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El Puente. León Molina

 

ACERTIJO

 
 
 
 

Una gran urbanización compuesta por distintos bloques de apartamentos decidieron organizarse para gestionar los servicios comunes. Cada edificio tenía sus representantes democráticamente elegidos, de modo que se decidió crear una Agrupación de vecinos que respetando la representatividad política del conjunto de los edificios, aglutinara la gestión de servicios comunes, cuidando especialmente de atender las necesidades de los edificios más pequeños. Dicho y hecho. Para gestionar los servicios de cada área (viales, jardines, cultura, fiestas, etc.) se crearon multitud de departamentos con sus equipos técnicos al frente, vehículos, herramientas y  personal de distinto grado profesional. Antes de darse cuenta, contaban con casi mil empleados. Al tiempo comenzaron a detectarse algunos problemas. La verdad es que el funcionamiento era raro, las comunidades de cada bloque en vez de pedir cosas al ayuntamiento se las pedía a la Agrupación para que ésta la pidiera al ayuntamiento, el cual pedía dinero al gobierno regional para  ayudar a las asociaciones. Cualquier cosa menos pedirlo directamente. Por causas parecidas encontraron con el correr del tiempo que existían muchos servicios digamos raros. En una ocasión, por ejemplo, y aunque parezca increíble, se creó un imprenta con todas sus máquinas y personal para ahorrar en los folletos. También había un colegio y un buen número de otras actividades sin sentido. Descubrieron que la gestión era lenta, torpe y archiburocratizada y que los periodos electorales producían parálisis en la gestión que a veces abarcaban muchos meses antes y después de las elecciones. También se habían convertido en los peores pagadores de las distintas instituciones de vecinos habiendo arruinado ya a más de un proveedor. Pero sobre todo, descubrieron  que de  los sesenta mil euros que tenían para dar servicios a los vecinos, casi cuarenta mil se les iban en pagar al personal. Pero lo curioso es que parece que la situación no preocupa a casi nadie y los pocos que protestan se encuentran un muro de silencio. Y los políticos de las agrupaciones vecinales de rango nacional pueden estar dispuestos a cambiar incluso la Constitución del país, pero las agrupaciones de vecinos, ni tocarlas. Muchos vecinos no entendemos las razones del inmovilismo. Y lo mismo nos va a dar.

Hasta aquí el acertijo. Si aún no sabe de qué estoy hablando, dé una vuelta por el Paseo de la Libertad. Gracias por jugar y hasta la próxima.

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