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El Puente. León Molina

2012

Gamberrada en el ente

Gamberrada en el ente

Los cambios realizados recientemente por el gobierno en los principales programas de la radio pública podrían ser calificados, si no queremos ponernos groseros, de gamberrada. Porque una gamberrada es un acto grosero e incivil según el diccionario. Y más comúnmente podríamos decir que una gamberrada  es la gracieta molesta de un metepatas que sólo le hace gracia a él y a sus compinches. La actuación del gobierno ha sido además caciquil y cenutria. Simplemente se ha tomado algo que estaba bien y se le ha dado cuatro patadas (como hacen los gamberros con el mobiliario urbano, por ejemplo) y se ha roto para risa de los cuatro tontos que contemplan la escena. Los programas de la mañana, la tarde y el fin de semana de RNE eran líderes de audiencia y mantenían su línea ascendente. Pero además el nivel de audiencia en este caso coincidía (lo que no pasa siempre) con altos niveles de calidad. Buenos programas sin duda y buenos profesionales al frente. ¿Por qué cepillárselo todo entonces, por qué destrozarlo todo? Ellos sabrán, seguramente porque esos programas y esos periodistas no eran corderitos complacientes. Y se despedazado todo tanto en cuanto a la calidad como en cuanto a la audiencia. Los índices de audiencia son para que se ruborizaran si tuvieran esa capacidad; en una época del año en que sube la audiencia de todas las cadenas, todos lo programa de RNE se pegan batacazos estratosféricos. Pero a nivel de calidad sólo hay que poner enfrente de Juan Ramón Lucas al acartonado y cansino Manolo HH para que la comparación sonroje.  Aún más clamorosa sería la comparación de las tardes entre Toni Garrido con Yolanda Flores que no tiene ni así de gracia (en esta franja por cierto, sale un señor que pronuncia muy bien las elles y larga unos discursos que suenan a la radios de los años cincuenta). A todo esto se le suma el resto de decapitaciones en RNE y TVE y la gamberrada me parece a mí que se pasa de castaño. Y todo proviene de desmontar una ley que aseguraba la necesidad de consenso y diálogo para los nombramientos de directivos en el “ente” y que trajo el episodio casi único de calidad y pluralidad en la radio y televisión públicas; una de las no muchas cosas que sin duda hizo bien el PSOE. Pero algo bueno y en su sitio es una tentación demasiado grande para un gamberro. Y se liaron a patadas. Otras de las muchas.

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Economía del bien común

Economía del bien común

Nuestro mundo está fastidiado. ¿No hay alternativa entonces?. Sí y no. No hay alternativas globales, pero sí hay muchas alternativas parciales (ideas y movimientos para nuevas regulaciones financieras, decrecimiento económico, nueva ruralidad, modelos de democracia participativa, ecologismo, etc.). Todas juntas ya son algo. Y la conciencia de la población sobre su necesidad sería algo mucho mayor aun.  Mencionaré aquí el modelo de la Economía del Bien Común, una propuesta del profesor austríaco Christien Felber, que se está extendiendo por el mundo. Un modelo que busca la superación del binomio fatal entre la economía dirigida de la izquierda y el capitalismo salvaje. Dice Felber que el único elemento de valoración del éxito de las empresas actualmente es el financiero, el beneficio. Y propone cambiar y que ese éxito se mida a través de lo que la empresa aporta al bien común de la sociedad, a lo que a la inmensa mayoría de la gente le interesa (relaciones justas y transparentes con los trabajadores y con los clientes y proveedores que promuevan beneficio mutuo, reparto de las rentas dentro unos límites razonables, concepción ecológica de la producción y los servicios, sistemas de venta éticos, incremento de los estándares sociales, eliminación de la discriminación por sexos u otros, participación de los trabajadores, redes colaborativas interempresariales, minimización del reparto de ganancias externos, etc). Se crea para ello una matriz que otorga a la empresa una puntuación en una escala numérica. Todos estos criterios se están desarrollando de modo participativo entre personas y empresas (ya hay incluso algunas grandes empresas europeas que han iniciado este camino). Las empresas podrán publicar su clasificación  y con ello ser más elegibles para los consumidores y crear redes de colaboración entre las empresas afines. Pero además el movimiento se convierte en movimiento político que lucha porque los estados ayuden a extender el modelo, primero con ventajas fiscales y más adelante con la obligatoriedad del modelo. Esto es un rápido esbozo, si desean más información sobre el asunto en internet pueden encontrarla si dificultad. El agotamiento de los modelos universales no debe llevarnos a la frustración y la inacción, sino a la creatividad y el trabajo en múltiples facetas que sumadas, nos saquen de este pozo delirante en el que andamos metidos. 

Por qué están ahí

Por qué están ahí

Los países y las sociedades que los conforman están provistos de un gran impulso debido a la inercia. Existen ordenamientos jurídicos, infraestructuras de todo tipo, flujos de movimientos comerciales, sociales, culturales, etc. Y así, cuando un gobernante llega y se sienta a los  mandos, no tiene que inventarse ni poner en marcha un país como si empezara de cero, porque el país está, mejor o peor, en marcha. Su margen de acción es relativo y limitado y lo que puede hacer es retocar, mejorar, ajustar, si se descartan los momentos de convulsión revolucionaria. Pero además resulta también que dentro de ese ámbito de lo que teóricamente puede hacer, la realidad vuelve a recortar el universo de posibilidades; existen poderes extragubernamentales que marcan ciertas líneas en el suelo, existen necesidades de acuerdo con otras fuerzas políticas, existe un marco supranacional en el que estamos metidos, existen cambios que son aceptables para la población y otros que no lo son, y otro sinfín de circunstancias que limitan el poder de decisión.  Existe otro más que se suelen autoimponer los propios gobernantes por el interés de desarrollar cambios que tengan resultados en el corto plazo porque la lucha por el mantenimiento del poder  es consustancial con la política y la organización que le ha puesto ahí presionará para que la toma de decisiones se haga siempre mirando hacia las próximas y siempre cercanas elecciones.  De modo que hay demasiadas fuerzas que empujan limitando la capacidad de acción de un gobierno.  Con esto,  los gobiernos pueden salir adelante haciendo poco, siempre y cuando esa inercia del país navegue con viento favorable. Pero cuando los vientos son contrarios, y además soplan con la virulencia que lo hace actualmente con la crisis, la cosa cambia drásticamente.  Aquí los marineros de bajura son incapaces de mantener el rumbo, bien porque no harán lo suficiente, bien porque caerán en la histeria. Los políticos mediocres, ciudadanos romos,  polillas aparatistas que apenas conocen más mundo que las reuniones de partido y el trasiego de canonjías en los pasillos, se ven enfrentados a tareas muy superiores a sus sueños de reformitas,  cochecito oficial y agenda de inauguraciones por mares encalmados. Desde que comenzó la crisis lo hemos comprobado; un país con problemas les viene grande.  La reflexión debe ser por qué están ahí. 

La tartana y el AVE

La tartana y el AVE

Decía Josep Pla “yo soy un hombre de la época de las tartanas y las bicicletas. De muy joven, aprendí  a atar un caballo a una tartana, y a guiarla, riendas en mano. Las carreteras eran malas, los caminos infernales, pero también se llegaba.” Desde esta sencillez profunda de Pla se me ocurre que una de las causas más importantes de lo desapacible de nuestros tiempos estriba en la prisa.  La prisa es una consecuencia coherente de sociedades centradas en lo material, en el tener, en la riqueza. La prisa engrasa el mecanismo de un círculo vicioso pues empuja al individuo a trazarse metas más cortas, más sencillas, más objetivables y por tanto más cercanas a lo tangible y material. O si lo prefieren, metas más cercanas al tener que al ser.  En la fuerza centrífuga de ese círculo van saliendo despedidas la aspiración al conocimiento, a la pereza creativa, a las relaciones frecuentes y calmadas con los demás, a la lenta pesquisa del conocimiento de uno mismo, a la observación y búsqueda de cierta armonía con la naturaleza.  Todas ellas son actitudes y actividades que nos pueden acercar a nuestro desarrollo como seres humanos y a la conquista no de la felicidad que es una entelequia, sino a la satisfacción, a la paz, a la alegría. Son actividades además que a pesar de fijarse largos plazos, nos ofrecen la compensación de comenzar a darnos sus frutos desde el momento mismo en que nos ponemos en camino. Son bastante ineficaces sin embargo para conseguir cosas; para conseguir cosas hay que poner sobre la mesa mucha prisa y mucho esfuerzo, es necesario que nos dejemos esclavizar por la promesa  de conseguir poseer algo.  Y así, el ser humano que vive en la civilización de la prisa es un ser patológico, que huye de sí mismo en una alocada carrera. Esta enfermedad alcanza a todas las dimensiones de su vida y por supuesto también a la política. Con esta tara, la política deja de ser la organización de la convivencia y del bien común para convertirse en un mercado de ficciones de prosperidad e incrementos de riquezas personales subastadas en la bolsa de las votaciones.  El voto convertido en moneda. Países convertidos en centros comerciales. El deslumbrante ritmo vertiginoso de pagar y tener. Pasar de la tartana al AVE está resultando a la postre demasiado caro; llegamos al mismo sitio (aquel que nuestro corazón sea capaz de imaginar)pero tanto o más cansados e hipotecados hasta las pestañas.

Territorio frontera

Territorio frontera

La buena poesía debe tener siempre algo de espejo, tiene que ser un camino que, llevado de la mano de otro, nos conduzca a territorios desconocidos de nuestro propio interior. Por eso avanzo ya que el libro de reciente aparición Territorio frontera, de Javier Lorenzo, es buena poesía.  Cuando Lorenzo en esos versos se detiene y mira su vida, vemos la nuestra, la de cada uno. En este libro el poeta, traspuesto ya el umbral de acceso a la madurez, se detiene a reflexionar sobre las emociones que este paso conlleva y llega así a la verdad sencilla que a todos nos ataca y él canta: “Ser yo tal como soy es la promesa / mi trabajo diario, la única solución, / aquello que atesoro, el desenlace.”  Esta claridad reconciliatoria se alcanza desde el ejercicio de dejar la mirada atenta recorrer cualquier cosa que caiga bajo su influjo, que puede ser un maizal creciendo o el vuelo de los vencejos. En el primer caso, el poema desemboca en la constatación de que todo el esplendor del futuro sucede ya, a cada momento: “Me duele lo que tengo, lo que observo me calma / del dolor y de la duda. Esta guarida tiene / un hallado festín para los ojos / que me conduce ¿a dónde? / A un instante, a un mundo, a la grandeza.”  En el segundo, ese cielo cruzado por el vuelo de los vencejos muestran su verdad certera que ayuda al poeta a situarse en el mundo: “A veces, como unidos a mí de tarde en tarde, / hay momentos domésticos que son, para la edad, / conocimiento”.  Se trata de un camino que lleva hacia adentro volcándose en lo que está fuera, hasta las más pequeñas cosas, o quizás especialmente las pequeñas cosas,  y refiriéndose a ellas querer “hacer de cada una la razón / del lugar que ahora ocupas / y que posee los mismos elementos que tu fugacidad”. Javier Lorenzo es en este libro, tal como textualmente nos dice en un verso “un hombre detenido”, un hombre que contempla su mudanza en la quietud magnífica del presente,  que clausura un tiempo pasado e inaugura otro tiempo desconocido sobre el que se proyecta una sobria esperanza. Este libro, que ha sido acreedor al premio Jaime Gil de Biedma, es el libro de un poeta maduro que ha conseguido una de las metas primordiales de cualquier poeta: una voz propia. Es un gran libro, es buena poesía, es un espejo en el que cualquiera podrá mirarse. 

La marca España

La marca España

En los últimos tiempos se ha puesto de moda la expresión “la marca España”. Es una más de las tantas expresiones que provienen de lo mercantil y se extienden a otros muchos campos. Como cuando hablamos de “venderle” algo a alguien en el sentido de convencerlo de algo y curiosamente con un fondo significativo de engaño. Hablamos de estar “hipotecados” por algo que dijimos o a lo que nos comprometimos, que algo “nos pasa factura”,  y otro sinfín de expresiones similares.  Todo esto, me parece a mí, es un reflejo de la enorme mercantilización en que está inmersa nuestra vida. Y “la marca España”  es un fruto más de esa situación, un fruto enorme que abarca ya a la propia ideal global del país en que vivimos. El país concebido como una gama de productos que están a la venta. Por más que la expresión sea un poco cursi, un poco pedante, un poco fea, no deja de ser apropiada en lo que tiene de quitarse la careta en un mercado global donde todo se compra y se vende. El país con todo lo tangible y lo intangible que contiene puesto a la venta. Deberíamos reflexionar entonces sobre cuáles son esos productos que se pretenden valorizar y vender dentro de esa pretendida marca. Y mucho me temo que cuando las ventas se produzcan y las mercancías vayan siendo sacadas de las estanterías en que aguardan, sentiremos que trozos de nosotros mismos nos son arrancados.  

Porque si algo es España, o cualquier otro país, es sobre todo la suma de las personas que viven aquí. Y yo me resisto a ser mercancía muda, ciega y sorda que reposa en un almacén. Por supuesto estoy exagerando, pero no tanto como para que no haya algún grano de verdad en esto que digo.  Si convertimos a un país en un logotipo puede que esto mejore los negocios de este país. Pero sucede que los países son algo más que los negocios que puedan llegar a generar, que el dinero que sean capaces de hacer correr, que la riqueza que puedan ambicionar o conseguir. Una marca procura la facilidad en la comunicación conteniendo un puñado de conceptos en una palabra. Y la múltiple realidad restante queda escondida y olvidada en esas cuatro cosas que comunica. Y esa múltiple realidad olvidada somos usted y yo y nuestra multiforme capacidad de ser humanos. Y sé que exagero, sí. Sí, pero. 

Ideologías

Ideologías

En la actual coyuntura que vivimos hoy en día en España y en el resto de Europa y el mundo, las ideologías están mostrando su incapacidad para llevarnos hacia una solución de nuestros problemas. Y esto sucede tanto porque los cuerpos ideológicos que han llegado hasta nosotros han visto como la realidad que analizaban cambia a ritmo vertiginoso, como porque esas ideologías se han deformado y devaluado por su búsqueda del poder como supuesto único camino para para cumplirse. Pero esta situación y las urgencias de transformación que sentimos, nos hacen pensar de nuevo de la propio viabilidad transformadora de las ideologías, de su poder de análisis y de elaboración de proyectos políticos y sociales. Rafael Sánchez Ferlosio se posicionaba en el sentido de la inutilidad de las ideologías: “ Tener ideología es no tener ideas. Éstas no son como las cerezas, sino que vienen sueltas, hasta el punto de que una misma persona puede juntar varias que se hallan en conflicto unas con otras. Las ideologías son, en cambio, como paquetes de ideas prestablecidos, conjuntos de tics fisionómicamente coherentes, como rasgos clasificatorios que se copertenecen en una taxonomía o tipología personal socialmente congelada". O dicho de otro modo las ideologías no sirven porque impiden el pensamiento y quedan desfasadas desde el mismo momento de su nacimiento. Las ideologías podrían ser en realidad respuestas en círculo que no fallan (como esos cuchillos excesivamente buenos que cortan el filete, el hueso y el plato en imagen tomada de un conferenciante que escuché hace tiempo). Lo dice con sencillez Ramón Eder: “Lo malo de los sistemas de pensamiento es que sistemáticamente se hacen trampas para que las cuentas salgan”. De este modo el mantenimiento de los análisis de las ideologías como generadoras de proyectos convierten a las propias ideologías emancipatorias en consevadoras. El poeta Ángel Crespo tiene un sencillo pero profundo aforismo que nos habla de esto: “No sólo son reaccionarios quienes sólo piensan en el pasado: también lo son aquellos que no piensan más que en el futuro”.

Sin proyecto, sin modelo, sin ideología, ¿cuáles son entonces las herramientas que guíen la acción, el anhelo y el camino de mejora? Se admiten ideas. 

Desafectos

Desafectos

El economista Eduardo Garzón ha echado unas cuentas: Si España se hubiera financiado desde el 89 hasta hoy al precio que presta dinero el BCE a los bancos, hoy la deuda española en vez de ser del 90% del PIB, sería un 14%. Con ese 14% no haría falta ningún recorte y sobraría pasta. Pero el BCE no presta a los estados, presta a los bancos, y estos le prestan a los estados al 6% (en el caso de los países del sur). Ese diferencial del 5%, que es una cantidad astronómica de dinero, ¿quien la paga? Pues el ciudadano, al que los estados abrazados al neoliberalismo salvaje se lo quita (vía "recortes") para dárselo a esos bancos (sus entramados de inversión, o lo que es lo mismo, "los mercados"). Así el dinero fluye de nuestros bolsillos al de la gran banca  y sus sociedades de inversión. El ciudadano medio es cada vez más pobre y ellos cada vez más ricos. Así de sencillo. Y a los tontos los distraen con que la crisis es porque hemos sido malos y gastado mucho, o porque el mal gobierno y despilfarro ha secado las arcas del estado, o porque España nos oprime y nos sangra (Cataluña), causas todas ellas que pudiendo ser más o menos ciertas, no pasan de ser los decimales de la cuenta. Es un desfalco sin más, un robo. Y Alemania, que manda en el BCE, juega el papel que juega porque el gran pastel en el reparto (y el riesgo por su avaricia) es para la banca alemana. En España esos políticos y esos partidos que dicen quejumbrosamente que no seamos tan desafectos con ellos, se han abandonado al juego ciega y cómplicemente; ¿qué quieren, que les aplaudamos?. El PSOE, desde aquel ministro que llamaba a la inversión diciendo que España era un chollo para ganar dinero, ni siquiera se ha planteado tocar estas estructuras porque le iba bien en el machito, el PP está en su salsa socavando la estructura de lo público y hasta IU, que va de pureta, no ha tenido empacho, cuando sus exiguas cuotas de poder se lo han permitido, en sentarse en el consejo de administración de Bankia y firmar sus cuentas en el proceso orgiástico de cargarse aquella banca pública que hoy echamos de menos. Esa es, o al menos debería ser, la crítica central a los políticos y a los partidos. Mientras se organizaba y llevaba a cabo el gran golpe, ellos han estado en sus babias palaciegas, dedicados a mil tonterías menores, a mil batallitas alrededor de la lucha por un poder para casi nada. Nuestra desafección no es más que una hija de la suya hacia nosotros.

Defraudadores por el Nilo

Defraudadores por el Nilo

No sé si a estas alturas todavía queda alguien que dude que la crisis es un gran desfalco, sencillamente un robo de los grandes poderes financieros a toda la población con la complicidad activa o pasiva de poderes políticos que actúan como corporaciones y con silencio y cobardía. En ocasiones la cosa llega a límites de opereta. Hace unos días, el periodista griego Kostas Vaxevanis fue detenido por la policía griega por publicar una lista con más de dos mil evasores fiscales griegos con cuentas en Suiza, entre los que hay todo tipo de personas sin faltar políticos de renombre. Lo lógico sería detener o iniciar diligencias sobre los defreudadores. Pero ¿por qué no se hace?. Pues porque resulta que el gobierno griego dice que se le ha perdido la lista. No es broma. Así lo manifestó el ministro de finanzas Papaconstantinou al que Cristine Lagarde, entonces ministra de Francia se la había pasado, proveniente de un exempleado del banco suizo HSBC, que por cierto, anda escondido porque la que se le viene encima es que lo van a matar o a detener. Con ocasión de la detención del periodista griego, ha surgido la pregunta de qué pasa con la famosa lista y el actual ministro Yannis Stournaras ha dicho que sí que es verdad, que qué despiste, pero que se la pide corriendo al gobierno francés. En España el caso de la lista de evasores no es menos sorprendente; en ella figura el nombre de banqueros, políticos de uno y otro partido, expresidentes, exministros, presidentes regionales (alguno muy cercano a nosotros). Y  no sólo no pasa nada, sino que para un más completo asombro, la prensa no se hace eco de estas informaciones, cosa que sí hacen diarios como el New York Times, lo cual sabemos los no habituales de ese medio porque así lo recoge el economista Vicenç Navarro en los medios casi marginales en los que le dejan escribir. Se ve que nadie tiene ganas de hurgar. Pero que no quieran hurgar los ciudadanos, una vez destapada la información que puede dejar con el culo al aire a los defraudadores que además son los que nos están recortando la vida, es pasmoso. Y así va la cosa. Todos tranquilos por este Nilo maloliente. 

Silenciosos

Silenciosos

En estos tiempos en que nos están robando el bienestar y la democracia, es lógico que se reaccione. Pero no reacciona todo el mundo, todavía hay una importante masa de silenciosos. ¿Quiénes son esos silenciosos?. Veamos. Tenemos a los hoolingan, gente que se apuntó a una opción política como quien se saca el carnet de socio de un club de fútbol y para siempre su equipo es el mejor aunque descienda de categoría. Los cómplices, de torvas ideologías que están convencidos de que  lo que se está haciendo es correcto y si unos milloncejos de personas se tienen que joder, pues que se jodan, que este mundo es de Dios y de los listos. Los miserables, que compran un cierto nivel de subsistencia, las migajas del poder, con su silencio. Los estúpidos, que como son estúpidos no entienden que “eso que pasa” es que le están atracando y miran al infinito con cara de lelos. Los indolentes, más conocidos popularmente como “cachocarneconojos”, los que no sienten ni padecen, cuyas preocupaciones vitales no van más allá de protegerse de las corrientes de aire, la forma exacta de hacer una paella o la auténtica verdad sobre el camino más corto para llegar a su pueblo. Los egoístas, que saben y entienden lo que pasa, pero que todavía no les ha salpicado nada en lo  sustancial de su vida y piensan entonces que la cosa no va con ellos. Los lacayunos, que han existido en todo tiempo, gente que tiene una predisposición insalvable para alabar y reír la gracia del que manda. Los cobardes, seres asustadizos para los que todo es sobresalto fuera de su madriguera. Los iluminados de toda laya que creen vivir o esperan vivir en un mundo que no es éste y responden con jaculatorias susurrantes cuando les arrean hasta dejarlos en la pobreza. Y sobre todo los que proceden de la destilación de las plantas aromáticas del judeocristianismo, que hozan en los placeres de la culpa y piensan que todo lo malo que nos pasa nos lo merecemos, los cuales no son pocos, habida cuenta de la suerte de que goza la frase “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. ¿Se salva alguien entonces en el silencio?. Pues mire usted, no. Porque su silencio aviva las llamas en que nos achicharramos a todos.  Con ellos cargamos; son el lastre que tira de nuestra sociedad hacia las profundidades de la decadencia.

Un mejor pasar

Un mejor pasar

Quizá en los pueblos pequeños la crisis se sobrelleva mejor que en las ciudades. Eso sí, habría que precisar que la vida rural no se da en estado puro ya en ningún pueblo y por lo tanto hay muchas personas de los pueblos que han sido golpeadas por la crisis con similar dureza que otras de las ciudades, de modo que espero que no tomen mi comentario como una desconsideración. Hay razones que lo explican: en primer lugar respecto de las ciudades, los pequeños pueblos, especialmente los más aislados (como en el que paso la mayor parte de mi tiempo) vivían ya en un estado de crisis relativa respecto a las ciudades. Sus medios de producción y de vida han estado acosados por nuevas formas económicas y sociales que los han situado en clara desventaja  frente a los habitantes de las ciudades. De hecho la emigración lleva décadas haciendo presa en ellos desgarrando familias y obligando a tremendos esfuerzos a aquellos que deciden quedarse. Hay otra razón para explicar ese mejor pasar hoy de la gente en los pueblos; aquí tenemos huertos y bancales, corrales con animales domésticos y hasta puntualmente caza. Al habitante de la ciudad le puede parecer poca cosa por la distancia enorme que soporta en el camino de la provisión de alimentos, pero es que un huerto y un corral  resuelven la comida muchos días al año. Y además de esto hay otras muchas pequeñas producciones  caseras que se intercambian entre los vecinos. Y la vida sería todavía mucho menos  si la locura consumista no hubiera prendido también en el mundo rural (no faltan por aquí las teles por cable, los ipod para el chiquillo y otras zarandajas). Teniendo en cuenta esta realidad y los tiempos que sin duda se avecinan hay personas poniendo en marcha por estas sierras cooperativas de consumo basadas en el intercambio directo de las producciones propias, que son una inteligente respuesta y que en algún artículo presentaré. La vuelta al campo para muchos es una quimera. Pero los que viven en el campo tienen la posibilidad de defenderse mejor, sobre todo si aprovechan sus oportunidades. Y además aquí hay más tiempo, menos contaminaciones, más apoyo humano y un entorno de vida en general más agradable. Así que sin llegar a decir que en los pueblos se vive mejor, sí diría que en las actuales circunstancias, se vive “menos peor”.  

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Poetas un año más

Poetas un año más

Esta semana comienza la decimotercera edición de 5 Poetas en Otoño. 5 Poetas en otoño es una serie de recitales a los que son invitados poetas de primer nivel del panorama español para leer sus versos y conversar con los asistentes. Este evento está organizado por el grupo poético Poetas de la confitería, al que pertenezco. He vivido por tanto sus orígenes, las gestiones iniciales para ponerlo en marcha y he asistido a la mayoría de los recitales. En estos últimos años he estado un poco desvinculado de la organización cuyo peso recae de manera más intensa en mis amigos más ilusionados o voluntariosos. Por eso esta nueva edición me llega no sin un cierto grado de sorpresa. Sorpresa que se incrementa de manera notable cuando compruebo que esto viene sucediendo desde hace trece años. ¿Qué hacía yo hace trece años, qué me preocupaba y ocupaba, qué estaba leyendo, qué estaba escribiendo…? Tendría que hacer un gran esfuerzo y tirar de agendas viejas y papeles para poder situar todo eso. Me resulta más fácil, debido a la ocasión concreta recordar lo que hacía con mis amigos de La Confitería. Recuerdo que nos reuníamos con mucha frecuencia, compartíamos libros, nos leíamos lo que estábamos escribiendo, pensábamos de manera más o menos seria en poner en marcha actividades relacionadas con nuestra afición común, nos reíamos mucho.  Entre varias iniciativas cuajó ésta de 5 Poetas en otoño, que hoy es como una modesta marca. Con lo positivo y lo negativo que conlleva que algo se convierta en una marca. Lo que resulta tremendo para mí es que hayan sido tanto estos trece años que no son nada. Tanto como que yo soy otro distinto de aquel que estos recitales me hacen rememorar.   El grupo como tal en realidad ya no existe, quedan por supuesto las amistades y los recuerdos, esta afición nuestra poco frecuente por la poesía que nos proporciona cierto sentimiento de hermandad. Pero no un grupo como tal. A veces me siento tentado a decir a mis amigos que dejemos de usar ese nombre y otras veces me parece emotivo verlo escrito en los papeles.  La vida sigue. Sesenta y cinco poetas que hemos escuchado. Trece años. Un bucle un tanto incomprensible o sencillamente una agradable e inofensiva costumbre.  Desde mi butaca seguiré escuchando como se escucha cantar al viento entre los árboles. Dulcemente. Una vez más. Un año más. Un año menos. 

Vuelta y vuelta

Vuelta y vuelta

Durante unos años estudié filosofía. Me dejé ir por inercia, pero no llegué nunca a conectar realmente con la disciplina. Muchos años después descubro en la sencillez (suele pasar) de un texto -de Lichtenberg en este caso- una expresión clara de lo que acaso me ocurriera. Dice Lichtenberg refiriéndose a un autor que “…su filosofía es para los hombres, la otra” (que describe en otro lugar como “maraña de refinadas sutilezas” o “lucubraciones metafísicas para quienes no pueden hacer nada mejor”) “es para los profesores”.  Yo deseaba ser sabio, quería una filosofía de y para la vida y encontré sobre todo filosofía de y para la filosofía. Me fui alejando. La filosofía siguió su camino y yo el mío. Sigo intentando ser sabio, aunque todo indica que no voy a conseguirlo. La filosofía, no sé qué habrá aprendido de sí misma en estos años. Pero seguro que ha echado tripa, igual que yo.  Afinar la herramienta de la razón es sin duda necesario e importante, especialmente en estos tiempos raros y complejos que vivimos, porque la justicia para existir necesita de la razón. Pero quizás lo más importante es saber hasta dónde hay que afilar la herramienta, porque puede llegar a suceder que nos pasemos la vida sacándole filo y no lleguemos  a usarla. Debemos permitirnos cierto margen a la imprecisión, al error, en beneficio de la acción.  Esa distancia que queda puede ser cubierta sin temor por la intuición, que para eso está, entre otras cosas.  Mencionaba estos tiempos que vivimos y por poner sólo un ejemplo diría que si considero intuitivamente que el ministro Wert (permítanme el ejemplo, es que Wert y yo tenemos algo especial) es un sandio retrógado y un hipócrita que lleva toda su vida de “tapado” aparentando ser lo que no es, usaré la razón para desmontar su discurso, pero no necesito llegar a hacer tratados que justifiquen lo que digo, algo que se ve favorecido en este caso porque  las cosas que dice este hombre con vuelta y vuelta en la parrilla de la razón quedan listas. Vamos, que no tengo que remontarme a la metafísica aristotélica para justificar que este señor hace cosas inadmisibles defendidas con razonamientos cojitrancos. En definitiva, que no sé para qué todos aquellos años de estudiar filosofía cuando puedo sencillamente decir que Wert es más tonto que una maza, más malo que un dolor y más falso que un Judas de plástico, expresiones que no tienen valor filosófico, pero que me dejan más a gusto que un arbusto, tal como se debió quedar Hegel después de escribir la Fenomenología del espíritu.

Tomates morunos

Tomates morunos

Que sin agua no hay vida además de un axioma científico es un lugar común en conversaciones de todo rango. Pero acaso no sea menos cierto que el agua no sólo sustenta la vida, sino que además la condiciona y modula psicológicamente o, si lo prefieren, sentimentalmente, en el caso, evidentemente, de los seres humanos. No sé si algún estudioso con tiempo suficiente se habrá dedicado en alguna ocasión a analizar las relaciones entre la cultura de los pueblos y las peculiaridades del agua existente en el medio en que se desarrollan. Si no fuera  así, sin duda ahí hay un tema de investigación a priori rico y entretenido.  Y no hablo de la tecnología e instrumentos desarrollados para la búsqueda, uso y administración del agua, sino como el agua (en los distintos modos en que se presenta en los biotopos) moldea una determinada cultura. En este estudio, lógicamente el análisis del lenguaje en relación con el agua tendría un lugar preminente. Valga aquí como muestra un sólo botón que ofrece la plasticidad del lenguaje manchego; aquí de una persona con carácter huraño y reservado decimos que es un “secuzo”. Estas personas, que raramente veremos “enflascás” vienen a ser lo contrario de “un alma de cántaro” que son aquellas otras que nos ofrecen su compañía completamente exenta de maldad. Desde que Heráclito, medio siglo antes de Cristo se pusiera a flipar con lo de si el río en que se bañaba era el mismo cada vez o era distinto, además de colaborar a la creación de esa anomalía de la especie llamada “filósofos”,  nos señaló quizás involuntariamente a través de lo que sólo era un ejemplo, la relación profunda y misteriosa de los seres humanos con el agua, o lo que es lo mismo, con la parte más importante de su propia materia cuando puede ser observado fuera de sí mismos. El agua nos fascina, nos tortura, nos embelesa, nos alegra o entristece, nos nace y nos mata. Anoche, compartiendo con los amigos un magnífico tomate recién cogido de la huerta, esta huerta de mi aldea que dispone de todo el agua que se necesite, consideré que el tono de la conversación, los chascarrillos y el sentido del humor y hasta las facciones de las caras de los tertulianos obedecía más que a cualquier otra cosa a los efectos de haber saboreado donde todas sus vidas el  agua perfumada de los tomates morunos de estas sierras. Lo cual certifico porque sí,  porque no tengo mayormente otra cosa que hacer mientras espero con los montes las primeras lluvias del otoño que nos lave y ponga guapos.

Tu primo no te quiere

Tu primo no te quiere

“Tu primo no te quiere, tu primo se aprovecha de ti, tú eres diferente a tu primo, eres más guapo y más listo y él siente envidia, tu primo es tu primo porque tu tío dio un braguetazo pero no es como nosotros… “ Si una persona pasara toda su vida escuchando esto en su casa durante años y años, es fácil  que esa persona acabara hasta las narices del dichoso primo. Pues algo así es lo que le ha pasado en las últimas décadas a una parte significativa de los catalanes.   Prueba de ello es el diferencial tremendo que ofrecen los estudios demoscópicos sobre lo que los catalanes creen que el resto de los españoles piensan de ellos (mayoritariamente piensan que no los aprecian, que no los quieren) y lo que realmente piensan mayoritariamente el resto de los españoles ( que no alberga ningún sentimiento anticatalanista). Durante años he viajado con frecuencia a Cataluña y trabajado y compartido tiempo laboral y privado con catalanes y esta realidad se me mostraba claramente para mi sorpresa; muchos de los catalanes con los que trataba daban por sentado que no los apreciábamos o que estábamos hasta las narices de ellos o cosas parecidas.  Y creían que yo mentía por educación o táctica cuando les decía que mi percepción era que eso no se correspondía con la realidad. Pero es que, claro, somos el primo de la matraca que han escuchado durante toda su vida. Es un malentendido basado en falsedades repetidas hasta la saciedad por las esferas nacionalistas de Cataluña. El nacionalismo que todo lo enmierda, con perdón. De modo paralelo a esta cuestión los sondeos indican que una amplia mayoría de españoles no pondrían grandes trabas a una independencia de Cataluña, salvo su convicción de que sería una decisión que perjudicaría tanto a Cataluña como a la España resultante.  De modo que nuestro personaje está gritando “estoy harto de ti y tú de mí, lo sé, hasta las narices de tener que ir a todos lados con mi primo, me voy, ya no salgo más contigo”, mientras que el primo flipa en colores y le dice “pues hombre, yo estoy a gusto contigo, si tu no, pues andandico, pero me dejas a cuadros, no sé quién te habrá metido eso en la cabeza, me parece a mí que desde que se murió el abuelo, has tenido toda la libertad del mundo… ”. Y ahí sigue nuestro personaje con el pecho inflamado mientras repite “soy distinto, soy distinto, soy distinto…”, delante de sus progenitores políticos que se miran entre sí con una risa un tanto floja. 

Apariciones

Apariciones

Llevo unos días regular; se me olvidan las cosas, se me rompen los abrefácil, no sé nunca dónde he dejado el libro que estoy leyendo… Todo eso podrían ser cosas normales y llevaderas, pero es que hay algo más. En los últimos días se me ha aparecido varias veces la Cospedal en las sombras  del gotelé. Sí, sí, sin duda es ella, con las manos juntas en gesto de oración, con los ojos mirando hacia arriba, con teja y mantón y con una especie de hábito corto que deja ver su pierna en la que hay una liga que sostiene una pequeña pistola. Me preocupa, la verdad. No digo que no sea fascinante la visión, pero acojona un poco, la verdad. Esto empezó a suceder después de su show en las Cortes de nuestro paisico manchego, cuando estaba echando marcha atrás de su decisión de unos días antes de aumentar los diputados para ponerlos en las provincias donde gana. Ahora no más, no, ahora la mitad de diputados y sin sueldo. Yo en un acto espontáneo me dirigí a ella en la pantalla y le dije: “que no Cospe, que no era eso, que lo que decíamos todos era que un sueldo normal y uno solo y gastos comedidos, que se te ha ido la mano siete pueblos. Piensa, hija mía, ¿no ves que estás dejando fuera de la política a todo el que no sea rentista acomodado? Porque si un diputado tiene que trabajar en lo suyo y en las Cortes, digo yo que  se curra lo de las cortes y se arruina y lo cosen a collejas la familia, o no le da un palo al agua a la cosa de las leyes. O buscas gente que trabaje poco y ande sobrado de tiempo (yo desconfiaría), porque en política no se pueden cobrar varios sueldos, ¿no? O tendrás las legislaturas con más sesiones de la historia de la democracia mundial para que las criaturas se saquen un suledecejo en dietas.  Considera, hermosa mía, que el ahorro que conseguirás con eso es una nimiedad comparado con el que podrías conseguir con los diez mil cargos intermedios y de confianza a los que les has subido el sueldo, por cierto. No habrás caído. ¿Y ahora qué vamos a hacer con tu cigarral cuando tú también te quites el sueldo?. Que lo bien que quedaba en las revistas, oye”.  Decía todo esto y mi familia me miraba en silencio con cara de asombro. Yo también estoy preocupado, sí. Si por lo menos te me aparecieras siempre en el mismo sitio, pero es que hoy te he visto en la rejilla de la campana mientras me hacía la cena. Ibas de manchega con los moñetes llenos de navajas. Te le podías aparecer a Arenas, Cospe, jolín, que me tienes en un ay. 

Lenguaje y libertad

Lenguaje y libertad

Una tarea de no poca trascendencia en la búsqueda de la libertad es el análisis y crítica del lenguaje, especialmente aquel que suena por los altavoces del estado.  Actitud hoy en decadencia por varios motivos: acriticismo cada vez mayor de muchos ciudadanos sobresaltados y asustados por el monstruo de la crisis en medio de su sueño consumista , la destrucción de los significados por el uso interesado (inmoral) del lenguaje puesto al servicio  la lucha por el poder (esto no es de ahora, es eterno),la sobreabundancia de mensajes que reduce la realidad a titulares con foto, una educación centrada en conocimientos instrumentales más que en la formación humanista y  fruto de ello la caída en picado del propio dominio del idioma (un paseo por las redes sociales y el uso en ellas de ortografía, gramática y sintáxis  es desolador). Pero para ser críticos con lo que nos dicen no es necesario convertirse en teóricos de la lengua, sino sencillamente estar atentos, ser desconfiados, leer entre líneas. Los gobernantes  son diestros en manipular el lenguaje, lo que  unido a la simple voluntad de mentir es un buen cóctel para la dominación. Nos dicen por ejemplo que algo es “buenista” para condenarlo a su imposibilidad, cuando en realidad la mayor de las veces es una sustitución perversa de simplemente “bueno”.  Nos dicen machaconamente que algo no es “sostenible” como un veredicto que apenas hay que demostrar y que suele esconder la nula voluntad de realizar el esfuerzo y cambios necesarios para conseguir algo. Nos hablan de “competitividad” y se acepta universalmente la bondad del concepto, olvidando que la competitividad puede ser una desalmada máquina de triturar individuos, amén de que el modelo que propone el poder para llegar a ella no es ni mucho menos el único. Nos hablan de “innovación” ligada exclusivamente a la producción de bienes de consumo, en una limitación perversa del concepto. Nos hablan de “democracia” y “democratizar” cuando están pensando en devaluar, vulgarizar y en la imposición ciega e injusta de las mayorías sobre cualquier diferencia o disidencia, olvidando que sin  disidencia ni desacuerdo sólo se puede construir la tiranía. Si no criticamos y desnudamos el lenguaje del poder (tanto en quien lo ejerce como en el que lo tolera encantado y lo pregona), este se convierte en los grilletes que nos esclavizan y de ciudadanos nos convierten en esclavos, en masa manipulable. 

Conservadores

Conservadores

La historia de la humanidad refleja un proceso continuo de acción y reacción, de búsqueda porque haya cambios y lucha porque no los haya, de innovación y conservación. A la luz de la historia casi siempre los partidarios de la reacción, los inmovilistas, los conservadores, salen mal parados y vienen a representar las más de las veces al malo de la película. Y de algún modo es lógico que así sea. De entrada existe una situación casi metafísica; la evidencia de que el mundo, la sociedad, la realidad no se detiene nunca y está sometida a cambios más o menos acelerados o intensos, pero desde luego nunca permanece siendo la misma. Los conservadores llevan ya desde ahí todas las de perder, pues su empeño en que las cosas se mantengan en el orden en que están las más de las veces lleva dentro de sí el cáncer de la desadecuación a los cambios que la realidad tercamente aporta. Se podría decir que la actitud conservadora tiene siempre un pie puesto en el fuera de juego. ¿De dónde viene entonces esa actitud tan extendida y potente? A mi juicio suele venir de dos fuentes principales; el egoísmo y el miedo. El egoísmo de aquellos a los que le va bien a título individual o eso esperan y luchan contra los cambios que los puede apartar de esa situación privilegiada. Y el  miedo, que es un sentimiento humano que todos llevamos dentro y que inculca la zozobra en los corazones frente a los cambios, como tan  bien sintetizó Erich Fromm en su concepto de “miedo a la libertad” en el libro de ese mismo nombre. Los que están dominados por el miedo, a su vez se dividen en paralizados y sumisos. Los paralizados son peso muerto social, excipiente de cualquier fórmula, masa acrítica. Hoy en día esta parte de la sociedad es de gran importancia y determinante peligrosa; en buena medida es la integrada por los famosos “indecisos” que deciden en las elecciones.  Los sumisos son más peligrosos aun, los sumisos no tienen poder ni dinero, pero se sienten bien a la sombra de los poderosos. En todos los tiempos han existido; son la claca del poder que sienten el iluso consuelo de pertenecer al equipo ganador (como si por ser forofo del Madrid fuera a ganar la pasta que gana C. Ronaldo); estos suelen tratar de reivindicarse y son los que hacen el trabajo sucio y suelen ser más papistas que el papa.  Estas dos fuerzas, egoísmo y miedo, se realimentan; los que tienen miedo piden a los poderosos egoístas que usen su poder para que todo siga igual y los poderosos alimentan permanentemente el miedo en los miedosos como barrera de protección de sus privilegios. Con ellos a rastras vivimos.

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Mirando por las rendijas

Mirando por las rendijas

En algunos momentos se abren pequeñas rendijas por las que los simples ciudadanos podemos entrever las pruebas y las magnitudes de la colosal estafa que sufrimos por parte de ese matrimonio bien avenido del gran capital codicioso y una clase política incompetente y criminal. Hervé Falciani era un trabajador del banco suizo HSBC que durante años capturó cuentas, datos e identidades de las grandes bolsas de dinero negro custodiadas por esa entidad. Por una carambola del destino, a este señor, la justicia francesa le incautó toda esa información.  Ciñéndonos a lo que afecta a España –porque si no, el historión no cabe en este artículo-, la justicia francesa entregó la información de 3.000 cuentas españolas que afecta a unos 700 evasores de impuestos en nuestro país que juntos suman una evasión al fisco español de unos 6.000 millones de euros. Consideren que esto es lo descubierto en uno de los muchos bancos suizos que es uno de los muchos países que se comportan como paraíso fiscal. De modo que es fácil aventurar que  el fraude puede ser varias veces el total del rescate de nuestro país. Uno de los primeros investigados fue Emilio Botín, que al día siguiente se presentó con los 200 millones que había defraudado con lo que se cerró el expediente y en paz, ni denuncias, ni juicios. Pero hagamos alguna comparación; lo defraudado por Botín (sólo en ese banco, sólo en ese país) es exactamente el m ismo importe de lo recortado por el gobierno a las CCAA en julio en el capítulo de ayuda a la dependencia, que convertirá la vida de muchos ciudadanos en un infierno. El total de fraude descubierto (sólo en ese banco, sólo en este país) es una cantidad idéntica al recorte que el gobierno hará a las CCAA en 2013, que como es lógico en su mayor parte se llevarán a cabo en educación y sanidad. Dice el gobierno, sin descomponer el gesto,  que el sistema no es sostenible. Y es cierto, el país no puede sostener a tanto ladrón de guante blanco, a tanto sinvergüenza en coche oficial, sobre todo porque lo estamos pagando ya no con dinero, sino con nuestra salud, con nuestra educación, y por resumir, con nuestra dignidad. Por rendijas como esta se ve a veces el tamaño del desfalco ¿Y qué mas?, ¿se ve quizás también que los ciudadanos se están perdiendo definitivamente el respeto a sí mismos? Lo iremos viendo cada día.

Fracking en Albacete

Fracking en Albacete

Una grave amenaza medioambiental se cierne sobre Albacete, pero como tantas otras cosas graves, parece que pasa desapercibida ante los problemas económicos y sociales de la actual crisis y su gestión asalvajada. Hablamos de los permisos que en gobierno regional pretende otorgar para llevar a cabo sondeos petrolíferos, y pretende otorgarlos además si n necesidad de realización de estudio de impacto ambiental. Es un disparate  y una desvergüenza. El sistema de sonde es el conocido como “fracking”, que para entendernos de modo sencillo consiste en perforar el terreno hasta grandes profundidades combinándolo con explosiones que se producen por inyección a presión de distintas sustancias, algunas de ellas de un alto poder contaminante. Con ello se trata de quebrar las rocas del subsuelo a través de sus fallas o debilidades naturales.  Los peligros de degradación medioambiental; contaminación de las aguas subterráneas, cambio de las bolsas de los acuíferos con la desaparición de fuentes y cursos de agua que sostienen la agricultura y la vida del entorno, contaminación por metano, reflujo de metales pesados y materiales radiactivos por la rotura de los depósitos. Además esto se quiere llevar a cabo en el suroeste de la provincia (sierra y campos de Montiel), que son precisamente los que conservan mejor su riqueza ambiental y luchan por sacar adelante un modelo económico basado en la explotación turística de sus valores naturales. Este tipo de explotación, además, produciría un grave daño en superficie pues las hipotéticas estaciones de sondeo ocupan un gran espacio y necesitan de obras públicas que causarían una grave afectación a la naturaleza.  La amenaza es muy seria y muy importante, pero claro, los problemas económicos y sociales son la gran barrera sonora que oculta una gran cantidad de cuestiones que podemos lamentar profundamente en el futuro. De hecho la política medioambiental del ayuntamiento de Albacete y de la administración regional está sometida en el mejor de los casos a la desidia y al abandono y en la mayor parte de las cuestiones al acoso y derribo pues en el afán ciego de recortar, y con la poca conciencia ambiental que existe entre nosotros, las administraciones sin ninguna conciencia ambiental están dejándolo todo como un solar. Lo pagaremos y lo pagarán nuestros hijos. Barbaridades como los sondeos por fracking en Albacete representan la búsqueda de un hipotético dinero a cambio de la ruina natural y la degradación de nuestro futuro. Por una vez, opongámonos

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