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El Puente. León Molina

Desafectos

Desafectos

El economista Eduardo Garzón ha echado unas cuentas: Si España se hubiera financiado desde el 89 hasta hoy al precio que presta dinero el BCE a los bancos, hoy la deuda española en vez de ser del 90% del PIB, sería un 14%. Con ese 14% no haría falta ningún recorte y sobraría pasta. Pero el BCE no presta a los estados, presta a los bancos, y estos le prestan a los estados al 6% (en el caso de los países del sur). Ese diferencial del 5%, que es una cantidad astronómica de dinero, ¿quien la paga? Pues el ciudadano, al que los estados abrazados al neoliberalismo salvaje se lo quita (vía "recortes") para dárselo a esos bancos (sus entramados de inversión, o lo que es lo mismo, "los mercados"). Así el dinero fluye de nuestros bolsillos al de la gran banca  y sus sociedades de inversión. El ciudadano medio es cada vez más pobre y ellos cada vez más ricos. Así de sencillo. Y a los tontos los distraen con que la crisis es porque hemos sido malos y gastado mucho, o porque el mal gobierno y despilfarro ha secado las arcas del estado, o porque España nos oprime y nos sangra (Cataluña), causas todas ellas que pudiendo ser más o menos ciertas, no pasan de ser los decimales de la cuenta. Es un desfalco sin más, un robo. Y Alemania, que manda en el BCE, juega el papel que juega porque el gran pastel en el reparto (y el riesgo por su avaricia) es para la banca alemana. En España esos políticos y esos partidos que dicen quejumbrosamente que no seamos tan desafectos con ellos, se han abandonado al juego ciega y cómplicemente; ¿qué quieren, que les aplaudamos?. El PSOE, desde aquel ministro que llamaba a la inversión diciendo que España era un chollo para ganar dinero, ni siquiera se ha planteado tocar estas estructuras porque le iba bien en el machito, el PP está en su salsa socavando la estructura de lo público y hasta IU, que va de pureta, no ha tenido empacho, cuando sus exiguas cuotas de poder se lo han permitido, en sentarse en el consejo de administración de Bankia y firmar sus cuentas en el proceso orgiástico de cargarse aquella banca pública que hoy echamos de menos. Esa es, o al menos debería ser, la crítica central a los políticos y a los partidos. Mientras se organizaba y llevaba a cabo el gran golpe, ellos han estado en sus babias palaciegas, dedicados a mil tonterías menores, a mil batallitas alrededor de la lucha por un poder para casi nada. Nuestra desafección no es más que una hija de la suya hacia nosotros.

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