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El Puente. León Molina

Política diminuta

Política diminuta Cultural Albacete ha presentado recientemente la iniciativa que ha denominado Circuito Diminuto. Se trata de un programa de actividades culturales en el ámbito escénico que se caracteriza por programar espectáculos de pequeño formato, esto es, pocos actores, y un mínimo aparato escenográfico que permite representaciones incluso en espacios distintos a teatros convencionales. Esto supone presupuestos de bajo coste que pueden ser asumidos sin grandes dificultades por pequeños municipios con poca capacidad económica. Este paso dado por Cultural Albacete está en una línea que yo echaba de menos prácticamente desde la creación de este consorcio hace años bajo el impulso del presidente de la Diputación Juan Francisco Fernández en otros tiempos, ¡ay! de la institución y de la política local en general. Un paso de importancia para caminar en esta línea lo dio en el año 2002 la diputada provincial de cultura Isabel Molina al conseguir que  todos los municipios que formaban parte del consorcio de servicios culturales de la Diputación se integraran en Cultural Albacete. No puedo menos que soltar otro “¡ay!” al citar a Isabel Molina, una diputada que hizo demasiadas cosas para que la dejaran en paz  y al final de su mandato fue sustituida por la más absoluta inoperancia y varios de sus logros (véase por ejemplo el Consejo Editorial) han sido desmontados y permanecen lastimosamente arrinconados en el olvido y la desidia institucional. Gente como Juan Francisco e Isabel que como otros muchos no cuadran en la mediocridad política  que se ha apoderado de las instituciones a través de un aparato de partido obsesionado por el control de todo lo que se menea y donde el que se mueve no sale en la foto. Pero por fortuna, y para no cebarme en el desconsuelo, siempre queda algo de lo que hicieron aquellos que tuvieron determinación por el logro y la mejora. De modo que hoy, sobre las bases de las estructuras creadas, se posibilita por ejemplo este Circuito Diminuto que puede ser una herramienta eficaz para hacer llegar los espectáculos escénicos hasta las poblaciones que de otro modo lo tendrían realmente difícil. Y es necesario porque en los pequeños pueblos vive gente que tiene exactamente el mismo derecho que los habitantes de las poblaciones grandes a disfrutar  de la cultura, especialmente si esta viene amparada por las subvenciones públicas. Y son gentes como usted y como yo, gentes que pagan sus impuestos, gentes como todas que viven sus tragedias y sus comedias y que si les pinchan, sangran.
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