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El Puente. León Molina

Indignación y carretera

Indignación y carretera

Nuestro país y el mundo necesita de la indignación de los ciudadanos. Nuestro país porque el sometimiento perruno de nuestra clase política a los dictados de los poderes económicos y financieros está atacando profundamente el bienestar y las libertades que han costado mucho esfuerzo conseguir. Y al mundo también le hace falta porque la rapiña que lo gobierna ahonda las desigualdades planetarias de manera feroz y consigue incluso que el ciudadano del mundo rico ni se acuerde de que eso es así. Quisiera dejar muy claro que cuando hablo de indignación no quiero decir de ningún modo violencia. Al contrario, la indignación que se muestra pacíficamente a través de manifestaciones, desobediencia, asociacionismo, etc,  puede precisamente evitar la aparición de la violencia que fácilmente puede asomar cuando la injusticia ha infligido un daño excesivo o irreparable. Esperemos que pueda ser esperanzador el hecho de que el actual best seller en Francia sea el libro de Stéphane Hessel  “Indgnaos”  en el que apela especialmente a la juventud a indignarse por un mundo “gobernado por poderes financieros que lo acaparan todo”. Es una idea relacionada directamente con el concepto de “dictadura de la indiferencia” de Josep Ramoneda que he citado algunas veces en estos artículos. Existe un ejemplo muy reciente que a pequeña escala muestra que la indignación es la base para conseguir reparar injusticias: En Albacete existe una carretera –la del Puente de Híjar- que estaba destrozada y en la que habían sucedido diversos accidentes con muerte. Una plataforma ciudadana de vecinos indignados protestó, se manifestó y amenazó con estar presente en todos los actos políticos de las próximas elecciones y , voilá, el señor presidente regional resuelve lo irresoluble en plisplás ante de que le toquen las narices en los mítines. Sin indignación y habiendo permanecidos callados, la carretera seguiría igual. Igual que con la carretera lo mismo podría hacerse con cuestiones de más alcance. No ser indiferentes, indignarnos y decirlo machaconamente, ese es el camino.

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