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El Puente. León Molina

LA BERREA

 
 

Últimamente nuestros políticos, especialmente algunos de ellos, me hacen recordar con frecuencia la famosa “berrea” de los ciervos en la primavera. Están en celo permanente en una búsqueda urgente y rabiosa de aparearse con el poder. Todos los atardeceres salen a los claros del bosque de la información a desgañitarse con sus berridos. Están convencidos de que éste es un país de mansas y coquetas ciervas que rumian su ración cotidiana de realidad mientras miran con el rabillo del ojo para ver cuál de los machos es más grande, más bruto, para dejarse montar por él el día de las elecciones en el prado. Me asusta pensar que realmente pueda ser así. Tras la firma del acuerdo presupuestario de la UE, por poner un ejemplo, un hermoso ejemplar de muchas puntas del PSOE agacha el cuello y nos dice tronante que el acuerdo alcanzado es “un éxito y un gran logro que fortalece la Unión Europea y favorece de modo decisivo la inversión española en I+D”. A su lado un gran macho enfurecido  del PP chorreante de hormonas grita que “el acuerdo es un fracaso clamoroso tremendamente injusto para España” y que el venao del PSOE “manipula la verdad ante todos los españoles”.  No hay que ser Aristóteles para comprobar que uno de los dos miente, o que pueden incluso mentir los dos. ¿Debemos entonces ser calladas ciervas y elegir al bruto cuyo berrido más no ponga, o debemos decirles que se vayan debajo de una encina a calmarse sus urgencias sexuales como puedan?. Nuestros ruidosos ciervos hablan mucho de terrorismo, incluso lo utilizan con desfachatez e inmoralidad en la berrea, pero ellos han de saber que la mentira, el insulto y  la bronca en que andan metidos, es una forma sutil, peligrosa y profunda de terrorismo. En una reciente entrevista sobre el tema del terrorismo, el filósofo Emilio Lledó afirmó que “...además está el terrorismo de las palabras, cuando se llenan de calumnias y falsedades, muchas veces por razones políticas. En esa maceta crece esa planta apestosa y oscura, e irracional, del egoísmo... no existe sólo la corrupción económica, sino esa que proviene de la corrupción de las neuronas, que alimenta las mentiras. Un gran filósofo decía que a fuerza de usar las mentiras como argumento acabamos siendo una mentira viva... la libertad de expresión ha de ir precedida de la libertad de pensar”. La berrea extiende por los campos el eco del alarde y la mentira, la ley animal y la incivilización. Su sonido no es digno de la mayoría de nosotros. Espero.  

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