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El Puente. León Molina

2010

Harticos

Harticos

Dice el Zapatero que va a prolongar la edad de jubilación hasta los 67 años. Hasta el gorro me tiene este hombre. Después de Aznar, creí inocentemente que no iba a llegar a estar tan harto de un presidente, pero el Zapa está haciendo méritos. Y además se desenvuelve el hombre en ese lenguaje ambiguo y tramposo del “yo no digo ná pero algo digo”. Así por ejemplo dice que sacará la ley “con todas sus consecuencias” (que a mí me suena como la chulería aquella de Aznar del “sin complejos”) y hasta le pone fecha de aprobación en consejo de ministros; el 28 de enero. Y al mismo tiempo dice que quiere una base de consenso amplia. Eso son chocotajás, hermano. O impones o negocias y buscas consenso. No vale que me pongas la pistola en la cabeza y que pretendas al mismo tiempo que lleguemos a un acuerdo para que te de mi dinero, tramposillo. Pero lo peor de todo esto, hartazgo aparte, es ver al presidente que se presentó como adalid del estado social arremetiendo contra el mismo como un títere cuyos hilos mueven los sargentos chusqueros de ese conglomerado de poder que escribe la obra. Ni él, que se presenta a sí mismo como “izquierda” ni ningún otro de los dirigentes del mundo desarrollado mueven un dedo ni dicen ni mu para intentar caminar en otra dirección que el neoliberalismo ultraconservador que nos ha metido en este callejón sin salida de un crecimiento al infinito imposible y destructor. Dice Zapatero que hay que cambiar la ley de jubilación porque el sistema actual es “insostenible” –noble palabra prostituida  por completo que usan los políticos para tirar por tierra sin más explicaciones aquello que les parece-. Puede ser que las cuentas no salgan, pero para cuadrarlas, pues tiramos de los trabajadores. Le podemos dar algunas ideas de vías de financiación: tasa a los movimientos de capital especulativo,  liquidación de instituciones inoperantes y muy gravosas, impuestos especiales al consumo de lujo, reestructuración de la Seguridad social, y tantas otras. Pero claro, ahí estamos a mano los trabajadores, fichados y sin un pijo de poder en los mercados para meterle miedo. En todas las decadencias de los imperios han sido siempre los soldaditos de a pie los que han pagado el pato. Ya nos tienen formados para ir al matadero. ¡Qué hartico, pero qué hartico me tenéis, Zapa y toda la recua de trajes grises y corbatas azules!.

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Dopantes

Dopantes

Siempre me ha gustado mucho el deporte y en mi juventud lo practiqué con intensidad. Por eso desde hace tiempo cada vez me gustan menos los grandes espectáculos deportivos actuales; olimpiadas, mundiales de futbol y atletismo, campeonatos de F1, etc., por más que me encante ver el prodigioso tiqui-taca del Barcelona, por poner un ejemplo. Son eso, espectáculos, que se apartan en mi criterio de las mejores cualidades del deporte. El problema es que al mercantilizar su actividad están convirtiendo el deporte en mercancía, y de aquí derivan toda una serie de perversiones. Ganar, por ejemplo, deja de ser un accidente grato sin más de la actividad deportiva y se convierte en la medida de la productividad y consecución de objetivos de la empresa, los deportistas se transmuta de personas a “recursos humanos” de una empresa que se desenvuelve en un mercado hipercompetitivo, se convierten en un currantes estresado en una empresa histérica. Y los espectadores nos convertimos en clientes y, como tales, en exigentes casi rabiosos de resultados. Y esto empieza a alejarse de lo que es o debería ser el deporte (disfrute, alegría, serenidad, compañerismo…). De modo que si  juego al “si yo fuera presidente”, haría que todos los beneficios de las sociedades deportivas, así como la mayor parte de los sueldos astronómicos de las estrellas, se ingresaran íntegramente en el sistema público de deporte para la creación de infraestructuras, entrenadores, gastos de equipamientos, viajes, etc., apoyando sistemas de competición amateur sólidos y asequibles para la mayoría. Y viene todo esto a cuento de las repetidas noticias de casos de dopaje en el deporte. Además de los delitos que cometen, la gente siente que se traiciona un cierto espíritu del deporte. Lo que no nos damos cuenta quizás es que ya está traicionado desde antes de que los competidores salten al terreno, las pistas, circuitos  y carreteras. El deporte entero –favorecido por el estado y la sociedad en su conjunto- vive en un permanente doping de dinero, ansiedad histérica por las marcas y proezas, complacencia patriotera paleta por las medallas y un forofismo vociferante propio de masas maleducadas. Y nos extraña que Marta Domínguez se dope y dope a otros. Es sólo un puntito más de lo que hacemos todos con el deporte.  

Primeras nieves

Primeras nieves

Las primeras nieves tímidas han pintado de blanco los picos de los montes alrededor de mi casa. Vendrán fríos y borrascas mayores y la nieve descenderá hasta la aldea preparando el decorado para los ritos navideños. Aquí esos ritos no serán calles llenas de luces, ni los villancicos sonando por todos lados, ni el frenético trajín de las compras abarrotando aceras y tiendas. Aquí tendremos la matanza, unas nueces con miel y aguardiente compartido con los amigos y abrazos, cientos de abrazos a los que se fueron a buscarse la vida lejos y en estas fechas vuelven. Aquí la vida rural, aunque tengamos ADSL y wifi, sobrevive componiendo un reducto aislado. A veces pienso que de igual modo que se protegen los parajes valiosos para la conservación de la biodiversidad, un día les va a dar por proteger los espacios donde queda algo de aquello que fue la vida rural. Estas aldeas se están convirtiendo en reliquias de otro tiempo. Nuestro modelo económico y social las ido devorando hasta dejarlas con el espinazo de sus ruinas a la vista. Dejando de lado romanticismos con ojos en blanco, que a veces además son injustos porque desean para los aldeanos cosas que para nosotros mismos no querríamos ni en pintura, sí es cierto que en todos estos cambios habitan pérdidas irreparables que son muy de lamentar. Algunas tan ligadas a una vida buena como puede ser el vivir sin la ansiedad de la prisa, o la vida en común compartiendo muchas cosas en amplias redes de vecinos y familiares, o el contacto  y vida en equilibrio con la naturaleza. Bien es verdad que cuando todo eso era así en esta zona, todo era propiedad de caciquillos feudales que sometían a las gentes a su voluntad y a través de ella a la miseria.  Por tanto si uno se para a pensar, lo más probable es que nos conquiste la melancolía o la tristeza al comprobar que si hemos sido tan determinados y audaces para mejorar tantas cosas, al mismo tiempo hayamos sido tan torpes para perder por ese camino tanto de lo bueno que ya teníamos antes de irnos todos en masa a ese invento que es la ciudad abarrotada, a una economía que nos esclaviza con mejores modales pero no con menor intensidad que a nuestros abuelos. Esta navidad, cuando esté frente a la lumbre echando unos carrasqueños con algunos amigos, procuraré darme un descanso y no pensar mucho en todo ello. Porque la melancolía sostenida en el tiempo acaba por convertirse en cobardía, y hay hucha caña que dar todavía.

Deuda y libertad

Deuda y libertad

El pasado fin de semana el diario Público dio a conocer un informe acerca de los costes por las fluctuaciones del mercado en la compra de deuda pública. El dato de incremento de ese coste pone los pelos de punta; 3.000 millones del ala. El diario ofrece una  comparación muy gráfica para poder valorar la tremenda suma; ese dinero equivale al doble de lo que se consigue con la congelación de las pensiones. Sí señores pensionistas, a los grandes inversores les basta un ligero miedecillo para dejarles a ustedes si aumento de pensión. Resulta que como a Grecia y a Irlanda les va mal, pues los señores inversores dicen el estado español tiene que darle un interés mayor si quiere su dinero, no vaya a ser cosa que España caiga también en esa espiral y no cobren (negocio redondo por cierto, de netrada cobro más interés y si pasa algo llamamos a Europa al rescate). Pero con todo, lo más preocupante de todo no es el morro de los inversores, sino la demostración palpable de que el mercado (con sus grandes poderes; gran capital y políticos mediocres y obedientes) es el rector absoluto de la organización y gobierno de la economía de los países del neoliberalismo descarado o tapado como el nuestro.  El margen de maniobra de los gobiernos es ridículamente pequeño. Y esto no quiere decir otra cosa que la libertad es en nuestro entorno una palabra cada día más hueca. Y todo esto sucede ante la indiferencia de la ciudadanía y la extrema mediocridad y cobardía de la clase política que no se sale ni un centímetro del guión que le marcan. ¿O no ha sido patético ver al presidente cuadrado y a la orden mientras le decían “ahora gasta y haz muchas obras, ahora nos gastes y recorta por todos sitios”?. ¿Hasta cuándo nos seguirán engatusando con lo del estado de bienestar, que por cierto ha funcionado sólo para una mínima parte de los seres humanos de este planeta?. Me temo que hasta que se llegue a un auténtico crack; la avaricia de los tiburones es insaciable y encontrarán el modo de llevarse su pasta mientras todo se hunde. Sigamos pues en nuestra confortable siesta. Lo que tenga que ser será, ¿no?. Pues eso.

Garrido

Garrido

Hace unos días, en este mismo diario, se publicó una entrevista de José Fidel López con el que es, a día de hoy, el único alcalde que ha tenido el Partido Popular en Albacete, Juan Garrido. Siempre tuve curiosidad por el “fenómeno” Garrido; un candidato que sale casi de la nada, que gana la alcaldía y que se pasa esos cuatro años de alcalde enredado en un enfrentamiento feroz con el presidente del partido y de la Diputación, Emigdio de Moya, un alcalde que pierde su segunda postulación precisamente en un momento de vientos muy favorables para el PP en toda España, un alcalde que casi nadie recuerda y del que no se recuerdan sus actuaciones. Y un alcalde que tuvo que aguantar una presión por denuncias de corrupción de un concejal suyo. Acusaciones que tenían algo de opereta y el las que CCOO y luego el PSOE hicieron un papelón notable. Lo que pasa es que, como suele suceder, después de los titulares, las sentencias de los tribunales ya no interesan y se olvidan. Dice Garrido que está convencido de que el origen de todo aquel escándalo se situaba en su propio partido, cosa que puede ser verdad si tomamos en cuenta la catadura de sus enemigos y compañeros de partido de entonces.  En su partido en Albacete han habido intentos de apear del burro a la derechona que manda por parte de otros que parece que entienden que por ahí no va la cosa. Pero les ha salido mal por lo general y han tenido, por cierto, unas desastrosas intervenciones desde Madrid que han acabado de desarticularlos. El PP de Albacete, y de Castilla-La Mancha, parece que no levanta cabeza y conozco a muchos que votan PP en las nacionales y otra cosa en regionales y locales, lo que no deja de ser muy curioso.  Garrido fue fusilado en una de esas guerras. Habla ahora con cierta amargura. Podría hacer suyas seguramente las palabras de un buen concejal de los mejores tiempos del consistorio, Florián Godes que dijo “ni siquiera sé si soy de los míos”.  Ahora, desde fuera, dice Garrido que los partidos no son democráticos y que manda en ellos una “aristocracia”.  Lo sabíamos, pero el PP de la tierra, lo borda. Y así les va. Sólo ganarán por tener enfrente a otros que funcionan igual y por puro aburrimiento. Lástima que los políticos  sólo digan estas cosas cuando les han arreglado el pescuezo.

Ver pasar las nubes

Ver pasar las nubes

En estos días estoy pasando buenos ratos con la lectura del libro Guía del observador de nubes, de Gavin Pretor-Pinney. No es un libro técnico, sino un libro que habla del placer de usar (“perder” se diría de modo ordinario) el tiempo mirando al cielo y viendo las nubes, sus diversas y cambiantes formas. En el libro desde luego se aprende a distinguir los distintos tipos de nubes agrupadas al estilo linneano de las ciencias naturales en géneros, especies y variedades, pero sin ningún tipo de entrada en el mundo de la meteorología ni ninguna otra ciencia física, sino remitiéndose al puro aspecto, al puro pasar y cambiar de las nubes sin más aspiración que el placer de ver pasar las nubes. Pretor-Pinney no es tampoco un gran escritor; escribe regular, cuenta en el libro anécdotas, referencias a la historia e incluso hace gracietas más o menos afortunadas a propósito del tema. Entonces, ¿cuál es el interés?. Pues ni más ni menos que el ser un alegato en defensa de la calma, del saboreo del tiempo, algo que desde mi punto de vista resulta muy conveniente en estos tiempos de prisa y de condenas tales como la “productividad” y “competitividad” que arruinan, aunque parezca una exageración, nuestra libertad. Como dice el conocido proverbio chino, “hasta el viaje alrededor del mundo comienza por dar el primer paso fuera de la casa”. Así,  yo creo que un hipotético viaje hacia la conquista de mayores espacios de libertad comienza por el primer pasito consistente en conseguir más tiempo para poder “perderlo” sin problemas. Y es que no hay libertad sin crítica, crítica sin pensamiento, ni pensamiento sin tiempo. Apagar la tele o ver pasar las nubes durante horas resulta que son hoy respuestas de rebeldía y actos de liberación personal. Ya sé que no cambiaremos el mundo con estos gestos, pero es que ése ha sido históricamente muchas veces el problema; quizás antes de querer cambiar el mundo hay que comenzar a cambiarnos nosotros mismos, preparar el terreno, vamos. En fin, que si quieren, dedíquense ustedes a frenar, a perder el tiempo, a ver pasar las nubes y si no consiguen otra cosa pues se quedarán más descansaditos y felices.

Indiferencia y ciudadanía

Indiferencia y ciudadanía

En muchos de los artículos que comparto con ustedes en esta columna de los martes cruzan de fondo ideas referidas a la decadencia de nuestra democracia (o de las democracias occidentales en general) y la decadencia de la ciudadanía como sujeto de acción de la política. Siempre hay personas capaces de expresar mejor y de un modo sistemático nuestras ideas. Por eso traigo aquí un texto que acabo de leer. Su autor es Josep Ramoneda que en su libro Contra la indiferencia define “indiferencia” como: “ En política: proceso ideológico que consiste en desprestigiar la política y favorecer que la ciudadanía se desentienda de ella con el objetivo de construir un sistema en que los ciudadanos sean estrictos comparsas de la gestión de una oligarquía económico-política y mediática. Es lo que llamamos totalitarismo de la indiferencia”.   Si nos fijamos bien, podemos comprobar que los partidos políticos nos buscan fundamentalmente para escudriñar cuál puede ser la intención de nuestro voto y tratar de llevarlo a su saca. Nuestra participación y la confrontación crítica de sus ideas no solo no les interesa sino que más bien es un obstáculo, una molestia.  Así las cosas, la mayoría de los ciudadanos desisten de esta actitud y actividad capital para alcanzar la plena ciudadanía y no participan, ni se organizan, ni luchan porque dan de antemano por perdida la partida por la sordera y desprecio olímpico de los partidos. Con el agravante de que se desprecia la política en vez de despreciar a aquellos que la pervierten. Y se realimenta la espiral.  Lo triste del caso lo podemos extraer también del libro de Ramoneda cuando dice: “El hombre capaz de conocer y decidir, el hombre responsable de sus acciones. El hombre autónomo también frente al poder real. Este hombre emancipado  en el plano político recibirá el nombre de ciudadano. Este ideal es, a mi entender, el más noble que se ha cifrado nunca el espíritu humano. Y su vigencia es más necesaria que nunca cuando la sociedad de la información está amenazada por el totalitarismo de la indeferencia”. Vale entonces decir lo malos que son nuestros políticos, pero debemos también preguntarnos cuán buenos o malos somos como ciudadanos. Y perdónenme ustedes la impertinencia.

Es la verdad

Es la verdad

Con la publicación de los documentos reservados de la guerra de Irak por la página web Wikileaks se desgrana ante nosotros todo el horror de esas intervenciones supuestamente pacificadoras. Son varias las sensaciones y lecturas que se pueden hacer de este hecho. Uno: Como muchos hemos sostenido, Busch no merece menos que ser juzgado en los tribunales internacionales por crímenes contra la humanidad. Él sí sabía lo que pasaba y le daba igual; estaba dando una respuesta estúpida a los atentados de las torres gemelas y de paso sus amigos se enriquecían con el negocio del petróleo y la seguridad privada. Dos: El militarismo y “guerrerismo” al que es tan proclive la sociedad norteamericana representa un peligro latente para las gentes de muchos países del tercer mundo. Por cualquier quítame allá esas pajas mandar sin dudar a sus chicos a matar y morir a donde haga falta. Tres: Por mucho que le moleste al PP que no quiere que hablemos más de ello, no podremos olvidar que nuestro amigo con acento tejano y los pies sobre la mesa nos metió en esa carnicería con el apoyo de todo su partido. No nos da la gana de olvidarnos. Cuatro: Obama tiene ante sí una prueba de fuego. Si no investiga y castiga a los responsables, se convertirá en  cómplice. Cinco: Justificar la reserva de documentos que manifiestan y prueban la comisión de delitos tan graves como la tortura y el asesinato por la seguridad de las tropas, es tanto como silenciar el maltrato a una mujer no vaya a ser que le partan la cara al maltratador. Es repugnante y nos muestra la bajeza moral con la que pueden llegar a comportarse los gobiernos que tienen las manos manchadas de sangre. Seis: La defensa de los derechos humanos sí que es la batalla decisiva por la paz y la dignidad de los seres humanos. Julian Assange, promotor de la web Wikileaks ha dicho frente a las críticas que se han vertido contra la filtración de los documentos algo tan sencillo como “es la verdad”. En efecto, todo lo demás es mentira, manipulación y complicidad. La vomitiva realidad que sucede en este mismo mundo en que tan confortablemente vivimos usted y yo.

Lectores de poesía

Lectores de poesía

Desde muy joven he disfrutado mucho con la lectura de poemas. Creo que casi no podría entender  mi vida sin relación a la poesía que he leído.  Poemas concretos y algunos poetas que son en sí mismos un universo y la mayor parte de lo que han escrito es magnífico. Soy capaz de recordar mejor las distintas etapas de mi vida en relación a la poesía que leía en ese momento que al trabajo que tenía u otras cuestiones tenidas por lo común como más importantes o al menos más significativas. Por lo que sé a muchos lectores de poesía les pasa algo similar. De modo que es un hecho que aquella persona que entra en el mundo de la belleza y la emoción poética entra en un mundo que le atrapa para siempre y que constituye para ella algo no marginal y accidental, sino algo central en todos sus acontecimientos vitales. Esto podría llevarnos a la perplejidad ante el hecho de que la poesía sea un arte muy poco frecuentado por la mayoría. El tanto por ciento de la población, incluso de la población lectora habitual, que lee poesía habitualmente es ínfimo. Y esa perplejidad pudiera llevarnos a hacer proselitismo, a ponernos a dar la murga con el tema o, si fuéramos poco considerados, afear a los demás su condición de no lectores de poesía. Sin embargo, he de confesar que no siento una gran desazón por el hecho que los aficionados a la poesía seamos cuatro gatos. Tiene sus aspectos positivos. El primero de ellos es que es un arte nada o muy poco mercantilizado y que por tanto no sufre del continuo ejercicio de gato por liebre que afecta al resto de las artes. De hecho ni los más grandes poetas de nuestra lengua ni sueñan siquiera con poder ganarse la vida con lo que escriben. Otro aspecto positivo es la alegría que suele producirnos encontrar a otra persona que lee poesía y con la que podemos conversar de eso que tanto nos gusta. En Albacete se está celebrando en estos momentos la novena edición del ciclo Poetas en Otoño, que nos trae a Albacete poetas muy interesantes que leen sus poemas y luego charlan con el normalmente pequeño grupo de personas que han acudido a escucharle. Y eso está bien. Pero puede que el reencuentro con otros amantes de la poesía sea lo mejor. Somos pocos, nos conocemos y sabemos lo importante que es la poesía para cada uno de nosotros. Para qué más.

No sufras por mí

No sufras por mí

Un aforismo de Josep Ramoneda dice: “ En tiempos de terrorismo  global es difícil actuar con prudencia sin caer en la paranoia. Sin embargo, sin riesgo no hay libertad. La libertad es para aquellos que la desean por encima de todas las cosas.”  Esa búsqueda de seguridad en tiempos de amenaza terrorista es el final de un proceso que se ha venido fraguando en nuestra sociedad por el cual hemos ido creando un estado más grande y más metomentodo con la anuencia de los ciudadanos. Hay en nuestro tiempo, creo, una superinflación de leyes, normas y prohibiciones. Es el estado papá que se relaciona con sus ciudadanos como hijos, como niños desprotegidos. Y es la ciudadanía infantil que no sólo acepta sino que incluso reclama este tratamiento. “Tendrían que prohibir, tendría que estar prohibido, el estado tendría que ayudarme a…, el gobierno tiene que…” son fórmulas que dan comienzo con exasperante frecuencia a las conversaciones sobre el estado de cualquier cosa. Este camino además hunde sus raíces en la España franquista, que fue un estado eminentemente paternal y económicamente proteccionista, estado que le pedía al ciudadano un pacto: Acepta el estilo de vida que te propongo y yo velaré por ti. De modo que la socialdemocracia reinante debería saber que el estado metijaco es lo menos moderno y progresista que se pueda concebir.  Esta situación y el aforismo de Ramoneda entroncan directamente con el concepto de “miedo a la libertad” de Erich Fromm, concepto luminoso que nos ayuda a entender en muchas ocasiones por dónde van los tiros. Y en la actual coyuntura por la cual aquellos que nos deberían cuidar en función del pacto aceptado tácitamente resulta que nos están dando cera a base de bien, pues la actitud de petición de más estado se recrudece, pues ¿aquién le vamos a protestar y a quién le vamos a pedir que actúe si no? Malos tiempos pues para la razón y la madurez, para el ciudadano que está dispuesto a tomar riesgos, que ansía libertad y que le diría con gesto de hastío a sus gobernantes: “de verdad, ¿por qué no os estáis quietecicos un rato?”, y entornando los ojos: “no me quieras tanto ni sufras por mí, no vale la pena que por mi cariño te pongas así”.

Sin decir ni mu

Sin decir ni mu

La triste mascarada de la huelga general que fue el otro día, da la sensación de que sucedió hace un año. Desde el día siguiente mismo ya nadie tenía ningún interés en hablar de ella. Pienso que una huelga general es algo muy serio para que ésta se haya tomado con esa ligereza. Claro que nadie, ni los políticos, ni los ciudadanos, ni los mismísimos sindicalistas, estaban por la labor. En la innegable decadencia de nuestra democracia, todo el mundo está a la suyo. Todos defienden su sillón, sus prebendas, su estatus, y la ciudadanía está como grogui esforzándose en pagar los platos rotos de toda la caterva de mediocres, cuando no aprovechados, que manejan los resortes de la economía y la política. Pero hay que recordar que los ciudadanos no somos inocentes. Los ciudadanos de esta región por ejemplo observamos el desastre de Caja Castilla-La Mancha sin decir ni mú. Inoperancia, chalaneos, choriceos, morro puro que parece no importar a nadie. Pero lo pagamos. O vemos el despropósito vergonzoso del aeropuerto de Ciudad Real. Quinientos millones del ala financiados en un cuarenta por ciento por la susodicha Caja y recientemente avalado, mientras se muere, por el gobierno regional por ciento cuarenta millones. Millones que pagaremos. Y hablo de dinero que tiene más efecto, ni siquiera me canso con la afectación ambiental dado que sus kilómetros de pista vacía y sus miles de metros cuadrados de infraestructuras se ubican en una zona protegida con más de sesenta especies en peligro. El diario Le Monde se ha puesto las botas recientemente titulando un reportaje sobre el aeropuerto como “aeropuerto fantasma” y “una triste desviación de las finanzas públicas”. Pero que no se preocupen los gabachos, aquí está el pueblo manchego para pagar la púa. O podríamos recodar aquella gilipollez de macroproyecto de un a modo de Disneylandia con boina que fue El Reino de Don Quijote; ciento sesenta millones gastados para llegar a la conclusión de que era una gilipollez. Ciento sesenta millones que pagamos usted y yo. De modo que si el aprecio a la democracia, a la honradez, a la inteligencia no nos mueve, debería por lo menos movernos el dinero que dilapidan estas gentes en la mayor impunidad.

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Aves

Aves

Como sospechaba, durante este fin de semana en mi aldea, he podido comprobar que ya se han marchado los abejarucos, esos preciosos pájaros multicolores que se dejan ver largamente en las alturas de sus perchas. Pero se han marchado, ya digo. Ya deben estar sobrevolando África. Da cierta tristeza no verlos ya y no escuchar su peculiar canto por todos los rincones de estas sierras que los acogen cada verano. Para compensar, están empezando a llegar los petirrojos, pajarillos también muy vistosos con su medallón anaranjado en el pecho. Los petirrojos son unos pájaros confiados y también se exhiben sin sonrojo. En las últimas semanas estuvieron pasando grupos de milanos negros buscando la depresión del Guadalquivir, cuya cabecera está muy cerca ya de las sierras albaceteñas, para dar el salto de continente por El Estrecho. Era un espectáculo magnífico ver pasar esas grandes y elegantísimas rapaces en sus bandadas circunstanciales. Mis vecinas, las águilas culebreras siguen aquí; ellas son las últimas en marcharse y todavía me muestran sus blancas alas moteadas, y si estoy dentro de la casa, sus agudos chillidos son como un aviso para salga a ver su vuelo lento y poderoso. Me cuentan unos amigos que hace unos días, desde el observatorio de necrófagas del monte Mingarnao pudieron ver un espectáculo único. Un águila real atacó a los más de cien buitres leonados que reposaban en los cantiles, los hizo alzar el vuelo y, ya en el aire, les atacaba en rápidas pasadas que los desequilibraba por un momento. Todo según parece un mecanismo de defensa del territorio del águila. Por mi parte, el pasado domingo estuve en mi escondite fotografiando pájaros y tomé instantáneas de un alcaudón real con su negro antifaz, antes de que desenvolviera su canto tan raro durante un buen rato para mí, mientras las chovas con su pico de intenso color rojo graznaban sobre los acantilados. Yo también emigro cada fin de semana a este pueblo llamado Nerpio cuya riqueza natural no deja de asombrarme. Y aquí me recupero y alimento para regresar a las duras jornadas de la semana laboral. Debe estar escrito en mi instinto. Pura supervivencia.

Más mentiras sobre innovación

Más mentiras sobre innovación

Está más que comprobado en estos últimos años que Zapatero y sus gobiernos no han hecho nada para potenciar la investigación y la innovación en este país ni en la crisis ni antes de la crisis. Es un mal endémico de nuestro modelo productivo. A los gobernantes se les llena la boca con la educación, el I+D, porque queda bien, pero luego no hacen nada de nada. Pero en este momento la situación es insultante. El propio Zapatero ha dicho que una de las actuaciones más importantes para salir de la crisis es invertir en investigación e innovación. Con esto pasan dos cosas; primero que es mentira que sea la solución porque la innovación y más todavía la investigación ofrecen sus resultados a medio y largo plazo y eso si existen los recursos y la organización apropiada para que los descubrimientos y avances puedan ser aplicados y convertidos en productos comercializables, cosa que en este país no sucede porque ni siquiera se ha intentado crear ese modelo ni esa infraestructura. Es una solución, la mejor posiblemente, pero no para salir de la crisis sino para crear una economía y un tejido productivo sólidos. Pero tan grave como esa mentira que puede confundir a los incautos, es la que se superpone cuando hace esta declaración y unas semanas después sabemos que el presupuesto del ministerio del ramo va a sufrir un drástico recorte en los presupuestos.  Estas mentiras, aunque nos indignen, no nos sorprenden porque todos los presidentes y todos los gobiernos las han soltado igual o más gordas. Nuestros jóvenes dotados para la investigación se van fuera, los tecnólogos acaban haciendo de comerciales, el apoyo de las universidades a la innovación en las empresas es un chiringuito grandilocuente donde se colocan cuatro avispados y constituye un absoluto fracaso. Seguimos en el “que inventen ellos”. La nuestra es una economía paleta. Y nuestros gobernantes unos mentirosos que no ven más allá de las siguientes elecciones. Y el resultado es evidente en las crisis; más del doble de parados que los países de su entorno. Y al ciudadano medio, por cierto, todo esto le da igual. Pues nada, sigamos adelante nuestro viaje en nuestro Mercedes con la boina bien calada hasta las cejas.

Escribir para que te quieran

Escribir para que te quieran

Es sabido que Francisco Umbral era una persona que caía mal en los ambientes literarios, pero quizás no hasta el punto de no poder encontrar a nadie que hable bien de él, según dice su biógrafa Anna Caballé cuando preparaba el libro. Tampoco era muy querido Camilo José Cela. En efecto, al día siguiente de su muerte eché un vistazo a los diarios para ver quién lo ensalzaba, como cada vez que muere un escritor y, salvo Javier de Prada –otro que cae fatal y que le gusta llevar la contraria en todo-, sólo vi artículos con respeto hacia la obra, pero con pocas alusiones a la persona y ningún cariño. Umbral y Cela son dos casos típicos de escritores famosos que caen mal. Dos escritores además unidos en el interés por crear un personaje y dar show en los medios. Pero hay muchos más. Esto es normal pues los escritores son gente común como cualquiera que van al dentista, que les hacen daño unos zapatos nuevos, que se emocionan o encorajinan con cosas más o menos caprichosas. Gente de carne y hueso en suma y como tales buenas o malas personas, agradables o desagradables. Pero a mí me causa cierta perplejidad un escritor que es un desagradable o hasta un mal bicho. Mi amigo Antonio dice que desde hace tiempo tiene claro que no está interesado en conocer personalmente a los escritores cuyos libros le han gustado,  pues prefiere conservar intacto el buen sabor de la obra protegida por el limbo personal del autor, que asociar ese libro que disfrutó a un tipo que le ha caído mal. En una hermosa dedicatoria en su libro La Vida Exagerada de Martín Romaña, Bryce Echenique dijo “ A … porque es cierto que uno escribe para que lo quieran más”.  Y puede que algún escritor haya encontrado en la escritura el modo de que le quieran, lo que no hubiera conseguido sin ella.  Marguerite Duras decía que uno escribe para saber cómo escribiría uno si escribiera, lo que al contrario de lo que pudiera parecer, no es ninguna tontería. Parece que puede ser cierto que se escribe para que lo quieran más a uno, y algunos pueden necesitarlo mucho, pero al fin y al cabo, no es la escritura por sí misma la que lo consigue, sino ese persona que quizás mañana mismo tiene cita con el dentista.

¡Más madera!

¡Más madera!

Cuando las vacaciones han terminado, uno  se ha vestido de nuevo de persona, ha recogido los trastos y se encamina tranquilo y algo descansado hacia su casa y sus rutinas, si resulta que uno es de Albacete, pues sucede que en ese momento alguien lo tira a uno otra vez vestido a la piscina, piscina que se llama Feria de Albacete. Pero es además una piscina extraña, con fuerte oleaje, con más bañistas de los caben y hasta embarcaciones que te pasan por encima de la cabeza, marcha y desfase brutal. Y es que llegamos a un lugar donde echar una cañita tranquilamente con los amigos es más difícil y por lo que se ve más ansiado por muchos que conseguir pinchar tu sombrilla en Benidorm sin destripar a nadie. La frase de “es la Feria” suena como aquella “es la guerra” de Groucho Marx y con ese espíritu nos lanzamos a arrancar la madera que queda en nuestro ánimo y nuestros bolsillos para que el tren de la feria bufe y pite victorioso un año más por sus tricentenarias vías, y los malos que se tiren al agua al pasar por el puente porque la Feria es el tren de los buenos que viaja victorioso a su anual destino. Y es que yo creo que todos estaríamos de acuerdo en afirmar, o hemos afirmado muchas veces, sin acritud y con cierto cariño que la Feria de Albacete es una burrería. Puede que uno de los mayores encantos de la Feria para los aficionados sea su desmesura. Un paisano respondía a la pregunta de un foráneo acerca de lo que hacíamos en la Feria diciendo “de tó, de tó, de tó”, improvisada definición de nuestra fiesta que tengo para mí como más atinada que otras con mucho ringo rango que he escuchado. Hoy comienza la Feria y disfruto recordando  aquellas en que sostenía a mis chiquillos en hombros para que vieran el desfile (hoy ya no va a ser posible porque las criaturas tienen barba y miden 1.80) y aquellas otras anteriores en que juntaba días y noches persiguiendo el último cubata, la última tontuna de la que reirnos, la última chica (tampoco va a ser posible porque ya conocí los límites de mi hígado y a mi última chica de verdad, la que me anilló como a un palomo). Nos tendremos que montar entonces cada uno una feria a nuestra medida. Pero que no se detenga el tren.  ¡Es la Feria, más madera!.

Los verdes III

Los verdes III

En las pasadas semanas nos hemos hecho eco en esta columna del anuncio de un nuevo partido verde de calado en España. Un partido que llevaría como bandera la protección del medio ambiente. Tendremos que esperar cómo se concreta finalmente esa oferta, si un partido verde independiente al estilo europeo o la cosa queda en un pastiche de coaliciones electorales con poca claridad y futuro. Hasta el momento presente en España (que no en el resto de Europa) el ecologismo ha sido normalmente caricaturizado y despreciado. Hay muchos tópicos y poco conocimiento. Que el proyecto de una carretera no se apruebe porque daña a una población de aves por poner un ejemplo, es objeto de chuflas sin límite. Pero no se hace el esfuerzo de pensar qué carretera (su utilidad, la facilidad de cambiar el trazado, etc) y qué aves (estado de la población de la especie, su importancia en el equilibrio ecológico, etc) para tener un criterio sobre ese hecho. Pero sobre las caricaturas, hay una realidad incontestable; nuestro medio ambiente se degrada a una enorme velocidad a causa sobre todo de la acción humana que no lo valora suficientemente, provocando con ellos graves afectaciones a la salud, a la cultura, al goce y disfrute de nuestro mundo y a la viabilidad del planeta. Porque no acabamos de comprender la amplitud que encierra el concepto de medio ambiente. Lo que usted come, lo que respira, lo que ve a su alrededor cuando levanta los ojos del suelo tanto en ciudades como en el campo, el frío o calor que disfruta o padece, lo que usted paga o usted gana por los recursos salidos de la tierra, las amenazas de cambios climáticos drásticos, de tragedias nucleares, de hambrunas, de que los alimentos pasen a ser propiedad privada de grandes multinacionales vía patentes genéticas, todo eso está contenido en el concepto medio ambiente. Es bastante más que la chufla por el desvío de una carretera. Y muchos quizás no se hayan dado cuenta todavía, pero incluso todos y cada uno de los seres humanos disfrutan, sufren y son agentes de cambio del medio ambiente. El medio ambiente es el nombre de nuestra casa y de nuestra forma de vida. Los partidos tradicionales en España le han dado la espalda. Ahora, dicen, llegan los verdes. Si es cierto, les escocerá. Y algo cambiará quizás en todos nosotros.

Los verdes II

Los verdes II

Aunque el proyecto de un nuevo partido verde fuerte está todavía en un proceso embrionario, aquellos que estamos preocupados por nuestro medio ambiente deberíamos ir reflexionando sobre la hipotética nueva situación en nuestro país. En primer lugar tenemos el viejo problema de lo que cabe esperar de un partido verde. Un país y la vida de sus ciudadanos es una realidad mucho más amplia y compleja que el estado y necesidad de defensa del medio ambiente. Si votamos a un partido ecologista sabemos (teóricamente) que votamos por una determinada manera de entender el cuidado del medio ambiente, la cooperación entre pueblos, el favorecimiento de economías locales cooperativas y otra serie de cuestiones importantes y necesarias. Pero qué estaremos votando sobre otros asuntos como la política internacional, la estructura económica y financiera, el marco para el favorecimiento de una estructura industrial fuerte que cree empleo, sobre políticas sociales que no sean insostenibles por la demagogia de uno u otro signo, sobre la estructura de administración y gestión del estado y sus actores institucionales. Qué estaremos en definitiva votando sobre lo múltiples y complejos aspectos que requiere la dirección de un país singularmente complejo además como es el caso de España. Realmente no lo sabemos, dado que los partidos verdes han trabajado con intensidad sobre las cuestiones que le dan sentido –el medio ambiente- pero en el resto el espacio está copado por los partidos tradicionales. Parece entonces que, tanto para ese hipotético partido como para sus votantes, ni se plantea la posibilidad de gobernar, sino de alcanzar una representación importante para defender cuestiones que ningún otro partido defiende con decisión ni firmeza. Si es así, los ecologistas deberíamos valorar en nuestro voto tanto lo que conseguimos como las consecuencias acerca de quién realmente gobernará después de descontar los votos entregados a los verdes. La cuenta no es fácil y puede ser dolorosa por  más que estemos hasta el gorro de la destrucción sostenida del mundo en que vivimos con la anuencia de los partidos tradicionales. Si finalmente cuaja ese partido, muchos nos vamos a calentar la cabeza, lo cual si bien se piensa no es malo.

Los verdes I

Los verdes I

Parece que por primera vez en la historia democrática de este país se está fraguando la creación de un partido ecologista fuerte con la intención de concurrir a las próximas elecciones generales. La iniciativa parte del líder hasta hace poco de Greenpeace Juan López de Uralde y del diputado por ICV Joan Herrera. Muy recientemente se les acaba de unir el director de otro de los grandes grupos ecologistas de España, SEO Birdlife, Alejandro Sánchez. Según ha afirmado en una entrevista Uralde hay muchas personas de peso que se unirán al movimiento y otras que lo están valorando, entre ellas la ex ministra de medio ambiente Cristina Narbona, la única ministra del ramo por cierto cuya gestión han respaldado en general los ecologistas, causa según dicen las malas lenguas de que la privaran del cargo y la mandaran a un exilio político dorado en París. Y es que no hay otro modo de llevar a cabo una política activa de defensa del medio ambiente en este país que enfadando a mucha gente, especialmente gente que ostenta poder político, porque la gestión de las administraciones no puede ser más contraria a estos intereses. En el PSOE están preocupados pues saben que hacia este nuevo partido puede ir una cantidad importante de votos tanto de personas que consideran que las cuestiones medioambientales están olvidadas o incluso maltratadas por ellos como desencantados en general con el partido y ejercerán  así un voto de castigo. Lo mismo pero con más intensidad le preocupa a IU, coalición que reclamaba estos temas para sí de boquilla pero que tampoco ha hecho mucho por falta de voluntad y de poder político. También debe andar preocupada Rosa Díez que se las prometía muy felices cosechando grandes cantidades de puro voto de castigo hacia PP y PSOE, pues me da la sensación de que nadie acaba de saber de qué va la Díez y todo se resume en el simplón esquema de que critica a unos y o otros. De modo que ese nuevo partido, si finalmente fragua, va a sufrir ataques y presiones por todos lados. En Francia la experiencia similar de Cohn Bendit ha cosechado un importante éxito y aquí lo saben. Y saben que el potente partido verde europeo apoya la iniciativa. Pero lo importante es saber qué es un partido verde  y qué podemos esperar de él.

Contento

Contento

Yo no sé lo que es la felicidad, pero sospecho que no suele ser nada de aquello que nos dicen que es. Todo el mundo quiere ser feliz, eso sí, pero observo lo que hacen y lo que buscan para ser felices y todo anda más o menos cerca del tener, de poseer cosas. Bueno, esto se desmonta fácilmente, aunque ello no implique que podamos librarnos igual de fácilmente de la presión por querer que queramos tener cosas tangibles o intangibles. Por otro lado nos encontramos el gran mercado persa de las filosofías chicleteras y los libros de autoayuda que nos dan todo tipo de claves para desabrocharnos el botón de la satisfacción personal en una serie de ejercicios sin mayor profundidad, los prodigiosos métodos de sea usted feliz en doce pasos, sin dietas ni esfuerzos. También andan por ahí los, permítanme la expresión, negacionistas, o dicho de otro modo los religiosos que a fuerza de poner los ojos en blanco de tanto mirarle las sayas a la divinidad, han acabado por negar el mundo y hasta a los hombres en su dimensión real y lo niegan como ilusiones o sombras del auténtico vivir que no está aquí, sino  en un lugar legendario que le han dicho a ellos de muy buena tinta.  Y están también aquellos que te explican con resignación que la felicidad no existe, que la vida es un padecer fatal sobre el que no merece la pena luchar, sino maniobrar para recibir el menor daño posible. Son estos últimos gente moñiga y ceniza de la que hay que apartarse rápidamente porque a su lado sí que la felicidad, sea lo que sea, se pone difícil.  De modo que aquí estamos los dos, usted leyendo este artículo y yo escribiéndolo mientras queremos los dos ser felices.  Vale. Pero ¿qué narices es eso de la felicidad?. Si miro hacia mi pasado llamaría felicidad a los muchos momentos en los que estaba alegre, en los que me divertí, especialmente con otros alrededor. Entonces, ¿ya está?. ¿Estar contento y ya esta?  ¿Y para eso tanto? Recuerde usted pasajes felices de su vida, ¿sonreía usted?. Si es que ya verá usted que va a ser eso. Y, perdone, ¿está usted sonriendo ahora?. Pues esa es la cosa. Voy a ponerme. Que tenga usted un buen día.

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De qué van

De qué van

No sé si han tenido ustedes la oportunidad de contemplar el triste espectáculo de las urbanizaciones y chalets que rodean las Lagunas de Ruidera y cuyas terrazas  se adentran incluso en las aguas de las lagunas, no sé si habrán visto la horterada en que se convierte en verano ese magnífico paraje natural, no sé si a alguno de ustedes se la ha caído alguna vez el alma a los pies viendo como el modelo  de las playas levantinas  de borrar la naturaleza del mapa y llenarla de edificaciones, ruidos y gentío en su versión gasón ha tomado uno de los rincones con más encanto de la reseca La Mancha en Ruidera. Si es así tienen ustedes algo nuevo que temer. Porque resulta que en las proximidades de Zapateros, en la sierra de Alcaraz algún  lumbrera urdió un plan para crear una presa que se alimenta de los arroyos de la zona.  Dicen que es para evitar inundaciones y almacenar agua. Resulta que allí no hay inundaciones y que no falta agua. Claro que al final con letra pequeña añaden que, de paso, servirá para uso recreativo, el cual es en realidad el verdadero motivo por el que se va a hacer esta presa, que cuesta la bonita cifra de 4.5 millones de euros. Se están arrancando miles de árboles, se está afectando a las poblaciones de especies de fauna protegida, se está destrozando el monte con las buldozer, todo para que llegue la legión de  domingueros unos cuantos fines de semana al año a colaborar con el desarrollo local comprando litronas y bocatas de tortilla, ¿O es que esta presa es el inicio inconfesable de posteriores desarrollos urbanísticos?. Veremos. Fácilmente se pueden hacer una idea de los que se puede hacer en los pueblos de la zona con esa pasta, pero es que habría que ser un poco lógico y sentir un mínimo respeto por a naturaleza. Y eso parece que no. Recuerden el felizmente fallido proyecto de los ochocientos chalets en zona protegida en Hellín. Eso sí, la gente que esté por allí podrá entretenerse viendo trabajar a los tramperos, cuya profesión será oficializada por la Junta. Entre Mahou y mahou el personal se podrá entretener viendo las zorras aterrorizadas caídas en las trampas. No voy a decir de lo que dan ganas, pero desde luego no de mandar besitos a los responsables regionales de la conservación de la naturaleza. No sé de qué van.

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