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El Puente. León Molina

EL LENGUAJE ANTIFAZ

 
 
 
 

Por muchas razones que probablemente daría para muchos artículos con los que no voy a maltratarles a ustedes, considero que una de las características más acentuadas de nuestra sociedad, es la falta de autenticidad, de claridad. Y esa actitud, como es lógico, se manifiesta en primera instancia en el lenguaje que usamos. Un lenguaje de recovecos disimulones. Está mal visto llamar a las cosas por su nombre. En la cárcel, a los malos malísimos ya   no se les llama así, sino “FIES” (Fichero Interno de Especial Seguimiento). O sea, más malo que un dolor. Un negro ya no es un negro, es un “africano de origen subsahariano” si no tiene la suerte de haber nacido en USA, porque entonces se convierte en “afroamericano”, que parece más fino. Pero en ambos casos hablamos de un negro, sencillamente. Los ATS que nos atendían en los centros sanitarios, han conseguido zafarse de nombre tan vulgar y ahora se llaman DUE (Diplomado Universitario en Enfermería). Pero son enfermeros. ¿Alguien me puede explicar que tenía de malo enfermero/a?. En lo tocante a profesiones, el mayor dislate que he presenciado se produjo en un estudio de televisión. Un concursante en un programa fue presentado como “farero”, ante lo que protestó con cara de pocos amigos. Yo pensé que era lógico porque “farero” no existe y el que cuida un faro recibe el hermoso y poético nombre de “torrero”. Pero no. El enfado del señor provenía de que su profesión debía ser reconocida con su auténtico nombre: “Técnico en señales luminosas marítimas” (raro que no dijo que eran TSELUMAS). Decir de alguien que es “cojo” o “inválido” es un agravio que te puede costar caro (con el follón de cabeza que te van a montar). Hay que decir “discapacitado físico o psíquico” y un “mongólico” es “un síndrome de Dawn” (lo he oído decir así mismo, como si la persona fuera él mismo el síndrome). Pero la palma en todo esto se la llevan los pedagogos ( qué curioso, ¿no?). ¿Saben ustedes lo que es para ellos el “segmento de ocio”?; el recreo, el santo recreo. Y ,agárrense, ¿panel vertical de conocimientos?. Sí señor, la pizarra. Con dos pares. Y se dice que un chico necesita una “adaptación curricular”, cuando lo que necesita es que reconozcamos que debería estar mejor en otro sitio porque no puede o que hay que darle dos collejones porque no quiere. Y así vamos, mareando nuestra vieja y hermosa lengua. Mareándonos. Porque a lo mejor en el fondo, no nos gustamos demasiado.

 
 

León Molina

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