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El Puente. León Molina

Gamberrada en el ente

Gamberrada en el ente

Los cambios realizados recientemente por el gobierno en los principales programas de la radio pública podrían ser calificados, si no queremos ponernos groseros, de gamberrada. Porque una gamberrada es un acto grosero e incivil según el diccionario. Y más comúnmente podríamos decir que una gamberrada  es la gracieta molesta de un metepatas que sólo le hace gracia a él y a sus compinches. La actuación del gobierno ha sido además caciquil y cenutria. Simplemente se ha tomado algo que estaba bien y se le ha dado cuatro patadas (como hacen los gamberros con el mobiliario urbano, por ejemplo) y se ha roto para risa de los cuatro tontos que contemplan la escena. Los programas de la mañana, la tarde y el fin de semana de RNE eran líderes de audiencia y mantenían su línea ascendente. Pero además el nivel de audiencia en este caso coincidía (lo que no pasa siempre) con altos niveles de calidad. Buenos programas sin duda y buenos profesionales al frente. ¿Por qué cepillárselo todo entonces, por qué destrozarlo todo? Ellos sabrán, seguramente porque esos programas y esos periodistas no eran corderitos complacientes. Y se despedazado todo tanto en cuanto a la calidad como en cuanto a la audiencia. Los índices de audiencia son para que se ruborizaran si tuvieran esa capacidad; en una época del año en que sube la audiencia de todas las cadenas, todos lo programa de RNE se pegan batacazos estratosféricos. Pero a nivel de calidad sólo hay que poner enfrente de Juan Ramón Lucas al acartonado y cansino Manolo HH para que la comparación sonroje.  Aún más clamorosa sería la comparación de las tardes entre Toni Garrido con Yolanda Flores que no tiene ni así de gracia (en esta franja por cierto, sale un señor que pronuncia muy bien las elles y larga unos discursos que suenan a la radios de los años cincuenta). A todo esto se le suma el resto de decapitaciones en RNE y TVE y la gamberrada me parece a mí que se pasa de castaño. Y todo proviene de desmontar una ley que aseguraba la necesidad de consenso y diálogo para los nombramientos de directivos en el “ente” y que trajo el episodio casi único de calidad y pluralidad en la radio y televisión públicas; una de las no muchas cosas que sin duda hizo bien el PSOE. Pero algo bueno y en su sitio es una tentación demasiado grande para un gamberro. Y se liaron a patadas. Otras de las muchas.

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