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El Puente. León Molina

Teddy

Teddy

Aun recuerdo la profunda conmoción que me produjo escuchar el disco Ciclos, de Los Canarios, con Teddy Bautista al frente. Ese disco en el que hacían una versión rockera  (lo que entonces se llamaba rock progresivo) de Las Cuatro Estaciones de Vivaldi. Fue una enorme pirueta creativa del grupo cuando Teddy regresó de la mili a principios de los 70, mi década de chaval cuando empezaba a escuchar música como quien descubre secretos arcanos y conocimientos que si no iban a cambiar el mundo, por lo menos nos hacían pensar a algunos que estábamos descubriendo nuevos mundos posibles lejos de aquel feote que entonces imperaba en el arte y en muchas otras manifestaciones de la sociedad de entonces. Los Canarios, como digo, ya habían triunfado con uno de los mejores temas de rock que se hayan compuesto en este país, Get on your knees, de aire soul. En definitiva, que durante mucho tiempo Teddy Bautista fue para mí un héroe artístico que ocupaba un lugar importante en mi descubrimiento estético del mundo. Continuó la vida y hubieron años para mí de silencio acerca de Teddy Bautista porque comencé a caminar por otras sendas musicales y porque descubrí la poesía que me embargó y ocupó buena parte de mi tiempo hasta hoy. Y de pronto, hace ya años de esto, me empiezo a encontrar de nuevo a Teddy Bautista hasta en la sopa como mandamás absoluto de la SGAE. Esa fue otra gran pirueta por la que Teddy se reinventó según narró el otro día en un periódico el sabio Diego Manrique. Teddy se había granjeado la antipatía de muchos ciudadanos que no entendían el ansia voraz – y hasta a veces algo demente- de recaudación de la SGAE ni que esta funcionara casi como un organismo público. También se granjeó la antipatía de muchos artistas. Y yo, sinceramente, estaba hasta el gorro de verlo. Hasta tal punto que para mí aquel Teddy músico y este Teddy ejecutivo eran como dos personas distintas. Quizá lo sean. ¿Qué diría aquel Teddy de este que camina detenido entre guardias civiles con cara ausente?. En la foto se le veía muy viejo. Todos estamos rematadamente viejos. Y cansados. Y hartos. Con un montón de discos en la estantería que ya ni suenan.

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