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El Puente. León Molina

Televisión regional

Televisión regional

Veo muy poca televisión. El telediario del mediodía y casi nada más. Por eso no sé si estoy muy autorizado para opinar sobre ella. Pero lo cierto es que he visto en ocasiones la televisión regional y realmente me quedo perplejo por el modo en que se añaden paletadas de basura al gran montón de basura con el soporte de los presupuestos públicos. En nuestra región existe una cosa llamada RTV Castilla-La Mancha. Al vivir aquí he visto retazos de su programación. La mitad de las veces había toros o cine casposo de tercera fila. He visto también programas vergonzosos hechos por las plazas de los pueblos, donde parecería que todos somos imbéciles u horteras con certificado. Magacines memos, series descoloridas y otras tonterías conforman la programación que se remata con informativos que parecen boletines oficiales de presidente, consejeros y directores generales que apenas dejan algún hueco para alguna cosa más como un truculento asesinato rural o las gloriosas dimensiones de una seta encontrada por un paisano. Ante todo esto uno se pregunta para qué narices sirven estas y otras televisiones autonómicas. No encuentro otra respuesta que estas televisiones son el escaparate donde se exhiben los cargos públicos regionales que de otro modo no pillarían ni un minutejo al año en las pantallas, que es a fin de cuentas lo que otorga el verdadero glamour mediático. Todo eso con nuestra pasta. Quizás ya no queden carreteras por arreglar, naturaleza por proteger, edificios históricos por conservar, colegios y bibliotecas por mejorar, tejido económico por potenciar… Pero me extraña, porque sin ir más lejos, en el pueblo serrano en el que paso buena parte de mi tiempo, falta, así de entrada, de todo eso. Con la centésima parte del presupuesto de la televisión regional –graciosamente subvencionada por el gobierno autonómico-, se duplicaría el presupuesto de este pueblo. O si lo prefieren, con lo que vale una hora de la pava esa preguntando a una mema por qué quiere reconciliarse con el patán de su novio, seguramente alcanzaba para reparar una torre árabe que está a punto de caerse, o vallar una necrópolis y evitar que los visitantes se lleven las lápidas romanas a su casa, o soltar el primer euro para que una reserva natural valga para algo, por citar sólo tres necesidades concretas y reales del pueblo serrano, que aunque ya casi ni nos acordemos, está en eso que se llama Castilla-La Mancha. Pero nadie protesta ni dice nada. Y así sigue el cotarro de la propaganda y la exaltación de la horterez con nuestros cuartos. Y ancha es Castilla (La Mancha).

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