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El Puente. León Molina

Vitorear al chorizo

Vitorear al chorizo

Alguien que roba, que hace negocios sucios, que cambia dinero por favores, es alguien indigno. Pero si esa persona lleva a cabo esos actos usando el poder que le han entregado los ciudadanos en una votación para que los represente y para que gestione los asuntos públicos, entonces esa persona, además de indigno es un ser despreciable y un criminal que merece el mayor de los desprecios, además de todas las penas que la justicia le imponga. Los últimos han sido el alcalde socialista de Alcaucín y una pandilla de cuatreros de su entorno. Es cierto que hay que respetar la presunción de inocencia. Pero resulta que será condenado o no, pero los desmanes urbanísticos que han cometido en su pueblo, con más de cien denuncias por parte de los ecologistas, eso ya no tendrá remedio. Es un choriceo para la comunidad, salga libre o condenado. Pero ante este espectáculo que se repite cíclicamente con jetas de todos los partidos, lo que me produce un gran asombro es contemplar en las noticias las imágenes típicas de la detención de estos alcaldes y concejales. Invariablemente, el chorizo en cuestión está rodeado por un numeroso grupo de personas que le aplauden y vitorean, en una situación con algún tinte de levantamiento popular que requiere un número importante de guardias civiles en la operación que se mueven rápido y como cierto temor. Y esos grupos no son tan reducidos como para poder deducir que son los directamente beneficiados por las trapacerías de los golferas. ¿Cómo puede la gente salir a apoyar ruidosamente a estos individuos?, ¿qué los mueve?. Confieso que no lo sé. Sólo se me ocurre pensar en actitudes de hoolliganismo (perdón por la expresión) político. Se protesta la detención y se apoya al desvergonzado porque es de mi partido y si me tocan mis colores, saco la navaja.  En cualquier caso, sea por la razón última que sea, es un espectáculo que nos lleva a pensar que hay demasiada gente que justifica acciones que retuercen la ley hasta quebrarla, o hasta el robo puro y duro, gente sin ningún respeto por la justicia. Gente con pocos escrúpulos, a los que amparan las mismas leyes que a todos los demás y con los que hay que convivir aunque nos avergüencen. Y así vamos.

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