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El Puente. León Molina

EJERCICIO DE IMAGINACIÓN

 
 
 
 

Imaginen ustedes un estado donde gobierna una monarquía feudal  y en la que el soberano dice hablar de un modo infalible por boca de Dios. Un estado sin constitución ni leyes, pero con un importante número de nobles y príncipes que manejan la cosa pública sin rendir cuentas a ninguna institución de control más que al monarca. Un estado que promulga la especie de que no tiene porqué regirse por las leyes humanas porque las suyas provienen directamente de Dios. Consecuentemente tampoco tiene por qué someterse a los dictados de la razón humana. Un estado con un mecanismo de elección del monarca consistente en una reunión secreta de los príncipes de espaldas al pueblo y cuyos procedimientos nadie conoce.

Imaginen también que este estado que lleva siglos elaborando una doctrina moral sobre la base de antiguos escritos y supuestas revelaciones varias,  tiene como objetivo primordial extender estas creencias por todo el planeta, dándose al proselitismo por todo el mundo y considerando sus súbditos a todos sus seguidores sean del país soberano que sean. Para esa red mundial de seguidores dictan normas lesivas para la salud pública,  oponiéndose por ejemplo al uso del preservativo en estos tiempos de Sida  o pidiendo a mujeres maltratadas que se resignen a su desgracia porque según sus normas el matrimonio es indisoluble . En su organización las mujeres  son relegadas por ley a puestos subalternos y los delincuentes y pederastas que surgen en su seno son levemente amonestados y escondidos con un cambio de domicilio. Condenan el sexo, la libertad de pensamiento, tardan una media de quinientos años en reconocer los descubrimientos científicos que no les cuadran con sus creencias.

Imaginen ustedes ahora que un estado soberano y laico como España firma tratados preferenciales con ese estado y  que tras la larga marcha  de conquista de la convivencia, la racionalidad y el laicismo se permite a ese estado introducirse en el sistema educativo para transmitir sus supersticiones, arcaísmos e inmoralidades a nuestros jóvenes nombrando ellos a los instructores y pagándolos nosotros con nuestros impuestos. Imaginen que todo esto fuera posible, que sucediera. ¿Lo han hecho, han imaginado?. Bien, pues ya pueden abrir los ojos.

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