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El Puente. León Molina

Benito Berlusconi

Benito Berlusconi

Con frecuencia suelo defender la idea de “lo europeo” sobre todo por encontrar en la construcción de Europa un elemento que ayuda a superar los nacionalismos de toda índole que durante siglos han hecho tanto daño a nuestra civilización. Hasta ahí todo podría ir bien, pero cuando llegamos a la frontera, el problema aparece de lleno con toda su crudeza si uno considera que la única nacionalidad dignamente posible es la humanidad entera. Pero las naciones, por muy grandes y por muy nación de naciones que sea, trazan con cuidado la línea que nos separa del exterior, de “lo otro” y “los otros”,  y que por supuesto son el territorio que no interesa, es de los más desfavorecidos, los que no tienen cabida en nuestro club exclusivo. Y todo esto da alas a los ciudadanos y los gobernantes para profundizar en la exclusión. Así nos podemos encontrar a gobernantes filofascistas elegidos por sus ciudadanos que intentan criminalizar la entrada de inmigrantes ilegales a nuestro territorio. Berlusconi dice que aquellos que entran ilegalmente en Italia deben ser tratados como criminales y encerrados en la cárcel. Es la típica solución autoritaria, ciega y desalmada del poderoso sin escrúpulos. Y desde luego, el argumento de la comisión de delitos por parte de los inmigrantes no se sostiene, dado que para eso está la legislación y la policía y quien comete un crimen pagará por ello. El resto, la gran mayoría, es gente que tan sólo quiere vivir decentemente y afrontar grandes dificultades con tal de que su familia pueda paliar en parte la miseria de su país de origen. Poco crimen me parece ese para meter a nadie en la cárcel. Y en todo caso, ya está escrito que a quien se le sorprende en situación de ilegalidad se le devuelva a su país y punto. Porque la factura del avión, creo que podemos pagarla. Factura por cierto bastante más barata que los procedimientos judiciales y las estancias en prisión. Pero además la criminalización es inviable, porque sería imposible acoger a esas personas en las ya atiborradas cárceles de nuestros países que fabrican exclusión con bastante eficacia. Y porque protestarían los otros países que no quieren “esa basura” de la que se libra el país que actúe de este modo. De manera que Berlusconi, además de fascista, xenófobo que mueve a su pueblo a la xenofobia, ricachón que quiere meter en la cárcel a los parias que llegan a su país y payasete sin gracia, es tonto, y no va a poder llevar a cabo sus planes de la más abyecta bajeza moral, por mucho que las turbas jaleen su populismo lleno de peligros y fantasmas del pasado más infeccioso de la vida en común de este continente.

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