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El Puente. León Molina

El conde

El conde

El Conde de Villamediana fue un poeta de enorme calidad e inspiración que, como les sucedió a otros, tuvieron la quizás mala suerte de ser contemporáneos de una lista que incluye nombres como Cervantes, Quevedo, Góngora, Calderón, Fray  Luis, Lope de Vega… La vida del conde es en sí misma una novela de aventuras. Es uno de esos personajes que si cayera a nuestro lado probablemente acabaríamos no pudiendo soportar, pero que así en la distancia, en nuestra época y vida tan rasa, plana y sedentaria, nos produce esa atracción típica de los que viven con ingenio y valor al borde siempre del peligro. El conde era jugador, pendenciero, mujeriego, atrevido, ocurrente y poseedor de un enorme bagaje cultural. De modo que lo mismo podía tener una profunda conversación sobre los clásicos, que estar saltando una tapia para adentrarse en la alcoba de una mujer casada, que perder una fortuna en el juego, o batirse con cualquier desgraciado por un quítame allá esas pajas. Y a veces todo ello en el mismo día. Fue desterrado en dos ocasiones, hizo fortuna y la dilapidó, se jugó la vida seduciendo a la querida de Felipe IV y tirándole los tejos a la reina, vestía de un modo estrambótico y escribió coplillas lacerantes contra todos lo poderosos. Se cree que la expresión “picar muy alto” se debe a lo dicho por el  rey cuando alguien habló de lo bien que picaba los toros y éste con doble sentido dijo “pica bien, pero pica muy alto”.  Se cuenta que en unos toros en la Plaza Mayor, con asistencia de los reyes, se presentó con una capa llena de monedas de real cosidas y cuando le preguntaban por ello decía con el evidente doble sentido “son reales mis amores”. En una ocasión prendió fuego al escenario en que actuaba la reina en un cumpleaños del rey para lanzarse a rescatarla y tomarla en sus brazos. En fin, un pinta total de esos que nos son por definición simpáticos. Y que encima escribía cosas como ésta. “ El que fuere dichoso será amado/ y yo en amor no quiero ser dichoso,/ teniendo mi desvelo generoso/a dicha ser por vos tan desdichado./  Sólo es servir, servir sin ser premiado; /cerca está de grosero el venturoso;/ seguir el bien a todos es forzoso,/ yo sólo sigo el bien sin ser forzado./  No he menester ventura para amaros;/ amo de vos lo que de vos entiendo,/no lo que espero, porque nada espero;/ llévame el conoceros a adoraros;/ servir más, por servir, sólo pretendo;/ de vos no quiero más que lo que os quiero. “.  Murió, supongo que ya lo han adivinado, asesinado.

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