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El Puente. León Molina

Mundo terrible

Mundo terrible

Los seres humanos han sido a través de la historia unos magníficos creadores de diferencias entre sus congéneres. Y  no sólo creando diferencias, sino sobre todo acrecentándolas y utilizándolas en beneficio propio o del grupo cercano. Así las cosas, no ha dejado de rondarme la cabeza una idea lanzada por Stephen Hawking dentro de una entrevista que le hizo hace poco El País. Mientras hablaba con su entrevistador sobre los temas que se le supone propios como el cosmos, el espacio, el tiempo, la física cuántica  y todas esas grandes complejidades, Hawking se desmarcó a su aire, como hace con frecuencia, y dijo que el próximo gran reto de la humanidad en un futuro no demasiado lejano es enfrentar y resolver las diferencias entre los humanos genéticamente modificados y los que no lo son. En efecto, cuando se vulgaricen las técnicas de manipulación o modificación genética, los pruritos de ciertas morales timoratas, sin duda se verán superadas por la natural ambición de las personas de padecer menos enfermedades, de tener una vida saludable y mucho más larga. Hasta ahí todo bien, pero todo apunta desde luego a que las diferencias de siempre llegarán en primer lugar de la mano del dinero. Los nuevos cuerpos, las nuevas vidas, estarán al alcance de quien pueda pagarlas, es decir de los habitantes de los países ricos del planeta.  No hay más que ver lo que sucede con el Sida para aventurar que esto será así sin lugar a dudas. Los tratamientos, protegidos por sus correspondientes patentes, se aplican desde el mismo instante en que se consigue cada avance clínico en los países ricos, mientras que en los países pobres estos fármacos no llegan y sencillamente mueren por millones. No parece difícil vislumbrar un mundo dividido entre seres humanos saludables que alcanzan sin dificultad los ciento cincuenta años y otros que a duras penas y con sufrimiento y enfermad no podrán aspirar a vivir más de la tercera parte que los primeros. ¿Qué pasará entonces?.  Se podría contestar a esta pregunta a través de la analogía con los tiempos actuales: ¿Qué pasa en un mundo dividido entre seres humanos muy ricos y derrochadores y otros seres pobres hasta la muerte por inanición?. Y la respuesta desde luego es aterradora: No pasa nada. El mundo sigue adelante con todos sus seres humanos atrincherados en sus diferencias que sólo han cambiado en lo superficial desde que existe la especie. Vivimos en mundo terrible y el futuro parece que no anuncia nada mejor. O quizás sí, cuando seamos un agujero negro perdido en el cosmos.

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