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El Puente. León Molina

Gamberros

Gamberros

Un comportamiento que a muchos de nosotros nos incomoda en gran manera es el gamberrismo. El gamberro es aquella persona que hace trastadas convencido de que tiene mucha gracia lo que hace, pero que en realidad sólo hace se hace gracia a sí mismo o a lo sumo a un grupo de débiles mentales como él. Algo que siempre lleva aparejado el gamberrismo es que hace daño a personas o a cosas en mayor o menor medida. De modo que las hazañas del gamberro se mueven desde la simple aunque inexcusable molestia a otros o a sus propiedades hasta los comportamientos vejatorios e inmorales y hasta distintos tipos de delito. El gamberro es fundamentalmente alguien que molesta y hace daño con el agravante de que sus acciones no benefician a nadie. Todo lo cual me lleva a pensar que en el ámbito en el que hemos tenido una excelente cosecha de gamberros en los últimos tiempos es en el de la política. El gamberrismo político se ha extendido entre nuestros representantes de un modo epidémico.  Esto es realmente un incordio y una fatalidad que nos está haciendo mucho daño y que tiene a los ciudadanos en un “ay”. Porque estos gamberros tienen una cosa que se llama poder con lo cual el daño de sus “ocurrencias” puede ser y de hecho es mucho más grave. Mi mujer suele decir “dale un pito a un tonto y te vas a hartar de pitidos”. Pues eso. Los políticos (vale, no todos, pero un buen puñado de ellos) no paran de insultar, mentir, hacer trampas, y hasta ahí, con ser grave y molesto tiene un pase, pero además sus gracietas pueden ser hacer un teatro absurdo que cuesta dos millonadas (la presupuestada y la desviada del presupuesto), o hacer  unos cuantos aeropuertos vacíos, o desproteger a los ciudadanos que dan su dinero para que ellos lo administren,  o irse de gira a besar dictadores con nuestro dinero, o descabezar la economía para engordar vacas que acaban por reventarnos en las narices. Y a partir de ahí no falta tampoco toda una larga colección de tipos delictivos; “como soy más chulo que nadie voy a pagarle a este cuatro millones por una maqueta”,  o “vamos a echarnos unas birras y unas rayitas con la pasta del ERE”, o “voy a trincarme a este que ha sedado a un moribundo”, o “voy a regalarle un hospital a este, que es de buena familia”, o hasta “vamos a meter un recorte que se va a quedar bizca la alemana”.  En fin, unos gamberretes  a los que se les está yendo la mano siete pueblos con sus hazañas, que maldita la gracia que tienen y que nos están haciendo la vida un asquito.  Y nadie le manda los antidisturbios… 

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