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El Puente. León Molina

Caricias de serpiente

Caricias de serpiente

Siempre he sido un espíritu rebelde, y en los momentos actuales en este país lógicamente mucho más. Eso me conduce a un permanente estado de excitación, de lucha en el análisis de la información, a hablar y discutir tratando de desmontar todo el discurso plagado de trucos y engaños de los poderosos que rigen nuestros destinos, y que están destrozando lo salvable que teníamos en nuestra sociedad y en nuestra civilización. Pero mantenerse en ese estado durante mucho tiempo resulta agotador y no especialmente agradable, por lo que de vez en cuando se cae en la melancolía. El mecanismo de defensa subsecuente es el refugio en aquellas cosas que nos producen tranquilidad, bienestar, placer. Máxime cuando además de rebeldes, somos personas amantes de la paz, de la tranquilidad y la armonía. Hemos de vivir porque cada día que pasa no vuelve y porque el día que no has disfrutado de la vida, es un día en el que has sido un perfecto imbécil, y comprobar esto molesta, la verdad. Pero entonces viene el movimiento mental siguiente, cuando te das cuenta de que de esas melancolías y pasajes de olvido son de las que se nutren esos que te están fastidiando y esto pues también molesta.  Pero es de tal magnitud el despropósito de estos tiempos y es de tal tamaño el abuso y destrucción de las fuerzas desintegradoras de la avaricia que dominan el gobierno de nuestro mundo que hay docenas de motivos cada día para el enfado y el acicate de la rebeldía.  ¿Qué hacer entonces con ese círculo vicioso descrito? Algunos tenderán a mirar a otra parte por considerar que no se puede tirar por la borda la alegría de vivir. Otros pensarán que hay que tirarse al monte algún día, lo que quiera que eso signifique. Otros tomarán partido y se quedarán a la espera de que otros hagan algo. Otros considerarán que en medio de una ciudadanía que agacha la cabeza mientras le van dando sopapos, no merece la pena molestarse en nada y lo que hay que hacer es refugiarse en la historia personal de cada uno. Y los hay también (y son muchos ¡ay!) que no ven motivos para la rebeldía porque todo lo que pasa es inevitable y justo fruto de nuestros pecados. Con todo este potaje de melancolías, tristezas y conformidades se refuerza el poder que nos está gobernando. Recuerdo a Baudelaire “Y te daré alma mía,/ besos más fríos que la luna fría;/caricias de serpiente / que se arrastra en un mármol / torpemente […]/ Otros por la ternura, / reinan en tu hermosura, / yo, solapado y quedo / reinaré por el miedo.” 

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