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El Puente. León Molina

Cultura gitana

Cultura gitana Si hay una parte de la cultura del pueblo español olvidada e ignorada, ésa es sin duda la llamada cultura gitana. Es como si no existiera. En estos tiempos de auténtico afán en la recuperación de la historia y las culturas tradicionales, el acervo cultural gitano queda completamente al margen, excepción hecha claro está de la música flamenca, que dicho sea de paso es un gran negocio para este país. Y no puede entenderse este fenómeno sino a la luz de la pervivencia  en nuestros días de un racismo por lo general negado, pero que actúa permanentemente en la sombra. En ocasiones, gente bienintencionada argumenta que en la cultura gitana existen muchas creencias y comportamientos que son inasumibles en una sociedad democrática que defiende la igualdad de derechos entre sexos, por ejemplo, o la preeminencia de la ley sobre la justicia tomado por propia mano. Esto es cierto. Pero no habrá modo de conseguir que los gitanos modifiquen parte de su cultura si la actitud hacia ellos es la del rechazo, y mucho menos si los negamos a ellos y a su historia. Por todo el país surgen pequeños grupos de gitanos jóvenes que luchan por la integración de su gente trabajando en el esfuerzo por conseguir mayor escolarización, por la promoción e independencia de la mujer gitana entre los suyos y en la sociedad en general, por conservar la memoria histórica de su pueblo. Su trabajo se desarrolla en medio del silencio y la soledad. Los apoyos que reciben suelen venir de gente particular comprometida y voluntariosa. De todo el resto lo mejor que reciben es desdén y desconfianza. En todas las culturas, y singularmente en la española, existen zonas negras y costumbres vergonzantes. Muchas de ellas han sido o están siendo superadas. Con algunas de las de los gitanos esto sucede con mucha más lentitud, cosa fácil de comprender si tenemos en cuenta que han vivido durante siglos y casi hasta hoy mismo fuera de esa sociedad. La historia en este sentido está aun viva. Yo he tenido ocasión de conocer personalmente a gitanos honrados y trabajadores, gente de bien, que sufrieron palizas y vejaciones de gente armada del estado por delitos tales como acampar al raso mientras trasladaban ganado, o por cortejar a una paya. No va a ser desde luego con la ignorancia y la negación con lo que se conseguirá la integración del pueblo gitano en la sociedad. Están ahí. Son españoles como usted y como yo. Son parte de nuestra historia, en la que podemos encontrar muchos más elementos vergonzosos que en la existencia del pueblo gitano entre nosotros.
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