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El Puente. León Molina

La opulencia

La opulencia “Estamos instalados en la opulencia y nos resulta ya indiferente”.  Con esta frase me sorprendió el otro día mi amigo Antonio, que es economista,  e hilando el tema siguió: “la renta per càpita de los habitantes de la Comunidad de Madrid es mayor que la muchos paises ricos de la UE, eso es algo que no saben los propios madrileños y además creo que les da igual, para ellos tener tanto es la normalidad”. Sobre la economía española decía: “el modo en que crece la economía española es algo increíble, el pasado año se crearon 800.000 puestos de trabajo, lo cual es una salvajada. A mí gustaría entenderlo, pero no lo comprendo”.  Aparte de la enorme sorpresa de escuchar a un economista decir que no entiende algo de economía  (primicia mundial), las reflexiones y extrañeza de Antonio me llevaron a mí considerar  a dónde nos conduce esto y especular con qué sentido tiene. Y, aunque se enfaden mis queridísimas hermanas, que dicen que soy un cenizo pesimista, creo que toda esta riqueza sin medida, este despilfarro, nos conduce paso a pasito a una mayor  miseria espiritual.  Cuanto más ricos, somos un poco más egoístas porque tenemos más que perder, tenemos menos tiempo para disfrutar de la vida, porque somos esclavos del costoso mantenimiento de nuestros bienes y patrimonio, somos menos felices porque el deseo de tener no se cumple nunca,  nos convierte en caballos que tiran del carro para alcanzar la zanahoria que permanece siempre a la misma distancia. La riqueza nos hace más incultos porque para tener, los conocimientos útiles son los conocimientos instrumentales resultando bastante inútiles en este sentido, la especulación o el goce estético. Si pienso en el sentido que puede tener toda esta acumulación y despilfarro, entonces sí que me pongo pesimista, porque la conclusión a la que llego es que los occidentales estamos completamente perdidos  y sin norte, completamente deslumbrados y sin ver nada. Con ser todo esto malo en sí mismo, tiene otro componente perverso; en la medida que somos más ricos, los pobres son más pobres, porque en el mundo la riqueza hoy se crea a base de tecnología que es cara, cambiante y difícil por lo que a los países sin desarrollo les resulta cada vez más inalcanzable. Nuestra economía es una máquina colosal de exclusión y fabricación de pobreza de puertas afuera. Con todo ello, la vuelta a un tipo de vida más sencilla, espero no nos llegue por la vía apocalíptica posible si esas tres cuartas partes de la humanidad sacan el cuchillo.
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