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El Puente. León Molina

Melancolía de la discusión

Melancolía de la discusión

Estoy preocupado. Cada vez me resulta más difícil sostener una conversación que no sea de algún modo frustrante. Y me preocupa porque considero que la conversación es una de las actividades más fecundas del ser humano. Por un lado, resulta que la mayor parte de las conversaciones vienen a ser una especie de agregación desordenada de monólogos. En estos monólogos compartidos se suelen enlazar una retahíla de lugares comunes, de opiniones sospechosamente parecidas y las discusiones no suelen pasar de un una guerrilla ruidosa y desordenada por imponer la propia, que no suele ser propia. Viene de lejos, por lo que se ve; en uno de sus deliciosos ensayos, Montaigne dice “Habrían de estar prohibidas y penadas nuestras discusiones como crímenes verbales. ¡Cuánto vicio despiertan y amontonan, regidas y mandadas como están siempre por la cólera!. Nos enemistamos primero con las ideas y luego con los hombres. No aprendemos a discutir sino para contradecir; y al contradecir cada cual y ser contradicho, ocurre que el fruto de la discusión es perder y anular la verdad”. No quiere decir Montaigne que la discusión no deba ser ardorosa, sino que el objetivo de vencer ocupa el lugar del que sería deseable; convencer – y de paso aprender-. “ Si converso con alma fuerte y duro adversario, atácame por los flancos, espoléame por un lado y por otro; sus ideas impulsan a las mías; los celos, la gloria, la emulación, me empujan y me elevan por encima de mí mismo, y es la unanimidad cosa muy tediosa en la conversación”. Para conseguir esto existe en nuestro mundo un gran estorbo; la falsa y garbancera moral de lo políticamente correcto que nos invade. La democracia me debe parecer perfecta, me debo emocionar con los Juegos Paralímpicos, debo creer que el psicoanálisis no es un fracaso, tengo que considerar respetable cualquier opinión idiota... Si a esto unimos que si utilizo en la conversación lo que sé, me dirán que hago trampas; el orden y el rigor es sinónimo de pedantería y de trampa porque cambio de juego y no me dedico a parlotear para vencer sino que quiero convencer y aprender y soy expulsado del juego. De modo que cada vez mido más mis intervenciones “en serio” y quedo melancólicamente deseando ser “ multitud para mí mismo en lugares solitarios” como propuso el poeta Tíbulo hace más de dos mil años. Aunque para una fuerte discusión sin moralina, sin prisioneros y con rigor, siempre me encontrareis dispuesto... Y para echar unas risas, también. www.elpuente.blogia.com

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