos hambrientos y que no conocen ni el más mínimo ni elemental ejercicio de la libertad. El daño que pueden hacer Chaves y Evo también puede ser muy grande. Los tres han llegado al poder apoyados por sus pueblos respectivos que estaban hartos de políticas corruptas, de supuestos demócratas que no eran más que chorizos defensores del estatu quo de la más sangrante injusticia social o directamente tiranuelos ladrones, como fue el caso de Batista en Cuba. Una parte de la izquierda ha dado y sigue dando bula a Chaves y Evo porque les resulta muy divertido que pongan verde al imperialismo de los USA y porque suponen en ellos actitudes revolucionarias que vendrán a subvertir las tremendas injusticias de sus países. Ante esto sólo cabe decir que ambos dirigentes no son demócratas y ni siquiera son de izquierdas y que sus proyectos político-económicos, de llevarse a cabo, no traerán a sus pueblos más que desorden, penurias y retroceso en la ya muy lastimadas libertadas con que contaban. No se puede ser consecuentemente de izquierdas más que con un respeto radical a la democracia y con un claro sentido libertario. Cosas que, desde sus primeras decisiones, Evo y Chaves demuestran que no les interesan en absoluto.

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