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El Puente. León Molina

Escribir para que te quieran

Escribir para que te quieran

Es sabido que Francisco Umbral era una persona que caía mal en los ambientes literarios, pero quizás no hasta el punto de no poder encontrar a nadie que hable bien de él, según dice su biógrafa Anna Caballé cuando preparaba el libro. Tampoco era muy querido Camilo José Cela. En efecto, al día siguiente de su muerte eché un vistazo a los diarios para ver quién lo ensalzaba, como cada vez que muere un escritor y, salvo Javier de Prada –otro que cae fatal y que le gusta llevar la contraria en todo-, sólo vi artículos con respeto hacia la obra, pero con pocas alusiones a la persona y ningún cariño. Umbral y Cela son dos casos típicos de escritores famosos que caen mal. Dos escritores además unidos en el interés por crear un personaje y dar show en los medios. Pero hay muchos más. Esto es normal pues los escritores son gente común como cualquiera que van al dentista, que les hacen daño unos zapatos nuevos, que se emocionan o encorajinan con cosas más o menos caprichosas. Gente de carne y hueso en suma y como tales buenas o malas personas, agradables o desagradables. Pero a mí me causa cierta perplejidad un escritor que es un desagradable o hasta un mal bicho. Mi amigo Antonio dice que desde hace tiempo tiene claro que no está interesado en conocer personalmente a los escritores cuyos libros le han gustado,  pues prefiere conservar intacto el buen sabor de la obra protegida por el limbo personal del autor, que asociar ese libro que disfrutó a un tipo que le ha caído mal. En una hermosa dedicatoria en su libro La Vida Exagerada de Martín Romaña, Bryce Echenique dijo “ A … porque es cierto que uno escribe para que lo quieran más”.  Y puede que algún escritor haya encontrado en la escritura el modo de que le quieran, lo que no hubiera conseguido sin ella.  Marguerite Duras decía que uno escribe para saber cómo escribiría uno si escribiera, lo que al contrario de lo que pudiera parecer, no es ninguna tontería. Parece que puede ser cierto que se escribe para que lo quieran más a uno, y algunos pueden necesitarlo mucho, pero al fin y al cabo, no es la escritura por sí misma la que lo consigue, sino ese persona que quizás mañana mismo tiene cita con el dentista.

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