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El Puente. León Molina

La justicia está malita

La justicia está malita

Si la actuación de  la justicia de un país no concuerda con el sentido mayoritario de los ciudadanos sobre lo que es justo y lo que no, ¿para qué sirve?.  Si la actuación de la justicia, una vez que las leyes han sido dictadas por  los representantes de los ciudadanos se enmarañan y oscurecen en su aplicación a través de procedimientos, jurisprudencias, discrecionalidades y prescripciones que no entendemos, ¿a quién le van a transmitir confianza?. Si la justicia actúa con tanta lentitud que a veces es inútil o incluso crea problemas mayores de los que en teoría pretende evitar, ¿cómo se puede confiar en ella?. Si los agravios comparativos de las sentencias son a veces tan manifiestos, ¿quién la va a sentir respeto por ella?. Si observamos que en la composición y actuación de los cuerpos judiciales superiores se libra una batalla sangrienta entre las facciones e ideologías políticas tanto desde dentro de la profesión como desde los gobiernos, ¿cómo podemos sentirnos tranquilos acerca de su necesaria ecuanimidad?. Si el necesario e incuestionable régimen garantista de la justicia se retuerce y pervierte hasta llegar incluso a desarticular sentencias y culpabilidades probadas, ¿cómo podemos llegar a sentir la seguridad de su fuerza?. Si los propios gobernantes afirman ceremoniosamente que respetan la justicia y sus fallos cuando les son favorables y los critican acerbamente cuando les son desfavorables, ¿cómo podemos confiar en ellos como garantes de la independencia judicial?. Todas estas son cuestiones que nos llevan pensar que la justicia española está enferma. No diremos desde luego que está muerta y sabemos que a pesar de su mal estado de salud, nos es necesaria y mucho mejor que la ausencia de justicia.  Pero en un un estado de derecho, democrático, con separación de poderes, la calidad y eficiencia de la justicia es un elemento de tal trascendencia que puede afectar a la democracia misma y puede minarla y desvirtuarla. Si además el poder ejecutivo colabora en esta mala calidad de la democracia con continuas mentiras, ineficacias, prebendas injustas y cambalaches que dejan la ética a la altura del betún,  es como poner a la justica griposa en una corriente de aire helado. La justicia está malita, y si este país no es capaz de curarla, nos contagiará a todos y esta enfermedad social, nos pondrá débiles y tristes y nos hará menos libres.

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