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El Puente. León Molina

Tu primo no te quiere

Tu primo no te quiere

“Tu primo no te quiere, tu primo se aprovecha de ti, tú eres diferente a tu primo, eres más guapo y más listo y él siente envidia, tu primo es tu primo porque tu tío dio un braguetazo pero no es como nosotros… “ Si una persona pasara toda su vida escuchando esto en su casa durante años y años, es fácil  que esa persona acabara hasta las narices del dichoso primo. Pues algo así es lo que le ha pasado en las últimas décadas a una parte significativa de los catalanes.   Prueba de ello es el diferencial tremendo que ofrecen los estudios demoscópicos sobre lo que los catalanes creen que el resto de los españoles piensan de ellos (mayoritariamente piensan que no los aprecian, que no los quieren) y lo que realmente piensan mayoritariamente el resto de los españoles ( que no alberga ningún sentimiento anticatalanista). Durante años he viajado con frecuencia a Cataluña y trabajado y compartido tiempo laboral y privado con catalanes y esta realidad se me mostraba claramente para mi sorpresa; muchos de los catalanes con los que trataba daban por sentado que no los apreciábamos o que estábamos hasta las narices de ellos o cosas parecidas.  Y creían que yo mentía por educación o táctica cuando les decía que mi percepción era que eso no se correspondía con la realidad. Pero es que, claro, somos el primo de la matraca que han escuchado durante toda su vida. Es un malentendido basado en falsedades repetidas hasta la saciedad por las esferas nacionalistas de Cataluña. El nacionalismo que todo lo enmierda, con perdón. De modo paralelo a esta cuestión los sondeos indican que una amplia mayoría de españoles no pondrían grandes trabas a una independencia de Cataluña, salvo su convicción de que sería una decisión que perjudicaría tanto a Cataluña como a la España resultante.  De modo que nuestro personaje está gritando “estoy harto de ti y tú de mí, lo sé, hasta las narices de tener que ir a todos lados con mi primo, me voy, ya no salgo más contigo”, mientras que el primo flipa en colores y le dice “pues hombre, yo estoy a gusto contigo, si tu no, pues andandico, pero me dejas a cuadros, no sé quién te habrá metido eso en la cabeza, me parece a mí que desde que se murió el abuelo, has tenido toda la libertad del mundo… ”. Y ahí sigue nuestro personaje con el pecho inflamado mientras repite “soy distinto, soy distinto, soy distinto…”, delante de sus progenitores políticos que se miran entre sí con una risa un tanto floja. 

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