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El Puente. León Molina

Voces

Voces Procedo de una larga cuerda de menesterosos que corrían hacia América mientras el perro del hambre les mordía el trasero. Ellos siempre perdieron en la historia de España. Cuando cayeron los intentos liberales de la España moderna bajo la oligarquía y la Iglesia, ellos recibieron el envenenado consuelo del hambre. Cuando la Ilustración quiso y no pudo, ellos ni siquiera llegaron a tener la ilusión de librarse de la miseria. Cuando España era el imperio del mundo, ellos pusieron su famélica cadena de muertos. Y corrieron hambrientos detrás de las veloces fronteras de la España Medieval. Y dieron de comer a la antigua Hispania con su hambre. Y así siempre. Cubanos españoles -valga la redundancia- a quienes el hambre y la ausencia de libertad empujaron de nuevo a la península. Con ellos me trajeron; un mocoso que ha vivido los mejores años en toda la historia de este país. Por primera vez mis padres, yo mismo, mis hijos, somos españoles libres que viven sin temor a la miseria. Y somos también, más a allá de la retórica, ciudadanos europeos. En cierta medida hemos conseguido ser españoles porque somos europeos. Y somos europeos porque hemos resistido siglos de cadenas y miserias sin dejar de ser españoles. Hemos sido españoles aunque hayamos sido también cubanos, catalanes, extremeños, gallegos..., aunque hayamos sido romanos, godos, mozárabes, judíos conversos, castellanos viejos... En este rincón del mundo entre África y Europa, los siglos nos fueron convirtiendo por casualidad en españoles, algo sin importancia. Pero es lo que somos. Pueden cambiar las fronteras, pueden desaparecer o surgir nuevas, pero caigamos en el lado que caigamos, seguiremos siéndolo. Para bien o para mal España es una de esas culturas esenciales en la historia del mundo que le impedirá desaparecer aunque desaparezca la nación y el estado. Eso no lo podrá deshacer la estupidez rampante de los nacionalismos periféricos que hunden su discurso en el integrismo católico y rancio de los viejos curas vascos, en la avaricia mercantil de la burguesía catalana. Porque por mucho que les pueda pesar, su cultura catalana es también española, su cultura vasca es también española. Soy español porque no puedo ni me apetece ser otra cosa. Pertenezco a la cultura española, aunque el estado español me da lo mismo.  Pero sucede que en este estado hoy se es libre y se come. Y al recordar la larga lista de antepasados hambrientos y esclavos creo escuchar sus voces pidiéndome que cuide esta España que ellos nunca tuvieron.
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2 comentarios

León -

Un amigo me contaba que había algo de nacionalismo en lo que decía. Yo me rebeleba frente a eso. Con tu comentario he podido comprender que él llevaba su razón y que yo puedo asumirlo sin molestias; ¡Qué bien, soy un nacionalista contingente!. Muchas gracias.

AAR -

Comparto las ideas del autor, aunque amargue la verdad -¡oh, decadencia de España!- de que haya de venir un español ultramarino a darnos lecciones de españolidad. Se lo perdonaremos paternalmente porque las suyas son lecciones de españolidad de la buena, porque de la otra, de la mala, de la de siempre, de esa todavía tenemos de sobra. Comparto ese nacionalismo irónico y contingente que proclama el autor. Imagino que los nacionalistas periféricos contra los que arremete le reprocharían al autor el hecho de ser también él mismo nacionalista, sólo que nacionalista español y no vasco o catalán. Pero, en mi opinión, el reproche no estaría en razón, pues el nacionalismo del autor es meramente utilitario, no metafísico; es materialista, no esencialista; es incluyente, no excluyente; es inteligente, no ceporro; es humilde, abierto, casual, flexible, europeísta; es un nacionalismo sin pretensiones, ajeno a cualquier tentación de patetismo, de solemnidad. Y aun así, sigue siendo de algún modo nacionalismo. Y es que en mi opinión es inevitable ser algo nacionalista: no se puede dejar de ser un poco nacionalista, del mismo modo que no se puede dejar de ser un poco machista. Lo importante no es serlo o no serlo; lo importante es serlo al mínimo: no es lo mismo contar chistes de tías que pegarles; no es lo mismo ser del PNV que ser de ETA; no es lo mismo ser un español contingente, como León Molina, que ser un español necesario, como Ángel Acebes.
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