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El Puente. León Molina

Vivir

Vivir

Hace unos días me encontré con un viejo conocido. Es uno de esos centenares de miles de personas a los que la crisis ha tratado muy mal, uno de esos rostros que ocultan las estadísticas. Su empresa quebró. Sobreponiéndose y con lo poco que pudo salvar del naufragio montó otra pequeña empresa que también quebró. Después, según me contaron,  su cuerpo y su cabeza no pudieron soportar la presión y su salud se fue al garete. Al verlo por sorpresa frente a mí, me sobrecogí un poco suponiendo que asistiría al doloroso espectáculo de la ruina y la tristeza. Sin embargo lo que recibí fue una amplia sonrisa y un enérgico apretón de manos. En realidad parecía estar bien de ánimos, alegre como siempre lo conocí. Como siempre también, repetimos el rito de sentarnos a fumar deleitosamente un purito de la marca rara que ambos usamos. Después de algunos chascarrillos y tonterías, me preguntó poniéndose serio que cómo estaba, y que si las cosas me iban bien. Al contestarle que todo más o menos bien, puso una cara de sincera alegría y me dijo “tú y yo hemos vivido una vida intensa y ajetreada y pasamos ya de los cincuenta, la muerte está más cerca, las posibilidades de la enfermedad también y, en cualquier caso, la vejez se acerca, de modo que estar ahora aquí fumando nuestros puritos con este vaso de vino es algo sencillamente estupendo, estar vivo es la hostia, tú…”. Charlamos un rato más y tras nuestra despedida pensaba en la sorpresa de encontrarlo tan bien de ánimos cuando yo esperaba justo lo contrario. Y sobre todo recordaba su cara y su voz entre las volutas de humo mientras decía “estar vivo es la hostia, tú”.  Y es que probablemente todo es así de sencillo frente al entramado de complejidades ilusorias que levantamos a nuestro alrededor. Yo no sé si mi viejo conocido en el fondo siempre fue así o esas ideas se las ha pasado su terapeuta, pero en cualquier caso, me parece que hoy en día es un hombre sabio. Él sabe que hasta que lleguemos a ser –según el verso de Góngora- tierra, humo, polvo, sombra, nada, estamos vivos y que estar vivo “es la hostia, tú”. Pues eso. 

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