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El Puente. León Molina

 
 

CIUDADANASTROS

 
 
 
 

En los últimos tiempos, hablamos todos mucho de la degradación que el ejercicio diario de la política alcanza en nuestro país, hablamos  del bajo nivel de la política y los políticos, y hablamos sin misericordia de la abundancia de “politicastros”.  Y no diré yo que no sea cierto, aunque seguramente habría que definir las proporciones o matizar los adjetivos. Porque esas palabras pueden ser perfectamente reversibles. De modo que también estaría de acuerdo si alguien afirmara que en este país hay una gran cantidad de “ciudadanastros”. El  ciudadanastro canalla entra de lleno en el campo de lo criminal (estafadores de alta y baja estofa, maltratadotes, pedófilos, ladrones, asesinos...). El ciudadanastro listillo se mueve casi sin ser reprobado por nadie en una línea delictiva tenida por light (defraudadores del fisco, violentos de baja intensidad, insultadores, maledicentes y cotillas  profesionales, gamberros...).El ciudadanastro pedorro  no delinque pero es muy molesto (los que se cuelan en las colas, los que tiran porquería por todos lados, los guarros que no se lavan, los que berrean sus tontunas futboleras en tu oreja, los groseros chorreantes de hormonas en descomposición...). Existe también un tipo muy extendido pero que pasa desapercibido: el ciudadanastro egoísta (el que no toma parte, el que no juega, aquél para quien lo público es una marcianada que no va con él y que no entiende los impuestos, ni las normas de civismo, ni la supremacía del bien común sobre los intereses particulares...). El ciudadanastro jeta que pasa por probo ciudadano y resulta ser un funcionario que se rasca las narices a dos manos (con estos ojos que se comerán los gusanos yo las he visto en grupo brazos en alto dando clases de sevillanas en horas de trabajo), los cuentistas, el sablista (raza que sobrevive desde siglos atrás en nuestra tierra), el famoseo inmundo, los que piden en los restaurantes que les engorden la cuenta para sacarle algo a la empresa, los que se van a almorzar y de paso se llegan a la huerta y riegan las habas y vuelven repartiéndolas ufanos a los compañeros dos horas después (verídico), y no cuento más que me ciego. De modo que está el ciudadanastro que hace ola. Los políticos podrían decir entonces que existen los politicastros de igual modo que existen los ciudadanastros, pero que en este juego la mayoría son ciudadanos y políticos y lo otro sus desgraciadas excepciones. Y llevarían razón. Pero en ese caso yo les diría que sólo existe un tipo de politicastro; el indigno y que si no hacen limpieza ellos, somos los ciudadanos los que tenemos que pasar el paño. 

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