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El Puente. León Molina

Harticos

Harticos

Dice el Zapatero que va a prolongar la edad de jubilación hasta los 67 años. Hasta el gorro me tiene este hombre. Después de Aznar, creí inocentemente que no iba a llegar a estar tan harto de un presidente, pero el Zapa está haciendo méritos. Y además se desenvuelve el hombre en ese lenguaje ambiguo y tramposo del “yo no digo ná pero algo digo”. Así por ejemplo dice que sacará la ley “con todas sus consecuencias” (que a mí me suena como la chulería aquella de Aznar del “sin complejos”) y hasta le pone fecha de aprobación en consejo de ministros; el 28 de enero. Y al mismo tiempo dice que quiere una base de consenso amplia. Eso son chocotajás, hermano. O impones o negocias y buscas consenso. No vale que me pongas la pistola en la cabeza y que pretendas al mismo tiempo que lleguemos a un acuerdo para que te de mi dinero, tramposillo. Pero lo peor de todo esto, hartazgo aparte, es ver al presidente que se presentó como adalid del estado social arremetiendo contra el mismo como un títere cuyos hilos mueven los sargentos chusqueros de ese conglomerado de poder que escribe la obra. Ni él, que se presenta a sí mismo como “izquierda” ni ningún otro de los dirigentes del mundo desarrollado mueven un dedo ni dicen ni mu para intentar caminar en otra dirección que el neoliberalismo ultraconservador que nos ha metido en este callejón sin salida de un crecimiento al infinito imposible y destructor. Dice Zapatero que hay que cambiar la ley de jubilación porque el sistema actual es “insostenible” –noble palabra prostituida  por completo que usan los políticos para tirar por tierra sin más explicaciones aquello que les parece-. Puede ser que las cuentas no salgan, pero para cuadrarlas, pues tiramos de los trabajadores. Le podemos dar algunas ideas de vías de financiación: tasa a los movimientos de capital especulativo,  liquidación de instituciones inoperantes y muy gravosas, impuestos especiales al consumo de lujo, reestructuración de la Seguridad social, y tantas otras. Pero claro, ahí estamos a mano los trabajadores, fichados y sin un pijo de poder en los mercados para meterle miedo. En todas las decadencias de los imperios han sido siempre los soldaditos de a pie los que han pagado el pato. Ya nos tienen formados para ir al matadero. ¡Qué hartico, pero qué hartico me tenéis, Zapa y toda la recua de trajes grises y corbatas azules!.

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