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El Puente. León Molina

 
LA PATENA
Emiliano García Paje, vicepresidente del gobierno regional: “ El Estatut va a quedar limpio como una patena, y eso, habida cuenta de las excelentes relaciones de este gobierno con la Iglesia, ya pueden comprender ustedes lo que esto significa”. Lo escucho y no doy crédito. Digno discípulo del profesor Bono, desde luego, que hace poco echaba a pelear a la Virgen de Cortes con la Moreneta, presumiendo de su tronío y apostando por ella en su línea de nacionalismo español casposo. ¿Pero de qué van estos tíos?. Bono hace gala de sus amoríos con los obispos y sus epígonos le siguen hasta el ridículo. Él implantó su estilo con mano de hierro en la clase política de la región y ha creado una escuela monocorde y vergonzante.  Una patena, según el diccionario es un “platillo de oro o plata o de otro metal, dorado, en el cual se pone la hostia en la misa, desde acabado el paternóster hasta el momento de consumir”. Por tanto de sus palabras se colige que esa limpieza del Estatut a la que se refiere se conseguirá por una especie de compromiso sagrado, que, hemos de suponer, es de una fuerza bestial, mayor que la de la razón, por poner sólo un ejemplo. Y además el juramento adquiere su valor porque se menciona la patena, sobre la que nadie bromearíamos y ante cuyo sólo nombre nos sobrecogemos. Y por si fuera poco, todo este poder se sella con las excelentes relaciones con los dueños del invento. Increíble. ¡Tiembla Estatut, que vamos a por ti con los ejércitos de Roma, con Santiago Apóstol y los Siete Jinetes del Apocalipsis tras el mismísimo Cristo Rey!. El Estatut me trae sin cuidado y no me importaría vivir en un estado federal o incluso que los catalanes política y pacíficamente decidieran independizarse. Me preocupa mucho más escuchar en boca de los que me gobiernan esos insultos a la inteligencia, el buen gusto y la modernidad en su sentido social y político. Contra esas palabras, éstas, pronunciadas por Giovanni Sartori al recibir el premio Príncipe de Asturias: “Así pues, ¿voluntad del pueblo o voluntad de Dios? Mientras prevalece la voluntad de Dios, la democracia no penetra, ni en términos de exportación (territorial) ni en términos de interiorización (donde quiera que el creyente se encuentre). Y el dilema entre voluntad del pueblo y voluntad de Dios es, y seguirá siendo...el tema de nuestro tiempo”. Al escuchar las palabras del vicepresidente se me ocurre buscar otra palabra en el diccionario y la define así: “Titiritero que hace de gracioso, con traje, ademanes y gestos ridículos”..

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