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El Puente. León Molina

El mirador

El mirador Parece que el proyecto de crear un mirador en el depósito de La fiesta del Árbol sigue adelante. Cuando esté construido se va a invertir el sentido de la mirada. En La Mancha se llega a todas las poblaciones desde inacabables rectas apuntadas con precisión hacia la torre de las iglesias. Pero Albacete se hizo muy grande y la torre de su modesta Catedral había sido tapada por los edificios. De este modo se sustituyó el referente y   durante décadas toda la extensión de la llanura miraba hacia el depósito. Cambiamos el campanario por la cruz de una nueva devoción, la devoción del agua. Así tendremos la oportunidad de situarnos en el punto que centró durante tanto tiempo nuestras miradas y ver quizás las huellas de nuestros pasos. Esta será la única atalaya existente en la ciudad surgida en mitad de una llanura inconsolable sin más razón que la pura casualidad. Pero ahí está y en ella hemos ido consumiendo la vida. Subiremos al engañoso torreón y descubriremos los lugares que nos vieron desgranar la íntima epopeya de nuestra vida. Sin duda se verá lo que quede del río Palo, donde hicimos las primeras escapadas en bicicleta fuera de la vigilancia de los padres, La Pulgosa que siempre fue un parque cercano a casa y al que aún nadie le había puesto el horrible nombre de parque periurbano,  La Pulgosa de estrenar bici el día de reyes, de las primeras excursiones en pandilla con sabor a aventura y a libertad, La Pulgosa de La Mona, una estupenda tontería que nos libraba una tarde del colegio. La masa verde del parque donde nos entregamos con pasión adolescente a la caza de las muchachas en flor. Chinchilla sacando pecho nos mirará agradecida de los tiempos en que íbamos los chavales a plantar pinos a su escueta sierra. Veremos todas las carreteras que como radios de una gran rueda nos abrieron los caminos del mundo; por ellos fuimos a conocer otros lugares de más enjundia y las páginas de nuestro destino que siempre nos pidió el regreso. Y veremos también una larga cuerda de gentes que nos miran; los habitantes de todos los pueblos de la provincia que el fulgor de esta ciudad está despoblando, y otras personas de todas partes del mundo que vienen a recalar aquí quizás sin saberlo, a lomos de las necesidades. Y a nuestros pies, Villa Casualidad, nuestro pueblo. Quizás algún día, si se sostiene en pie, las gentes podrán ver desde el mirador de La Fiesta del Árbol el ancho espacio lleno de casas, luces, avenidas... Y con suerte, recordarán a alguno de nosotros, los que vivimos aquí cuando Albacete era todavía un pueblo.
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