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El Puente. León Molina

Dos Españas

Dos Españas

 Los versos de Antonio Machcado“ Españolito que vienes/ al mundo te guarde Dios / una de las dos Españas / ha de helarte el corazón”  han tenido un gran éxito y han sido repetidos hasta la saciedad en la últimas décadas. Quizá esto suceda porque en realidad apreciábamos el fondo de verdad que había en esta desalentada premonición y advertencia. La popularidad de la frase se ha ido diluyendo. Y es que las dos Españas, unidas hoy en un abrazo tambaleante como de borracho nos hielan por igual el corazón. Sucede también que esas dos Españas han ido cambiando su rostro hasta ser posiblemente la misma y única España ya no separada por el tajo de las ideologías mal digeridas y por la brutalidad, sino unidas por el mismo dolor de cabeza tremendo de la resaca después de la fiesta. Puede que esto le haya pasado también a toda Europa, porque aquí nos flagelamos repitiendo lo brutos y sanguinarios que podemos llegar a ser los españoles, pero si echamos tan solo una mirada rápida a la historia contemporánea del continente veremos que sus perros no estaban atados con longanizas. Y en esa España y en esa Europa hoy únicas, el elemento de convergencia y aparente cohesión ha sido sobre todo el dinero, la riqueza cuyas migajas llegaba hasta esos ciudadanos ciegos y soberbios que se sentían los dueños del mundo cuando se cambiaron de piso y se fueron a vivir a un barrio mejor. Solo que de pronto hemos descubierto que esa riqueza no era nuestra y nos hemos quedado o estamos a punto de quedarnos en la calle. La gran derrotada en esta situación –junto con nuestras vanas y materialistas ilusiones- ha sido la socialdemocracia. Su propuesta era sencilla y claramente comprensible: democracia y libertad, mercado para crear riqueza y bienestar y gobiernos sociales que redistribuyeran esa riqueza para conseguir igualdad de oportunidades. Solo que ese dinero no era nuestro; nunca el dinero es nuestro. Incluso el dinero que circula por nuestros bolsillos tampoco es nuestro. Y el hundimiento de la socialdemocracia (no electoral sino como proyecto político) llena de oscuros nubarrones la jornada de Europa. Sólo cabe esperar que cualquiera de las mil caras del totalitarismo no nos hiele el corazón.  Porque lo van a intentar. Lo están intentando.

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