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El Puente. León Molina

Derecho a morir

Derecho a morir

Creo que todos estamos de acuerdo en que se debe respetar la vida humana y que el principio de no matar, mucho más allá de un precepto religioso, es un deber moral y una convención autoprotectora de los seres humanos. Pero también la mayoría de nosotros e incluso las leyes que ordenan nuestra convivencia, admiten alguna excepción como la legítima defensa. Porque no es lo mismo matar a alguien para robarle que matarle como resultado de la lucha por salvar la propia vida. De modo que la norma general tiene sus excepciones, porque como sucede en la mayoría de lo órdenes y asuntos de nuestra vida, las normas que no son capaces de contemplar situaciones excepcionales acaban por derivar en monstruos que por evitar daños, crean otros mayores. Desde este punto de vista podríamos fijarnos en la eutanasia. Sin duda alguna las situaciones que se asocian a la idea de eutanasia son situaciones excepcionales. Hablamos de personas en situaciones de enfermedad irreversible la cual les produce grandes sufrimientos  y /o una situación de indignidad que no desean soportar. Nadie puede negar la excepcionalidad de la situación, por lo cual lo justo sería cumplir los deseos de morir de esa persona por su excepcional situación y que las leyes contemplaran esa posibilidad para permitir la ayuda necesaria para ello. Es un caso similar al de un enfermo terminal que no puede decidir, pero cuyos sufrimientos son del todo inútiles. Debemos decir por ellos, por la misma razón y con mucho más sentido que lo hacemos sin titubear con un animal que sufre agonía. Todo esto, razonable a los ojos de todo el mundo. De modo que sólo se encuentra oposición a ello desde la no razón de lo sagrado. Sólo que, evidentemente, lo sagrado lo es única y exclusivamente para aquellos que desde una visión religiosa así lo entienden. Para otros muchos de nosotros, esto no es así. La solución es tremendamente sencilla; el que considere la vida sagrada y niegue cualquier excepción a la regla, que se deje matar por cualquiera que quiera matarlo a él o a un hijo suyo, o que se doble de dolor en una agonía de meses, o que permita que su padre sea un vegetal inhumano en un cama. Y el resto de nosotros, por el contrario, seremos compasivos y pondremos fin al sufrimiento innecesario. Pero los iluminados no son racionales ni justos y quieren que todos sigamos sus extraños preceptos sin fundamento.  Pero conseguimos una ley del divorcio, conseguimos una ley del aborto y conseguiremos una ley de la eutanasia, a pesar de los gobiernos hipócritas y cobardes.

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