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El Puente. León Molina

 

ESPADAS FLAMÍGERAS

 
 
 
Dios es el fuego en el que arde la inteligencia. En las embajadas de Dinamarca y otros países, en la antigua inquisición, en los campamentos de los cruzados, en el final de las batallas de la guerra santa y en los candiles que a lo largo de la historia han alumbrado a los vigilantes de los dogmas en su celo por  tachar , por silenciar, por quemar en suma cualquier idea que se aparte de la revelación. Dios, todos los dioses, llevan una tea bajo el brazo. Y sus seguidores los invocan y convierten en ceniza todo aquello hacia lo que dirigen su mirada. Algunos se han  sofisticado más porque ya no son mayoría ni ley en sus sociedades y tratan de convertir en cenizas las ideas a través de una combustión pactada, modesta en sus llamaradas y aceptada por mayorías indolentes. Otros, como los islamistas radicales de nuestros días, viven en la Edad Media y no han de disimular su pasión por las llamas ni las palabras incendiarias de sus dioses, profetas, y otras entelequias.  ¿Qué podremos hacer para llevarnos bien con esta plaga de idiotas enfurecidos?. En la prensa se podían apreciar primeros planos de participantes en las algaradas y los incendios. Sus rostros eran realmente estremecedores. Retorcidos, deformados por los gritos y el odio, perdían su  expresión humana para llegar a convertirse en figuras imaginarias propias de El Bosco, y no trabajadores, padres de familia, vecinos, y todas esas cosas que sin duda también serán. Porque cara a cara, tomados de uno en uno, la mayoría de ellos serán personas admisibles en el marco conceptual de lo humano, pero en masa y con sus ideas-soplete bullendo en sus cabezas, se convierten en bestias peligrosas. En su descargo hay que decir que es gente a la que no se le habla habitualmente de sociedad de derecho ni de democracia, porque quien debería de hacerlo; lo poderes públicos, son en realidad poderes privados de gobernantes absolutistas y depredadores de toda la riqueza de sus países. Mucho menos le hablarán entonces de razón y laicismo, pues son estos elementos liberadores que hacen peligrar sus bonitos estados totalitarios donde ellos lo tienen todo y el pueblo nada. Para  que se desahoguen de vez en cuando les muestran las llamas sagradas de Dios  para quemar herejes que será siempre mejor que luchar y quemar por su propia liberación ciudadana e individual. Son mecanismos que conocemos bien. No hace tanto tiempo también aquí nos entreteníamos con fogatas sagradas. Por eso deberíamos recordar el peligro cierto que suponen las espadas flamígeras empuñadas por mentes devotas..
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