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El Puente. León Molina

Silenciosos

Silenciosos

En estos tiempos en que nos están robando el bienestar y la democracia, es lógico que se reaccione. Pero no reacciona todo el mundo, todavía hay una importante masa de silenciosos. ¿Quiénes son esos silenciosos?. Veamos. Tenemos a los hoolingan, gente que se apuntó a una opción política como quien se saca el carnet de socio de un club de fútbol y para siempre su equipo es el mejor aunque descienda de categoría. Los cómplices, de torvas ideologías que están convencidos de que  lo que se está haciendo es correcto y si unos milloncejos de personas se tienen que joder, pues que se jodan, que este mundo es de Dios y de los listos. Los miserables, que compran un cierto nivel de subsistencia, las migajas del poder, con su silencio. Los estúpidos, que como son estúpidos no entienden que “eso que pasa” es que le están atracando y miran al infinito con cara de lelos. Los indolentes, más conocidos popularmente como “cachocarneconojos”, los que no sienten ni padecen, cuyas preocupaciones vitales no van más allá de protegerse de las corrientes de aire, la forma exacta de hacer una paella o la auténtica verdad sobre el camino más corto para llegar a su pueblo. Los egoístas, que saben y entienden lo que pasa, pero que todavía no les ha salpicado nada en lo  sustancial de su vida y piensan entonces que la cosa no va con ellos. Los lacayunos, que han existido en todo tiempo, gente que tiene una predisposición insalvable para alabar y reír la gracia del que manda. Los cobardes, seres asustadizos para los que todo es sobresalto fuera de su madriguera. Los iluminados de toda laya que creen vivir o esperan vivir en un mundo que no es éste y responden con jaculatorias susurrantes cuando les arrean hasta dejarlos en la pobreza. Y sobre todo los que proceden de la destilación de las plantas aromáticas del judeocristianismo, que hozan en los placeres de la culpa y piensan que todo lo malo que nos pasa nos lo merecemos, los cuales no son pocos, habida cuenta de la suerte de que goza la frase “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. ¿Se salva alguien entonces en el silencio?. Pues mire usted, no. Porque su silencio aviva las llamas en que nos achicharramos a todos.  Con ellos cargamos; son el lastre que tira de nuestra sociedad hacia las profundidades de la decadencia.

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