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El Puente. León Molina

Sin decir ni mu

Sin decir ni mu

La triste mascarada de la huelga general que fue el otro día, da la sensación de que sucedió hace un año. Desde el día siguiente mismo ya nadie tenía ningún interés en hablar de ella. Pienso que una huelga general es algo muy serio para que ésta se haya tomado con esa ligereza. Claro que nadie, ni los políticos, ni los ciudadanos, ni los mismísimos sindicalistas, estaban por la labor. En la innegable decadencia de nuestra democracia, todo el mundo está a la suyo. Todos defienden su sillón, sus prebendas, su estatus, y la ciudadanía está como grogui esforzándose en pagar los platos rotos de toda la caterva de mediocres, cuando no aprovechados, que manejan los resortes de la economía y la política. Pero hay que recordar que los ciudadanos no somos inocentes. Los ciudadanos de esta región por ejemplo observamos el desastre de Caja Castilla-La Mancha sin decir ni mú. Inoperancia, chalaneos, choriceos, morro puro que parece no importar a nadie. Pero lo pagamos. O vemos el despropósito vergonzoso del aeropuerto de Ciudad Real. Quinientos millones del ala financiados en un cuarenta por ciento por la susodicha Caja y recientemente avalado, mientras se muere, por el gobierno regional por ciento cuarenta millones. Millones que pagaremos. Y hablo de dinero que tiene más efecto, ni siquiera me canso con la afectación ambiental dado que sus kilómetros de pista vacía y sus miles de metros cuadrados de infraestructuras se ubican en una zona protegida con más de sesenta especies en peligro. El diario Le Monde se ha puesto las botas recientemente titulando un reportaje sobre el aeropuerto como “aeropuerto fantasma” y “una triste desviación de las finanzas públicas”. Pero que no se preocupen los gabachos, aquí está el pueblo manchego para pagar la púa. O podríamos recodar aquella gilipollez de macroproyecto de un a modo de Disneylandia con boina que fue El Reino de Don Quijote; ciento sesenta millones gastados para llegar a la conclusión de que era una gilipollez. Ciento sesenta millones que pagamos usted y yo. De modo que si el aprecio a la democracia, a la honradez, a la inteligencia no nos mueve, debería por lo menos movernos el dinero que dilapidan estas gentes en la mayor impunidad.

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