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El Puente. León Molina

 

CRUCE DE CAMINOS

 
 
 
 

Descubres de pronto un día que ese chico de barba que pasa por el pasillo y ese otro que miras hacia arriba son tus hijos. Aquellos niños a los que llevabas al campo a descubrir rincones maravillosos que ellos creían  sólo nuestros,  aquellos niños que te preguntaban todo porque creían que tú para todo tendrías respuesta,  los niños que se abrazaban a ti como agarrando el mundo entero, hoy son muchachos que empiezan a caminar solos por este maravilloso mundo de mierda. Los ves divertirse como sólo a esa edad puede uno divertirse, buscar y experimentar, acertar y equivocarse, restregarse en fin con las aristas del mundo para arrancarse  la piel de la niñez  y estrenar la que palpita debajo fresca, aún tierna, pero que será un día con suerte dura y elástica para entenderse con el mundo.

En este momento los hijos se convierten en un espejo y compruebas que tú también estás cambiando la piel, que tu cara, tu cuerpo, tu mirada, tu fuerza, no se corresponden con las de la foto que había de ti mismo en el álbum de tu memoria. Te miras en esos espejos grandotes y descubres -sin conservas algo de inteligencia- que eres más pequeño de lo que te creías, que la vida siempre gana y que trae para todos, para ti también, un regalito con trampa que se llama muerte. La muerte deja de ser una idea y la puedes ver y la puedes tocar. Es como un retoño que ha surgido de tu viejo tronco.  La vida por primera vez no es infinita y la mayoría de las creencias van cayendo al suelo como hojas de otoño.

Cada vez que tus hijos salen a la calle sientes la inquietud de que pudieran no volver a  la hora de cenar, de que ya no vuelvan. Y un día no lejano así será. En este tiempo de mudanzas para ellos y para ti,  las miradas dicen lo que el corazón sabe; hemos llegado al cruce de caminos. Nos separaremos. Cada uno afila las armas, medita la estrategia para las  próximas batallas. Sólo nos consuela el sentimiento extraño de que pase lo que pase estaremos en el mismo bando. Nos une una conjura que una fuerza desconocida selló en nuestro nombre.

Mañana serán adultos y tú serás viejo. Siempre ha sido así. Dicen que es algo natural. Yo les deseo una vida plena, intensa, gozosa y que de vez en cuando vengan a contármelo. Y para mí la inteligencia suficiente para descubrir los nuevos frutos de la rebeldía  que en los años venideros estén a mi alcance para ser digno de mi muerte que quiero lejana y mecida en hermosos recuerdos en la memoria de los míos. 

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