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El Puente. León Molina

La caza

La caza El ser humano es una especie depredadora, aunque quizás habría que decir, para ser más exactos, matadora. Porque el ser humano mata para alimentarse, para obtener poder e incluso para saciar la necesidad de una diversión obscura. La inteligencia tiene estas cosas. En un principio era una bestia más entre las bestias y mataba para comer. Cazar con poco más que las manos le mantenía en los límites de la pura supervivencia. Después descubrió las armas y las fue sofisticando hasta llegar a las armas de fuego que son el punto de inflexión más importante en la historia de esta actividad. Con las armas de fuego se da el gran paso para que la caza llegue a convertirse en comercio y acumulación de riqueza y en actividad de ocio al alcance de cualquiera. Hasta tal punto, que en los países desarrollados, es considerada oficialmente como un deporte.  El hombre, bien alimentado, pasa el tiempo  y hace ejercicio al aire libre mientras se divierte matando animales. Yo no lo comprendo muy bien. Quiero decir que no entiendo lo divertido que puede haber en matar, sobre todo si la muerte de ese animal no me va a servir para quitarme el hambre, ni me va a reportar otro beneficio y sobre todo si la “lucha” con el animal es tan desigual cuando se practica con rifles, miras telescópicas y toda la parafernalia que permite cobrar piezas hasta a un maduro barrigón como yo sentado en una banqueta. No entiendo tampoco dónde se esconde el sentimiento, también humano, de compasión ante el animal ensangrentado, desprovisto de la magia de la vida para nada. Pero reconozco que hay cazadores que cobran algunas piezas que acaban en la cazuela y otra especie de cazadores que sólo ansían los trofeos. En cualquier caso, unos y otros deben estar sometidos a una estricta regulación que defienda la conservación del medio ambiente, porque la naturaleza es la casa de todos, no sólo la de los cazadores. Y el plomo se debe acabar radicalmente y las zonas protegidas deben crecer en la medida en que las especies y el medio se deteriora y los que se benefician directamente de la caza deben ser en buena medida los que sufraguen el costo de la protección de las especies que amenazan y se deberían limitar o eliminar las modalidades masivas y carniceras. La Federación de Caza y Asaja, deberían comprender que los tiempos cambian, buscar nuevos horizontes y caminos para la caza y no enrocarse en posiciones egoístas o insensatas. Todo esto suponiendo que es ese el interés que les mueve a manifestarse, que no es poco suponer.

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