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El Puente. León Molina

Lenguaje y libertad

Lenguaje y libertad

Una tarea de no poca trascendencia en la búsqueda de la libertad es el análisis y crítica del lenguaje, especialmente aquel que suena por los altavoces del estado.  Actitud hoy en decadencia por varios motivos: acriticismo cada vez mayor de muchos ciudadanos sobresaltados y asustados por el monstruo de la crisis en medio de su sueño consumista , la destrucción de los significados por el uso interesado (inmoral) del lenguaje puesto al servicio  la lucha por el poder (esto no es de ahora, es eterno),la sobreabundancia de mensajes que reduce la realidad a titulares con foto, una educación centrada en conocimientos instrumentales más que en la formación humanista y  fruto de ello la caída en picado del propio dominio del idioma (un paseo por las redes sociales y el uso en ellas de ortografía, gramática y sintáxis  es desolador). Pero para ser críticos con lo que nos dicen no es necesario convertirse en teóricos de la lengua, sino sencillamente estar atentos, ser desconfiados, leer entre líneas. Los gobernantes  son diestros en manipular el lenguaje, lo que  unido a la simple voluntad de mentir es un buen cóctel para la dominación. Nos dicen por ejemplo que algo es “buenista” para condenarlo a su imposibilidad, cuando en realidad la mayor de las veces es una sustitución perversa de simplemente “bueno”.  Nos dicen machaconamente que algo no es “sostenible” como un veredicto que apenas hay que demostrar y que suele esconder la nula voluntad de realizar el esfuerzo y cambios necesarios para conseguir algo. Nos hablan de “competitividad” y se acepta universalmente la bondad del concepto, olvidando que la competitividad puede ser una desalmada máquina de triturar individuos, amén de que el modelo que propone el poder para llegar a ella no es ni mucho menos el único. Nos hablan de “innovación” ligada exclusivamente a la producción de bienes de consumo, en una limitación perversa del concepto. Nos hablan de “democracia” y “democratizar” cuando están pensando en devaluar, vulgarizar y en la imposición ciega e injusta de las mayorías sobre cualquier diferencia o disidencia, olvidando que sin  disidencia ni desacuerdo sólo se puede construir la tiranía. Si no criticamos y desnudamos el lenguaje del poder (tanto en quien lo ejerce como en el que lo tolera encantado y lo pregona), este se convierte en los grilletes que nos esclavizan y de ciudadanos nos convierten en esclavos, en masa manipulable. 

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