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El Puente. León Molina

Sevilla-Albacete

Sevilla-Albacete

Escribo estas líneas desde la bella ciudad de Sevilla. Sevilla es una gran ciudad y como todas ellas en la mayor parte de su espacio es una ciudad de grandes barriadas dormitorio, con espacios de todo tipo en todas las escalas de lo bonito a lo feo, o de lo miserable a lo esplendoroso. También tiene esta ciudad, como todas, grandes zonas comerciales que a todas las iguala. Pero también tiene una parte histórica propia, única, de una indudable belleza. Raimundo Amador lo dijo muy bien en una de esas canciones golfas que hacía en otro tiempo: “Sevilla tiene dos partes, dos partes bien diferentes, una la de los turistas y otra donde vive la gente”. Y en Sevilla, por su singularidad y especial sabor, habita entre parte  de sus gentes el “sevillanismo”, una especie de nacionalismo no político, sino de simple afirmación exagerada de lo que estos partisanos entienden como las esencia de la sevillanidad.  Como toda forma de nacionalismo es un pensamiento retrógrado, carca y muy cansino. Y en Sevilla se adereza además con todo ese folclore denso y mareante de la iconografía católica más rancia. Para ellos Sevilla es sin lugar a dudas el lugar más bonito  y “grassssiossssso” del mundo. Sin duda se identifican en la canción de Los del Rio, “Sevilla tiene un color especial”. Por eso no quieren que cambie nada, se ponen enfermos si una nueva fachada no lleva color albero por algún lado, si cambian un ladrillo de una plaza antigua. Y sienten como una mayúscula traición o ceguera si alguien expresa la más mínima crítica sobre cualquier aspecto de la ciudad y su engolado costumbrismo. Nuestro Albacete es algo bien distinto como todos ustedes saben. Albacete no tiene un sabor especial, Albacete es una ciudad nueva construida sobre la nada de un pasado humilde que no dejó ni un rastro.  Y salgo algún pirado, no existe ningún tipo de “albaceteñismo” militante. ¡Qué suerte tenemos!.  Una ciudad medianeja, casi anónima, sin nada que enseñar a nuestros invitados foráneos. Albacete es una ciudad amable que nos deja en paz. No como esta maravillosa Sevilla, que pesa más que un matrimonio mal llevado. La ciudad aplastante de belleza y la ciudad etérea, ligera, casi inexistente. Albacete, amor mío, no sé ni la cara que tienes, pero mañana vuelvo de nuevo a tu encuentro. 

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