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El Puente. León Molina

 

SIN RUBOR

 
 
 
 
 
 

Tiempos extraños estos en que los ministros socialistas recortan las protecciones sociales de los trabajadores en encendidos discursos en su defensa. Los fachas alardean de su papel esencial en la consecución y mantenimiento de la democracia. Los obreros muestran su opulencia y las clases altas hacen gala de su sencillez y campechanía. Los independentistas dicen querer lo mejor para el país. La radio de la Iglesia hacen repicar cada día campanas de odio y revancha.  Un socialista –Maragall- dice sin rubor que es nacionalista pasando por alto la flagrante contradicción ideológica que ello supone. Los que despreciaban antes a los que llamaban “pancarteros”  hoy  tocan la corneta llamando a la manifestación hasta por la más inocua ley que se pretenda promulgar (véase matrimonios homosexuales). La derecha dice que las clases de religión son el mayor exponente de la libertad de enseñanza mientras que la educación para la ciudadanía es puro adoctrinamiento. Un obispo dice que el Espíritu Santo se encuentra en el ADN. Alguien que habló en su día con los terroristas, llama traidor a quien hoy manifiesta que está dispuesto hacerlo bajo las conocidas condiciones. Un locutor en la radio dice que Joaquín Sabina es poeta. El otro día unas monjitas con toca en sus cabecitas prohibieron la entrada a su colegio a una niña musulmana por llevar velo. Pero es que lo de las monjitas es inagotable. El otro día casi me ahogo mientras comía cuando vi en el telediario a un grupo de monjas manifestándose por la Puerta de Alcalá con pancartas que rezaban “libertad de enseñanza”. Claro, que la pancarta no iba a poner: “Queremos que el gobierno del estado laico haga obligatoria la enseñanza de religión y nos de la pasta gansa que no cae en los cepillos de las iglesias para que la impartamos nosotras en nuestras liberales instituciones que forman como nadie el espíritu crítico, la racionalidad y la justicia en las mentes de los chicos de buena  familia que acuden a nuestros centros y que son el futuro de este país hundido en las tinieblas del ateísmo”. Claro, es que es muy largo y no cabe. Lo magacines de la radio abren sus micrófonos para que cualquier idiota diga sus idioteces blindadas por el sagrado respeto a la opinión personal. Los delincuentes con una lista de veinte folios de crímenes  son entrevistados por la tele y nos cuentan  lo majos que son antes de salir a  cometer otro atraco con rehenes.  Y sube la audiencia como un cohete en este país de jauja en que las palabras se han liberado de su antigua relación con la razón, la verdad y la vergüenza. 

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