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El Puente. León Molina

EL CHURRERO ILUSTRADO

 

En el momento sagrado de los churros y el periódico, una mano desliza junto a las páginas del diario un papelito de un bloc de notas publicitario que contiene un poema escrito con una hermosa letra antigua: “Me esfuerzo en hacer poesía / Pero el sueño cierra mis ojos. / ¡Cómo se pierde la vida / en la rápida caída / de tristes párpados flojos ¡. Firmado O. el churrero”.  Desde la máquina de la masa O. me envía una sonrisa cómplice desde debajo de su bigotón. Entre los titulares de la gresca cotidiana, un par de churros y un poema me dicen que cualquier día puede ser un buen día.

Otros días comienzan con sorpresa, casi con estupefacción, cuando O. se sienta a mi lado y lanza: “¿te interesa la física cuántica?. A mí me cuesta entender, a veces me mareo. Pero es fascinante. El principio de indeterminación de Heisenberg, por ejemplo, ¿no es alucinante?. Con él ¿nos acercamos o nos alejamos del conocimiento de la materia?...Bueno, luego seguimos, voy a echar otra rosca  que me están mirando mal ya”. ¡Buf!.  Vuelvo a los titulares, ¿con qué cuerpo me centro yo otra vez en los ladridos de Acebes?.

¿Cuál será la peripecia vital de O.?. Sé que estuvo por Francia estudiando hace años. “Tuve un follón porque en un manifiesto me dirigía a los profesores y a sus `apergaminados traseros´, ya ves tú. En aquella época me aficioné a la poesía. Te he traído este libro de un poeta suramericano interesantísimo. Pero lee la traducción al francés. Yo creo que es mejor que el original...”. Otro día me trajo la novela Monte de Dio de Erri de Lucca, por él lo he conocido.

“Claro que me gusta la churrería. Siempre me ha gustado trabajar con las manos. Mientras trabajas la mente se queda libre y es infinito lo que puedes hacer con ella. Además, esto es un teatro que se abre todos los días para mí. Y te puedo asegurar que observar y escuchar a la gente es  todo un espectáculo. Me gusta la gente. Soy un churrero feliz”.

O. es un churrero feliz. O no. Sólo él lo sabe. Y me lo cuenta con sabia ironía en el último poema que ha dejado caer sobre las páginas del periódico: “He oído pronunciar mi nombre / Me he cortado la cabeza / He orinado / He vomitado / He sentido vergüenza / Y me he escondido. / Como nada veía / Como nada oía / Como nada... / Me he dicho: / ¡ Cuan filósofo soy ¡.

 
 
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