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El Puente. León Molina

Castro, el viejo jugador

Castro, el viejo jugador

Desde aquí hago un vaticinio que espero de todo corazón que no se cumpla: las relaciones entre Cuba y EEUU no se normalizarán mientras viva Fidel Castro. En estos momentos Fidel debe estar completamente feliz porque han puesto delante de él un tablero de ajedrez político y él es un auténtico maestro en este juego. Cuando EEUU habló por primera vez de apertura hacia Cuba, Armando Hart –uno de los fundadores del Movimiento 26 de Julio-  saltó a la palestra dentro de la ortodoxia afirmando que Cuba sufriría un gran golpe cultural y que la Revolución debería prepararse para ello. Fidel lo mandó a callar rápidamente y en su lugar puso a Raúl a lanzar buenas palabras y mensajes de apertura al diálogo. Fidel es una persona muy inteligente y sabe que una posición de oposición frontal a la propuesta norteamericana sería muy mal vista a nivel internacional. De modo que hace que el régimen se ponga la piel de cordero y bale dulcemente junto al movimiento de los yankees. Pero Fidel es un lobo y prepara pacientemente su estrategia. En algún momento moverá ficha, algo se sacará de la manga para romper la relación después de haber permitido que comience para convencer a todos de que ha sido muy a pesar del régimen cubano que quería paz y entendimiento pero no le han dejado. Como además no tiene escrúpulos, puede ser cualquier cosa. Se inventará un percance o escaramuza armada, hará pasar a cualquiera por espía al servicio de EEUU, alguien puede desaparecer en extrañas circunstancias, cualquier cosa. No sería la primera vez, en intentos anteriores ha derribado aviones, ha vaciado manicomios y cárceles rumbo a EEUU, ha convertido las estancias de los negociadores en nidos de espías, ha sacado presos comunes de la cárcel, les ha hecho unas fotos y los ha vuelto a meter en celdas de castigo. Es muy imaginativo y con algo nos sorprenderá. Además tiene prisa para su último golpe porque le queda poco tiempo. Su propia muerte será el único suceso contra el que no podrá hacer nada,  ni matando a más gente, ni hundiendo a un pueblo entero en el hambre y la falta de libertad, ni engañando a millones de ilusos. Esa es la única carta buena que tiene el mundo frente al viejo jugador Fidel Castro.

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