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El Puente. León Molina

¡Más madera!

¡Más madera!

Cuando las vacaciones han terminado, uno  se ha vestido de nuevo de persona, ha recogido los trastos y se encamina tranquilo y algo descansado hacia su casa y sus rutinas, si resulta que uno es de Albacete, pues sucede que en ese momento alguien lo tira a uno otra vez vestido a la piscina, piscina que se llama Feria de Albacete. Pero es además una piscina extraña, con fuerte oleaje, con más bañistas de los caben y hasta embarcaciones que te pasan por encima de la cabeza, marcha y desfase brutal. Y es que llegamos a un lugar donde echar una cañita tranquilamente con los amigos es más difícil y por lo que se ve más ansiado por muchos que conseguir pinchar tu sombrilla en Benidorm sin destripar a nadie. La frase de “es la Feria” suena como aquella “es la guerra” de Groucho Marx y con ese espíritu nos lanzamos a arrancar la madera que queda en nuestro ánimo y nuestros bolsillos para que el tren de la feria bufe y pite victorioso un año más por sus tricentenarias vías, y los malos que se tiren al agua al pasar por el puente porque la Feria es el tren de los buenos que viaja victorioso a su anual destino. Y es que yo creo que todos estaríamos de acuerdo en afirmar, o hemos afirmado muchas veces, sin acritud y con cierto cariño que la Feria de Albacete es una burrería. Puede que uno de los mayores encantos de la Feria para los aficionados sea su desmesura. Un paisano respondía a la pregunta de un foráneo acerca de lo que hacíamos en la Feria diciendo “de tó, de tó, de tó”, improvisada definición de nuestra fiesta que tengo para mí como más atinada que otras con mucho ringo rango que he escuchado. Hoy comienza la Feria y disfruto recordando  aquellas en que sostenía a mis chiquillos en hombros para que vieran el desfile (hoy ya no va a ser posible porque las criaturas tienen barba y miden 1.80) y aquellas otras anteriores en que juntaba días y noches persiguiendo el último cubata, la última tontuna de la que reirnos, la última chica (tampoco va a ser posible porque ya conocí los límites de mi hígado y a mi última chica de verdad, la que me anilló como a un palomo). Nos tendremos que montar entonces cada uno una feria a nuestra medida. Pero que no se detenga el tren.  ¡Es la Feria, más madera!.

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